El Miedo y el Islam En Trinidad

La comunidad musulmana de Trinidad y Tobago es considerada la más grande del Caribe. Es parte de la pluralidad religiosa de la sociedad del país, en general percibida como libre de sentimientos extremistas. No obstante, el problema de las armas y el delito en el país, en los que a veces están implicados los musulmanes, preocupa a los oficiales de seguridad y a los mismos musulmanes, que se sienten injustamente perseguidos. El crecimiento del salafismo –considerado una rama violenta del islam- también traza un paralelismo con un grupo musulmán violento que intentó derrocar al Gobierno en 1990.
Print | 1 abril 2012

En la ciudad de Valsayn, agentes de la Oficina de Investigación contra la Corrupción de Trinidad y Tobago tocaron la puerta de la enorme casa de un magnate de la construcción en agosto de 2010, para ejecutar una orden de investigación de fraude. En su lugar, los oficiales se encontraron con un alijo de armas de tipo militar y drogas ilegales. En un país que sufre altas incidencias de delito violento, los funcionarios no tardaron en solicitar refuerzos por radio a la Oficina de Lucha contra el Crimen Organizado, los Narcóticos y las Armas de Fuego. Hasta muy tarde por la noche, los oficiales siguieron registrando la casa, e identificaron 18 armas –entre ellas pistolas y fusiles Kalashnikov, 980 rondas de municiones y 981 gramos de marihuana. Detuvieron a seis sospechosos, entre ellos al heredero de 22 años de la empresa familiar, Khalil Karamath.

Karamath estaba libre bajo fianza de los cargos de posesión de armas y narcóticos cuando la policía volvió a seguirle el rastro después de más de un año, en noviembre de 2011. Durante un estado de emergencia declarado como consecuencia de una ola de delitos violentos, Karamath y 16 otros musulmanes resultaron detenidos en conexión con un presunto complot para asesinar al primer ministro Kamla Persad-Bissessar, tres miembros del gabinete, ministros de alto rango y oficiales de policía. Karamath se declaró inocente y las autoridades no encontraron armas en su vivienda. Los funcionarios de seguridad afirmaron haber actuado sobre datos de inteligencia para evitar la repetición de un golpe de estado que el grupo islámico africano Jamaat al Muslimeen intentó en 1990.

El 27 de julio de 1990, Jamaat al Muslimeen detonó explosivos en la central de policía de Puerto España, tomó el edificio del parlamento y ocupó la empresa de televisión Trinidad and Tobago Television Co. El saldo de la revuelta incluyó 24 muertos y cientos de millones de dólares estadounidenses en daños materiales. Más de 100 miembros de la milicia armada tomaron rehén al primer ministro, así como a varios integrantes del gabinete y del parlamento, hasta que seis días después el grupo se rindió ante las autoridades.

Hoy, 22 años después del intento de golpe, su recuerdo ha marcado la imagen de la comunidad musulmana de las islas, y las autoridades aún investigan los hechos que llevaron a la insurgencia. Se cree que Trinidad y Tobago posee la mayor población musulmana en el Caribe: se estima que son 78.000 personas, o 6 por ciento de la población. El recuerdo del intento de golpe se tradujo en un refuerzo del escrutinio por parte de los oficiales de seguridad. Al menos un líder musulmán considera que el país, con violencia por armas, pandillas y pobreza, se encuentra en el punto justo para las ideologías extremistas.

Identificación de las Amenazas

“El islam es muy fuerte en Trinidad y crece día a día”, observó Imán Abzal Mohammed sentado en su balcón de un segundo piso, vestido con camisa de botones, pantalón largo, sandalias y gorra blanca. Su mezquita, ubicada en la calle Bonanza en Princes Town, atiende a casi 100 familias. Mohammed cuenta con orgullo la historia de cómo su abuelo, un inmigrante indio, le impartió las primeras enseñanzas y bases islámicas en urdu. Mohammed ha ocupado numerosos puestos de liderazgo durante 55 años en el comité ejecutivo de la Asociación Anjuman Sunnat-Ul-Jamaat (ASJA), la organización islámica más grande del país, que supervisa 85 de las mezquitas del país.

