Un acuerdo reciente entre el Ministerio de Minas y Energía de Brasil y la empresa estatal China General Nuclear Power Group (CGN), ha suscitado una gran preocupación por la creciente influencia geopolítica de China y su posible impacto en la autonomía estratégica de Brasil. La carta de intenciones, firmada durante la cumbre del BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) celebrada en Brasil en julio, se centra en la cooperación energética, pero los críticos advierten de las implicaciones más amplias que tiene el estrechamiento de los lazos con Pekín.
CGN, la tercera empresa de energía nuclear más grande del mundo, ya tiene una presencia significativa en Brasil a través de sus proyectos de energía renovable. Sin embargo, algunos consideran que esta nueva alianza, que incluye la cooperación en el uso pacífico de los recursos minerales nucleares, en particular las reservas de uranio de Brasil, forma parte de una estrategia más amplia de China para extender su influencia a un sector altamente sensible.
“Las instituciones que participan en el acuerdo ya indican el alcance”, afirma el abogado, periodista y consultor estratégico medioambiental Antônio Fernando Pinheiro Pedro. “Así, el universo aparentemente pacífico de la cooperación constituye una ‘tapadera’ para la transferencia de tecnología, que oculta la extracción de uranio y su envío a China, lo que, obviamente, no se limitará al uso de materias primas con fines civiles”.
Influencia geopolítica y ventaja estratégica
Algunos analistas consideran que esta asociación es un componente clave de la estrategia de China para ampliar su influencia en Brasil y en todo el Sur Global. Al ofrecer capital y tecnología, China puede obtener una ventaja estratégica sobre sus socios, lo que podría influir en las políticas exteriores y energéticas de Brasil. Esto plantea interrogantes sobre la política exterior de Brasil y sobre si la profundización de los lazos con China podría conducir a una dependencia que socave su autonomía estratégica y ponga en riesgo sus relaciones con otros aliados tradicionales.
Según la politóloga Lohanna Reis, los avances de China en el sector nuclear desafían el liderazgo tecnológico tradicional de las potencias establecidas. “Al liderar la innovación nuclear, China puede crear nuevas dependencias tecnológicas, en las que los países en desarrollo que adoptan las tecnologías nucleares chinas se alinean más con los intereses de Pekín”. Esta dinámica podría dar a China una ventaja estratégica en las negociaciones comerciales y los acuerdos diplomáticos, redefiniendo potencialmente las normas mundiales de seguridad nuclear y no proliferación, en beneficio de sus intereses nacionales.
Seguridad, protección y vulnerabilidades de la cadena de suministro
Una de las principales preocupaciones es que el aumento del número de centrales nucleares construidas por China podría elevar el riesgo de que materiales de grado nuclear caigan en manos equivocadas, especialmente en regiones con inestabilidad política o actividad terrorista.
Esta asociación también conlleva el riesgo de dependencia tecnológica. Si China domina toda la cadena de suministro de energía nuclear y renovable, Brasil podría perder su capacidad de innovar de forma independiente. Esta fuerte dependencia de un único proveedor para componentes críticos del sector energético podría hacer que la infraestructura de Brasil fuera vulnerable a las interrupciones o a la manipulación del mercado.
Contexto histórico
Algunos analistas establecen paralelismos entre las inversiones actuales de China y las relaciones históricas de Latinoamérica con otras potencias mundiales. Existe la preocupación de que esta asociación pueda acelerar la desindustrialización, haciendo que la economía brasileña dependa más de la exportación de materias primas como el uranio, mientras importa productos manufacturados de China. Esto concuerda con un patrón que se ha observado en otros países que han profundizado sus lazos económicos con China.
Los relatos históricos de la cooperación nuclear pasada entre Brasil y China, especialmente durante los periodos en los que ninguno de los dos países era parte del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), subrayan aún más la posibilidad de eludir las salvaguardias internacionales. Aunque el acuerdo actual tiene fines pacíficos, esta historia pone de relieve el riesgo de una nueva forma de relación “neocolonial” en la que se ve comprometida la autonomía estratégica de Brasil.
Como analiza el consultor Pinheiro Pedro, “existe una alineación estratégica asimétrica en este contexto, ya que China tiene una postura geopolítica asertiva, basada en la Iniciativa de la Franja y la Ruta de expansión global, a través de la búsqueda de infraestructura, comercio y tecnología. La postura de Brasil es reactiva, lo que puede conducir a una dependencia estratégica y a la pérdida de autonomía en decisiones críticas”.



