La infiltración china a través de universidades, institutos Confucio, colaboraciones con el mundo académico, becas y foros internacionales está creciendo en Latinoamérica. Los propósitos son múltiples, desde la construcción de consensos hasta el espionaje industrial y militar, pero el impacto en la región es devastador. Además de comprometer su seguridad nacional y económica, atenta contra su democracia a través de la propaganda y la desinformación.
“Esta penetración es una herramienta que facilita el proceso de ‘colonización’ de la región por parte de Pekín. La infiltración en las universidades y también a través de los centros culturales de Confucio facilita la propaganda, ya que China puede difundir rápidamente su ideología y visión del mundo y permite una fácil diseminación de una verdad alternativa”, explica a Diálogo Sabella Ogbobode Abidde, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Estatal de Alabama, en los Estados Unidos.
En el libro, China y Taiwán en América Latina y el Caribe, un libro compilado por Abidde y publicado a inicios de 2024, se señala cómo desde la pandemia de COVID-19 y debido también a las tensiones políticas con Taiwán, China ha adoptado una comunicación cultural cada vez más autoritaria en Latinoamérica. Este lenguaje “ha pasado de expresar el llamado soft power al sharp power, es decir, de ser persuasivo a monopolístico, suprimiendo narrativas alternativas y explotando las instituciones con las que China ha establecido intercambios culturales”, se lee en el texto.
Los institutos Confucio

Esta agenda ideológica es muy evidente en los programas educativos de los institutos Confucio, centros donde se enseñan la lengua y la cultura chinas. El Gobierno de Pekín tiene un control total sobre ellos, desde la financiación hasta la selección del profesorado y los contenidos de la enseñanza, a través del Hanban, una oficina del Ministerio de Educación de la República Popular de China responsable de la enseñanza de la lengua china en el extranjero.
“Las ideas consideradas peligrosas por las influencias occidentales, como la libertad de expresión, los derechos civiles, los errores históricos cometidos por el Partido Comunista Chino y los temas políticos relativos a Taiwán, Tíbet y Falun Gong, también están prohibidas en Latinoamérica”, se lee en el libro editado por Abidde. En la región, han podido expandirse gracias al apoyo financiero prestado a sus universidades de acogida, que a menudo carecen de fondos suficientes.
Esta estrategia ha permitido a Pekín crear más de 45 institutos Confucio en Latinoamérica y el Caribe en unos 15 años. Cada año se matriculan más de 100 000 estudiantes y más de 1 millón de personas participan en sus actividades culturales y talleres.
“Los institutos Confucio ofrecen programas lingüísticos y culturales destinados a difundir las ideologías del Partido Comunista Chino y a controlar el pensamiento y el estilo de vida de la población. Estos centros no permiten la liberalización de ideas ni enseñanzas que promuevan ideas e ideales occidentales, como la libertad civil, el libre mercado y la liberalización política”, explica Abidde a Diálogo.
El caso de Brasil
Brasil alberga 12 institutos Confucio, el mayor número de la región. Algunos de estos centros están situados estratégicamente en estados pobres del país pero que poseen ubicaciones ventajosas para China, como puertos. En estas regiones remotas, los centros Confucio promueven conferencias a las que también se invita a políticos locales para facilitar acuerdos comerciales favorables a Pekín.
Por ejemplo, en noviembre de 2022, el seminario Combatir la pobreza en la economía digital, organizado por la Universidad Federal de Pernambuco y el Centro Confucio que alberga la universidad, se publicitó como precursor de una reunión más amplia, el Foro China-Nordeste de Brasil: Estudios sobre el desarrollo económico y social del Nordeste de Brasil, presidido por el presidente del mismo Instituto Confucio, Peng Xiantang. El evento se realizó en el vecino estado de Maranhão, que China está interesada en incluir en su Iniciativa de la Franja y la Ruta debido a su ubicación estratégica cerca del Canal de Panamá y de los mercados africanos y europeos.
China también está invirtiendo en Brasil en cooperación científica, incluida la espacial. Los dos países firmaron una serie de acuerdos en 2023 en los que también se estableció un mayor intercambio de información y tecnología. En el estado de Paraíba, el Instituto Brasileño de Investigaciones Espaciales (INPE) está construyendo el radiotelescopio Bingo junto con la empresa estatal china China Electronics Technology Group Corporation (CETC), uno de los principales fabricantes de electrónica militar para el Gobierno de China. Cuatro entidades de CETC fueron sancionadas en 2020 por el Departamento de Comercio de Estados Unidos por ayudar al Ejército Popular de Liberación de China a construir y militarizar islas artificiales en el Mar de China Meridional. Tras el incidente del balón chino que entró en el espacio aéreo estadounidense en 2023, el Departamento de Comercio sancionó el centro de investigación número 48 del CETC, acusándolo de apoyar “los esfuerzos de modernización militar de China, en particular los programas aeroespaciales, incluidos dirigibles y globos utilizados por el Ejército Popular de Liberación para actividades de inteligencia y reconocimiento”.

