Mientras varios países de Latinoamérica debaten planes para desarrollar su propia inteligencia artificial (IA) nacional, China aprovecha la oportunidad para reforzar su influencia a través de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI) y, en particular, la Ruta de la Seda Digital, su proyecto tecnológico global que apuesta por las redes 5G, las infraestructuras digitales, la vigilancia y las plataformas de IA.
En los últimos meses, Pekín ha firmado varios memorandos de entendimiento con países como Colombia y Brasil para promover la cooperación en materia de IA a través de sus empresas estatales o respaldadas por su Gobierno.
Con un modelo que combina el código abierto y el apoyo estatal masivo a centros de datos, centros de investigación y formación de talentos, las empresas chinas de IA como DeepSeek se están expandiendo rápidamente en la región. Para los países latinoamericanos, el riesgo es que estas soluciones de bajo coste se conviertan en instrumentos de influencia económica y política, condicionando las decisiones estratégicas y la soberanía digital.
Entre las últimas en entrar en el mercado latinoamericano se encuentra la Beijing Zhipu Huazhang Technology Co., Zhipu AI (Z.ai), respaldada por una financiación gubernamental estimada en USD 1400 millones. La empresa ha firmado recientemente un memorando de entendimiento con la asociación de empresas brasileñas con inversiones en China (BRACHAM), con el objetivo de promover la cooperación en el campo de IA.
“Los riesgos de empresas como Zhipu se derivan en gran medida de sus estrechos vínculos con el Estado. Según la legislación china, cualquier empresa puede verse obligada a compartir datos con los servicios de inteligencia, lo que significa que, si sus sistemas se utilizan en el extranjero, no se puede descartar el acceso del Gobierno”, explica a Diálogo Eugenio Benincasa, investigador sénior en ciberdefensa del Centro de Estudios de Seguridad de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich, en Suiza.
Zhipu AI opera en sinergia con la empresa china de telecomunicaciones Huawei. Las infraestructuras digitales que ofrece van acompañadas del hardware AI-in-a-box de Huawei, un kit tecnológico listo para hacer funcionar la IA, desde el servidor hasta el software.
El riesgo de la censura estatal
Las empresas chinas de IA como Zhipu AI no solo venden tecnología, sino también gobernanza, es decir, las reglas para hacerla funcionar, desde la moderación de contenidos hasta la gestión de datos. El riesgo de censura es muy alto, especialmente en Latinoamérica, donde aún no existen leyes que regulen la IA.
“Los modelos de estas empresas chinas muestran claros prejuicios. Los tests han demostrado que, por ejemplo, DeepSeek está programado para censurar o distorsionar las respuestas sobre temas políticamente sensibles”, afirma Benincasa.
Un informe reciente de NewsGuard, la empresa con sede en Nueva York que supervisa la fiabilidad de los sitios web de noticias, advierte sobre los riesgos de los chatbots chinos, es decir, programas de IA diseñados para simular conversaciones con personas. Según los análisis académicos y de seguridad, la IA desarrollada en China no es neutral, sino una herramienta al servicio de la propaganda del Partido Comunista Chino (PCCh). De hecho, los modelos repiten constantemente narrativas favorables a Pekín, como la soberanía sobre Taiwán o el Mar de China Meridional, presentándolas como verdades mediante algoritmos que a menudo eluden las preguntas directas.
Incluso documentos internos de la empresa de análisis china GoLaxy, obtenidos por investigadores de la Universidad de Vanderbilt, con sede en Tennessee, han revelado el uso de la IA china con fines propagandísticos. En el centro de las operaciones se encuentra el llamado Sistema de Propaganda Inteligente, o GoPro, una IA capaz de generar contenidos personalizados y adaptativos y de crear conversaciones que se perciben como auténticas, eludiendo así los controles de las plataformas.
Dependencia economía y control de datos
El pasado mes de julio, China anunció la creación de un laboratorio conjunto entre el Instituto Nacional del Semiárido brasileño y la Universidad Agrícola de China, con el fin de modernizar la agricultura en las regiones semiáridas del noreste de Brasil. El proyecto prevé la integración de sistemas de IA con maquinaria agrícola china para monitorizar el suelo y llevar a cabo evaluaciones medioambientales.
El sector de la minería también está experimentando una expansión de los proyectos de IA por parte de empresas chinas. El mismo mes, Huawei firmó un memorándum de entendimiento con Codelco, la empresa minera estatal chilena, para colaborar en el uso de la IA en la automatización de procesos mineros.
En Perú se ha inaugurado recientemente un Centro Remoto Integrado de Operaciones (IROC) para la mina de cobre Las Bambas, en la región de Apurímac, en el sur del país, controlada principalmente por las empresas chinas MMG Limited y Guoxin International Investment.
Gracias a la IA, el centro, situado en Lima, a más de 800 kilómetros de la mina, permite aumentar la eficiencia operativa de la mina y el rendimiento en la recuperación del cobre.
“Este tipo de dinámicas confiere a las empresas chinas un acceso privilegiado a flujos de datos críticos y crea dependencias difíciles de romper», afirma Benincasa. Para el experto, «si una red eléctrica nacional o un sistema logístico portuario funciona con la infraestructura de inteligencia artificial de Huawei, por ejemplo, Pekín no solo adquiere poder de influencia sobre esas operaciones, sino que también puede determinar las normas y prácticas de gobernanza incorporadas en ellas».
Según un informe reciente del Centro para una Nueva Seguridad Americana (CNAS), con sede en Washington, la tecnología IA china respaldada por el Estado también representa un riesgo para la ciberseguridad. De hecho, el Gobierno chino está invirtiendo fuertemente en la integración de la IA y el aprendizaje automático en su arsenal cibernético, en su habitual estrategia de doble uso militar y civil. Según los expertos, podrían aumentar los ciberataques y las operaciones de espionaje contra los Gobiernos de Latinoamérica.
Por ello, según Benincasa, desde un punto de vista estratégico, es esencial que los países de la región inviertan en ecosistemas nacionales de IA, también con la ayuda de los países occidentales. “El objetivo es tener alternativas creíbles y que nadie se vea obligado a depender de la tecnología de un único proveedor”, concluye el experto.


