Honduras registra un significativo descenso de la violencia, y las Fuerzas Armadas y la policía siguen vigilantes

Honduras ya no es el país más violento del mundo gracias a las Fuerzas Armadas y la policía, las cuales trabajan juntas para mejorar la seguridad pública y confrontar a los narcotraficantes internacionales y las pandillas callejeras violentas.
Iris Amador | 21 septiembre 2015

Amenazas Transnacionales

Según el Observatorio de la Violencia de Honduras y el Instituto Universitario en Democracia, Paz y Seguridad de la Universidad Nacional Autónoma, Honduras ha tenido un descenso significativo en la violencia y ya no tiene la tasa de homicidios más elevada del mundo. [Foto: Iris Amador/Diálogo]

La violencia está disminuyendo en Honduras, país que solía tener la mayor tasa de homicidios del mundo: el año pasado cayó a 68 por cada 100.000 habitantes tras haber alcanzado un máximo de 86,5 en 2011.

“Es un descenso considerable”, señaló Migdonia Ayestas, directora del Observatorio Nacional de la Violencia de Honduras y del Instituto Universitario en Democracia, Paz y Seguridad de la Universidad Nacional Autónoma (IUDPAS), creado en 2008 para fortalecer los vínculos entre la investigación de la universidad, la educación y la sociedad.

“En aquellos tiempos morían 20 personas al día. El número de muertes diarias es ahora de 14... suponemos que el número de homicidios bajará un poco más para fines de 2015, dadas las condiciones actuales. Para comenzar, existe una concientización plena del problema. Las autoridades municipales también comprenden que la seguridad es un problema que los incumbe. Por último, la sociedad civil está empoderándose, haciéndose cargo de este difícil tema de vida o muerte, demandando más seguridad y la reducción de la impunidad en el país”.

Muchas víctimas de homicidio hondureñas son jóvenes: el 51 por ciento de las víctimas de muertes violentas tienen menos de 30 años. “Son los grupos vulnerables de personas —mujeres, niños, jóvenes, trabajadores de transporte público— los más afectados”.

Narcotraficantes capturados y extraditados

El descenso en el número de muertes violentas sigue a la captura y extradición durante el pasado año de varios líderes y sicarios del crimen organizado hondureño. Además, las fuerzas de seguridad han reforzado la protección aérea, terrestre y marina de la nación contra el narcotráfico internacional.

“Existe una correlación”, precisó Ayestas. “Las leyes que permiten la extradición de los narcotraficantes [y] la creación de nuevos cuerpos de policía, incluida la Policía Militar y una nueva policía de investigación, han tenido efecto”.

Estas fuerzas han tenido éxito en la captura de varios narcotraficantes importantes en los últimos años. Por ejemplo, para finales de octubre de 2014, el Ejército y la policía habían arrestado a ocho de 19 presuntos narcotraficantes buscados en Estados Unidos. Entre ellos se encontraba Héctor Emilio Fernández Rosa, presunto narcotraficante arrestado el 7 de octubre de 2014 por militares en cooperación con fiscales y fuerzas de seguridad de EE.UU.

Dicha cooperación entre fuerzas de seguridad de Honduras y de EE.UU. ha llevado a un progreso significativo contra Los Valles, una operación internacional de narcotráfico estrechamente alineada con el Cartel de Sinaloa, una organización criminal transnacional mexicana. En julio de 2014, autoridades federales estadounidenses detuvieron a Digna Valle Valle, integrante clave de Los Valles en Florida. Finalmente la acusada aceptó cooperar con los fiscales federales estadounidenses y se declaró culpable de narcotráfico; en julio, un juez federal en EE.UU. la condenó a 11 años y tres meses de cárcel.

Un mes después de su detención, fuerzas de seguridad hondureñas incautaron más de 50 propiedades que pertenecían a miembros de Los Valles, entre ellas viviendas, una granja, una ferretería, un café, un rancho de ganado y tierra. Dos meses después de esos decomisos, soldados capturaron a tres hermanos de Digna que eran líderes de Los Valles: José Inocente Valle Valle, Miguel Arnulfo Valle Valle y Luis Alonso Valle Valle. Los dos últimos fueron extraditados en diciembre a EE.UU. para enfrentar acusaciones de narcotráfico.

Entre estos éxitos, la población civil está contribuyendo a la lucha contra el crimen por medio de la campaña “Únete a Nuestra Lucha” —una iniciativa que permite a los residentes cooperar con la Dirección de Lucha contra el Narcotráfico (DLCN) para reducir y eliminar la venta de narcóticos y para desbandar pandillas narcotraficantes. Por medio del programa, los ciudadanos tienen la oportunidad de proporcionar información de modo anónimo para combatir el narcotráfico, el lavado de dinero y delitos relacionados. Como consecuencia de la campaña, las Fuerzas Armadas recibieron 112 informes e información sobre actividades de narcotráfico y lavado de dinero entre el 11 de mayo y el 14 de agosto, en comparación con 32 durante el mismo periodo de tiempo en 2014.