Una investigación de Datenna, un centro de análisis de datos de inteligencia sobre China con sede en Holanda, titulada Navegar por los retos y riesgos de las colaboraciones académicas sino-europeas advierte de los riesgos de colaborar con instituciones científicas o académicas chinas debido a “la transferencia de tecnologías sensibles y el apoyo inadvertido prestado a actores militares chinos”, dada “la opacidad general de muchas instituciones en China y la dificultad de averiguar sus posibles conexiones militares y su trabajo relacionado con la defensa”. Según la investigación, de los miles de instituciones académicas chinas, se descubrió que más de 2000 estaban implicadas en actividades relacionadas con la defensa.
Interés por el mundo académico latinoamericano
Según el informe de 2024 de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), titulado China y América Latina y el Caribe: relaciones multidimensionales y multinivel, Argentina se encuentra entre los países con mayores colaboraciones académicas con China. Desde 2017, el organismo de investigación más importante del país, el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y la Universidad de Shanghái (SHU) crearon un Centro Mixto de Investigación Internacional (CIMI) con sedes tanto en Buenos Aires como en Shanghái para producir investigaciones académicas conjuntas sobre temas sociales como la alimentación y el trabajo en zonas rurales. Según Abidde, este tipo de cooperación permite a Pekín interferir en las políticas públicas de la región.
“Sería un error pensar que China es altruistamente benevolente con su creciente ayuda en cooperación académica, inversión extranjera, préstamos blandos y otras formas de apoyo económico y político en Latinoamérica. No, no es así. Pekín tiene un enfoque estratégico de los asuntos globales y dispone de muchos instrumentos para alcanzar sus objetivos de política exterior. Este tipo de penetración es simplemente uno de los arsenales en constante expansión de China en su deseo secular de hegemonía global”, dice Abidde a Diálogo.
El interés de China en el mundo académico latinoamericano no se detiene. En agosto, por ejemplo, la Universidad Politécnica de Shenzhen anunció su intención de colaborar con la Universidad Nacional de Ingeniería de Perú en el campo de la investigación automotriz. En abril, una delegación de la Universidad de Chile viajó a China para firmar acuerdos de cooperación científica entre ambos países, incluida la creación de un foro académico conjunto sobre temas de interés para Pekín, entre ellos las energías renovables. En Ecuador, la propia embajada china organizó este año reuniones con más de 50 representantes del mundo académico del país para buscar nuevas posibilidades de cooperación.
La diplomacia de los centros de investigación y los intercambios culturales

La estrategia cultural de Pekín incluye también la penetración de los centros de investigación de la región. En particular, el Foro China-Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) reúne a investigadores, analistas geopolíticos, antiguos líderes políticos latinoamericanos, embajadores, diplomáticos, periodistas y ejecutivos de empresas. En el Plan de Acción Conjunto China-CELAC para la Cooperación 2022-24, China afirmó que “promoverá que los centros de estudios lleven a cabo actividades de cooperación en materia de investigación para la erradicación de la pobreza y ofrezcan recomendaciones específicas para fortalecer el diseño y la implementación de políticas públicas”.
Según Abidde, una de las formas más eficaces de colonizar una sociedad es cooptar o colaborar, de forma directa e indirecta, con académicos, intelectuales públicos, periodistas, élites y la clase dirigente, para hacerles sentir importantes. “El foro China-CELAC no tiene nada de cooperativo. Al igual que otros foros de este tipo en países en vías de desarrollo, no es más que una herramienta mediante la cual China materializa sus objetivos y aspiraciones. Tanto a corto como a largo plazo, el foro China-CELAC beneficia principalmente a Pekín”, explica Abidde.
En 2022, el Gobierno chino también anunció nuevas inversiones en intercambios educativos con Latinoamérica. La iniciativa ha proporcionado hasta ahora becas, oportunidades de formación y programas de talento para que los jóvenes latinoamericanos puedan estudiar o adquirir competencias laborales en China. Pekín ha ofrecido hasta ahora a los latinoamericanos 5000 becas y 3000 cursos de formación. Además, China cuenta desde 2014 con un programa denominado Campo de Entrenamiento Puente al Futuro con el objetivo de formar en China a 1000 “jóvenes líderes de países latinoamericanos y caribeños”, en temas como la economía digital, según se indica en la web oficial de la iniciativa.
Para Abidde, “si Latinoamérica sigue abrazada y bailando tango con Pekín, siempre dependerá de China”, empezando por el mundo académico y cultural que debería ser el primero en vigilar frente a las ambiciones depredadoras de Pekín.


