El mega proyecto del ferrocarril transcontinental impulsado por China, que planea conectar el puerto de Chancay en Perú con el puerto de Santos, en la costa atlántica de Brasil, se posiciona como una pieza clave en la estrategia de expansión económica y geopolítica de China en Latinoamérica.
Aunque el proyecto promete facilitar el comercio entre ambos océanos, también plantea serias interrogantes sobre sus implicaciones ambientales, sociales y geopolíticas en la Amazonía, una de las regiones con mayor biodiversidad del mundo.
Estrategia y expansión
“El proyecto bioceánico forma parte de la estrategia global de China para asegurar el acceso a materias primas, fortalecer tecnologías alternativas y consolidar su presencia económica y geopolítica en la región”, afirmó en declaraciones a Diálogo Federico Rabino, experto en relaciones internacionales y director del Instituto Fernando de la Mora en Paraguay.
En abril de 2025, una delegación de alto nivel del partido comunista chino (PCCh) visitó Brasil, para avanzar en una agenda de cooperación centrada en infraestructura estratégica, con el corredor ferroviario como tema principal. Según el diario mexicano El Imparcial, la obra, con una inversión estimada en USD 3500 millones, facilitará el transporte directo de productos agrícolas clave como soya, azúcar y maíz hacia Asia.
Aunque la idea del corredor bioceánico se planteó en 2008, el proyecto ganó nuevo impulso tras una reunión en 2023 entre el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva y el líder chino Xi Jinping. La delegación china recorrió varias áreas de la Amazonía, para evaluar la viabilidad técnica y territorial del proyecto.
El trazado ferroviario planea cubrir más de 3700 kilómetros, atravesando Brasil, Bolivia y Perú; y cruzaría zonas agrícolas clave como Mato Grosso y Acre. Según un reportaje del diario peruano La República, de Perú, el inicio de operaciones está previsto para 2028.
Costo oculto
A pesar de sus promesas económicas, el proyecto sigue generado preocupaciones significativas debido a su impacto ambiental y social. Según la agencia de noticias española EFE, el recorrido proyectado cruzaría territorios ambientalmente sensibles en la Amazonía, sin estudios de impacto ambiental disponibles ni planes de mitigación claros.
Los riesgos incluyen: deforestación y pérdida de selvas vírgenes; fragmentación de hábitats y desplazamiento de fauna silvestre; contaminación del aire y agua y amenazas a comunidades indígenas y pueblos en aislamiento voluntario.
La Amazonía, conocida como el pulmón del planeta, produce a través de la fotosíntesis aproximadamente el 20 por ciento del oxígeno que respiramos. Esta región, se extiende entre Brasil, Perú, Colombia, Venezuela, Ecuador, Bolivia, Guyana, Surinam y Guyana Francesa.
La plataforma periodística de investigación Dialogue Earth, reporta que el trazado afectará áreas donde habitan más de 600 comunidades indígenas en Brasil y Perú, además de al menos 15 pueblos en aislamiento voluntario, cuyas vidas, cultura y territorios estarían en riesgo.
Un análisis de la plataforma internacional The People’s Map, alerta que proyectos similares liderados por empresas chinas en Latinoamérica generan impactos recurrentes, incluyendo contaminación, deforestación y falta de consulta previa con comunidades indígenas. Además, las respuestas represivas ante protestas locales han agravado las tensiones sociales.
China y el control estratégico regional
Más allá de los recursos naturales, Latinoamérica representa para China un mercado clave de más de 600 millones de personas y un frente estratégico para su política de “una sola China”. Según un informe del Centro de Estudios Estratégicos del Ejército de Perú (CEEEP), siete de los doce países que aún reconocen a Taiwán están en esta región, lo que subraya la importancia del área para las ambiciones geopolíticas de Pekín.
“Además de alterar el equilibrio ambiental y económico en la zona, el proyecto favorecerá los intereses estratégicos de Pekín”, indicó Rabino. “La falta de transparencia y el incumplimiento de estándares ambientales y sociales, ya consolidados a nivel internacional, están generado inquietud entre comunidades locales, que temen por el impacto en sus territorios y medios de vida”.
Rabino también advierte sobre la falta de transparencia en los acuerdos entre países sudamericanos y empresas chinas: “Los convenios firmados con empresas chinas suelen incluir cláusulas secretas, como revelaron los Panama Papers. Esto genera tensiones sobre la soberanía en Sudamérica”. Además, proyectos como el corredor bioceánico refuerzan la dependencia económica y política hacia China, lo que pone en jaque la autonomía de los países para gestionar sus recursos estratégicos.
Proyectos controvertidos
El historial de proyectos liderados por empresas chinas en la región es mixto. En 2017, la estatal China Railway Eryuan Engineering Group (CREEC), encargada de realizar los estudios de viabilidad iniciales del tren bioceánico, concluyó que era factible aunque la empresa ferroviaria estatal brasileña Valec afirmó en sus propias conclusiones que la línea propuesta requeriría una nueva ciudad en el corazón de la Amazonía y tendría repercusiones significativas en ecosistemas sensibles. La experiencia previa de CREEC en Latinoamérica, como el fallido proyecto ferroviario en Venezuela, también ha dejado dudas.
En Venezuela, el proyecto quedó incompleto, alcanzando solo el 31 por ciento de avance debido a problemas como burocracia, incumplimientos financieros, conflictos laborales y ausencia de permisos. Además, la falta de supervisión provocó saqueos y daños ambientales, según la ONG costarricense Centro Latinoamericano de Investigación Periodística.
Desarrollo a cualquier precio
“El desarrollo no puede analizarse sin una reflexión seria sobre los riesgos y desafíos que conlleva”, afirmó Rabino. “En los últimos años, algunos líderes y académicos han promovido la idea de que estrechar lazos con China es una solución ideal. Sin embargo, la experiencia en la región muestra una realidad mucho más compleja”.
Los líderes sudamericanos enfrentan un desafío crucial: equilibrar los beneficios económicos de proyectos como el corredor bioceánico, con la protección de sus recursos naturales y derechos sociales. La capacidad de la región para armonizar desarrollo con sostenibilidad tendrá implicaciones profundas para el futuro de Latinoamérica.