“En Trinidad, hemos vivido un largo periodo en el que los musulmanes y todos los demás convivimos felices, pero lo que sucede ahora es que se están dando demasiados cambios”, comentó. Mohammed resaltó el hecho de que el islam es una religión pacífica, pero la juventud de Trinidad y Tobago ha comenzado a interesarse por la doctrina salafista. La secta fundamentalista del islam sunita, que enfatiza la adhesión a las enseñanzas originales del islam, alcanza a los jóvenes musulmanes desfavorecidos y se la ha vinculado con la violencia en el Oriente Medio. “Tenemos un problema grave, que no podemos barrer debajo de la alfombra ni podemos ocultar[lo].”

Mohammed, quien trabajó varios años como capellán de la prisión, comentó que los seguidores del salafismo en Trinidad están predicando con avidez sus ideas en las mezquitas y reclutando jóvenes seguidores. “Están los fanáticos que predican otro tipo de islam en Trinidad”, explicó, y señaló que los salafistas hacen hincapié en la importancia de la jihad como sacrificio religioso. Se ha enterado de que los salafistas propugnan una jihad violenta y ha denunciado a las autoridades locales lo que considera una amenaza para la seguridad nacional. “En Trinidad, hemos tenido shias durante mucho tiempo. Hasta ahora no han sido agresivos, pero sí son un pueblo agresivo.”

Gary Griffith, capitán retirado de la Fuerza de Defensa del país y asesor en materia de seguridad al primer ministro de Trinidad y Tobago, señaló que los fallos de inteligencia en julio de 1990 permitieron que se materializara el intento de golpe. Defendió la inteligencia que llevó a la detención de los presuntos autores intelectuales de asesinato en noviembre de 2011, pero se negó a señalar a un grupo o religión en particular como una amenaza.

Al defender las detenciones, el comisario de la policía Dwayne Gibbs, dijo que había una “amenaza clara” para el interés de la seguridad nacional. Muchas personas influyentes de Trinidad son musulmanes, señaló el Sargento Cornelius Samuel de la División Noreste del servicio de policía, cuyo superintendente fue responsable de algunos de los interrogatorios de los detenidos. Añadió que también existen muchos delincuentes que utilizan la fe musulmana como fachada de su actividad delictiva. “En cierta medida, la comunidad musulmana siempre ha sido observada con cierta sospecha”, afirmó.

Defender una Creencia

Ashmeed Choate, practicante del salafismo en Trinidad, fue uno de los 17 musulmanes detenidos en el presunto complot de asesinato y calificado por la policía como el “cerebro” del mismo. Permaneció detenido tres semanas antes de que todos los detenidos fueran liberados sin cargos en su contra. Durante su detención, comentó que se le acusó de tramar los presuntos asesinatos para causar pánico en la isla. Afirmó también haber sido acusado de hacer donaciones a las entidades de beneficencia

que fomentaban el islam en las comunidades pobres africanas. Choate rechazó ambas imputaciones y afirmó apenas conocer a los demás detenidos.

“No tengo segundas intenciones, ningún fin adicional se oculta detrás de mis acciones”, aseguró Choate con relación a su empeño por invitar a los habitantes de Trinidad de todas las procedencias a acercarse al islam. “Ésta es mi gente. Los habitantes de Trinidad son los míos. Mi primer objetivo es convocarlos a acercarse a Alá, invitarlos a conocerlo, invitarlos a su religión.” Choate ve su trabajo en las comunidades desfavorecidas como una buena obra rechazada por los musulmanes de la corriente mayoritaria porque él no se adhiere a la misma rama del islam que la mayoría de los habitantes de Trinidad, y porque él estudió en la península árabe. Nació en Trinidad y estudió el islam en Arabia Saudí, donde se interesó por el salafismo como un “retorno a la fuente” del islam. Cuando regresó de Medina, Arabia Saudí, en 2000, dijo que conducía un programa de radio y televisión y predicaba de forma generalizada. Afirmó también que divulgaba el mensaje del islam a “los menos afortunados, más desprovistos, que están marginalizados en la comunidad.” Mencionó que hace poco dejó el programa porque le tomaba demasiado trabajo y prefería dedicar su atención a su puesto de director en la escuela islámica Darul Qur’an Wal Hadith en Freeport, una escuela de un aula ubicada entre las plantaciones de papayas y los hogares humildes de los padres de algunos de los 100 alumnos musulmanes y no musulmanes que asisten a ella.

Cuando se le preguntó acerca de los salafistas que afirman que su versión del islam necesita una jihad violenta, respondió: “Si tuviera la oportunidad, debatiría [esa postura] con cualquier salafista delante de los medios.”

Fuentes: Trinidad Express, The Jamestown Foundation, BBC, PBS, www.theweek.co.uk, Pew Forum on Religion y Public Life

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