La economía ilegal y su repercusión en el Perú

El terrorismo actual en el Perú es una amenaza inteligente contra la seguridad interna que pone en riesgo su estabilidad y desarrollo. Esta lacra, de carácter transnacional, que ha evolucionado con el tiempo, se inició como una amenaza de base doctrinaria principalmente política, que buscaba cambiar el sistema de gobierno. Sin embargo, en el presente, su base doctrinaria ha sido remplazada por intereses en una economía ilegal, para lo cual ha establecido una alianza estratégica con el narcotráfico, adquiriendo en forma conjunta capacidades políticas, económicas, sociales y militares. Su principal método de acción es el de convertirse en una opción de vida para los pobladores más pobres del país.
WRITER-ID | 17 agosto 2012

El terrorismo actual en el Perú es una amenaza inteligente contra la seguridad interna que pone en riesgo su estabilidad y desarrollo. Esta lacra, de carácter transnacional, que ha evolucionado con el tiempo, se inició como una amenaza de base doctrinaria principalmente política, que buscaba cambiar el sistema de gobierno. Sin embargo, en el presente, su base doctrinaria ha sido remplazada por intereses en una economía ilegal, para lo cual ha establecido una alianza estratégica con el narcotráfico, adquiriendo en forma conjunta capacidades políticas, económicas, sociales y militares. Su principal método de acción es el de convertirse en una opción de vida para los pobladores más pobres del país.

Existe una simbiosis terrorismo-narcotráfico-pobreza que busca promover una economía ilegal basada principalmente en la producción de clorhidrato de cocaína, sin dejar de lado la tala ilegal de árboles, la minería informal y el contrabando.

El peligro de esta economía ilegal radica en que, para la mayor parte de la población pobre ha demostrado mayor efectividad para solucionarle sus problemas; sin embargo, está pasando por desapercibido el hecho de estar generando mayores índices de corrupción en la sociedad peruana. Asimismo, para cubrir sus métodos de acción está promoviendo el aumento de las contradicciones sociales y lo más peligroso: va consolidando la conformación de una economía mixta, basada en recursos legales e ilegales, producto principalmente del narcotráfico mediante el lavado de dinero. Es en este contexto que las estrategias establecidas para sustituir los cultivos de la hoja de coca con cultivos alternativos no tienen pronóstico fructífero alguno.

En el Perú todavía se viene discutiendo quién es el enemigo al que se debe enfrentar: ¿al narcotráfico, al terrorismo o a los dos juntos? Para ello se ha establecido una estrategia integral abarcando los campos político, económico, social y militar, se ha creado un ente especial que realice coordinaciones y acciones entre todos los ministerios. Su finalidad es recuperar la paz e instaurar el desarrollo sostenido en el Huallaga y en el VRAE, este último ampliado a VRAEM (Valles de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro).

Según mi punto de vista, el enemigo a combatir en el Perú es la economía ilegal, producto del narcotráfico y sus aliados, y la estrategia a establecerse no pasa por haber sido concebida en forma integral, sino en reconocer que estamos enfrentando amenazas que no solamente tienen una capacidad política, económica, social y militar, también tienen una capacidad transnacional que supera las acciones que el Estado peruano con toda la mejor intención pueda establecer.

Además, se debe tener en consideración que existen diferentes realidades que deben ser enfrentadas con una sola estrategia (nacional e internacional), en vista de que existen países productores de clorhidrato de cocaína (prioridad social), países comercializadores (prioridad social-económica) y países consumidores (prioridad económica).

Por lo anteriormente expresado, claramente podemos darnos cuenta que la evolución conceptual y motivaciones del terrorismo y narcotráfico en el Perú y a nivel mundial han evolucionado y se han convertido en amenazas inteligentes que aprenden de nuestros aciertos y errores y rápidamente evolucionan para su autoprotección. Esta realidad exige cambiar nuestra percepción de que se trata de amenazas de índole policial, debemos aprender a enfrentarlas con marcos jurídicos especiales, en forma multiagencial y, sobre todo, cambiar ese paradigma de que podemos controlarlas fácilmente. Estas amenazas ya iniciaron el control de la economía legal, se han sociabilizado, tienen control político y una capacidad militar que debe llevarnos a tomar conciencia del peligro que representan para nuestro país, región y hemisferio.

Es necesario reflexionar sobre ello y ponernos a trabajar para derrotar con ingenio, creatividad e innovación a fin de que estas amenazas no repercutan negativamente en el desarrollo sostenido que exhibe el Perú.

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