Iniciativas de las fuerzas de seguridad hondureñas

Mientras tanto, agencias policiales están trabajando con las Fuerzas Armadas para capturar a narcotraficantes y enfrentarse a violentas pandillas callejeras tales como la Mara Salvatrucha (MS-13) y Barrio 18 (M-18).

Dos nuevas agencias policiales están contribuyendo a la lucha. En marzo, el Ministerio Público creó su propia unidad de investigación criminal, la Agencia Técnica de Investigación Criminal (ATIC), la cual se centra en casos de alto perfil. Posteriormente, el 1 de septiembre, una nueva rama de la policía de investigación —la Direción Policial de Investigación (DPI) comenzó sus operaciones; con mejor capacitación y equipada con tecnología moderna, esta nueva rama sustituye a la anterior unidad nacional de investigación, la Dirección Nacional de Investigación Criminal (DNIC).

“Comenzaremos trabajando con 1.000 agentes durante esta primera fase de la DPI”, informó el vocero de la policía y Subcomisionado de Policía Leonel Sauceda. “Cuando las personas sean atacadas o estén de luto y presenten una denuncia, podrán esperar respuestas”.

Las agencias policiales también han estado en coordinación con las Fuerzas Armadas para ayudar a mejorar la seguridad pública. Por ejemplo, la Fuerza de Seguridad Interinstitucional Nacional (FUSINA), creada en febrero de 2014, reúne a las Fuerzas Armadas, la Policía Nacional, jueces, agentes de investigación y fiscales contra el crimen organizado, el narcotráfico y delitos comunes. Trabajando en cooperación, las tropas de las Fuerzas Armadas y oficiales de la policía realizan patrullajes de seguridad y establecen puntos de control en toda la nación.

Desde el 1 de enero hasta principios de julio, fuerzas de FUSINA y otros oficiales de seguridad detuvieron a más de 800 sospechosos que presuntamente participaban en sistemas de extorsión. Durante ese tiempo, el Ejército y la policía ejecutaron 1.634 órdenes de arresto por diversos delitos y desbarataron 55 pandillas criminales.

FUSINA es también una de varias agencias, entre las que se encuentran la Dirección Nacional de Investigación e Inteligencia, las Fuerzas Armadas, la Policía Nacional y otras agencias judiciales y gubernamentales, en participar en el Plan Morazán. Esta iniciativa se implementó a finales de enero de 2014 para proteger a los hondureños, reducir los índices de delincuencia y mejorar la seguridad de los ciudadanos mediante la mejora de la gobernación democrática, la seguridad y el desarrollo económico. Las agencias participantes trabajan juntas para proporcionar una interdicción y capacidad de respuesta que puedan realizar operaciones antidrogas y acciones contra otras organizaciones y actividades criminales. Este Plan ha tenido efectos positivos en la reducción de los índices de delincuencia y en mejorar la seguridad de la población en Honduras.

“Honduras está recuperando su territorio”, afirmó Ayestas.

Durante CENTSEC 2014, el General Freddy Santiago Díaz Zelaya, jefe de la Junta de Jefes de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Honduras, comentó a Diálogo que Honduras no desistiría en sus esfuerzos por detener la delincuencia en la nación. “Emplearemos todos los recursos del estado para impedir que el narcotráfico ocupe nuestro territorio”.

Enfrentándose a peligros cambiantes

Ese nivel de coordinación está demostrando ser necesario, puesto que las pandillas callejeras y las organizaciones delictivas transnacionales expanden sus tácticas y estrategias.

“Las pandillas comenzaron a evolucionar a principios de los 2000, luego de que las leyes que prohibían la reunión de ciudadanos para fines ilegales fuesen sancionadas”, indicó Ayestas. “Algunas de estas leyes se han endurecido. Los miembros de las pandillas han dejado de tatuarse en zonas visibles del cuerpo. Solamente podemos echar un vistazo cuando se quitan la camisa. Así que, en ese sentido, su aspecto exterior ha cambiado, pero no la forma en que se comunican”.

También han diversificado su fuente de ingresos. Los miembros de las pandillas son responsables de casi toda la extorsión en diversos vecindarios, donde también representan la mayor parte del tráfico minorista de drogas, y donde miembros de la MS-13 y Barrio 18 también realizan asesinatos contratados.

Si bien las fuerzas de seguridad han logrado un importante progreso en la lucha contra las pandillas y los grupos del crimen organizado, deben permanecer alertas.

“Necesitaremos un esfuerzo sostenido”, agregó Ayestas.

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