El avance de China en el Caribe y sus implicaciones

China ha incrementado su presencia en el Caribe mediante préstamos, infraestructura y tecnología, lo que genera una creciente dependencia económica y política en la región. Esta expansión afecta la soberanía nacional, particularmente en sectores estratégicos como puertos y telecomunicaciones, y conlleva riesgos ambientales. Estos acontecimientos plantean un reto importante para la autonomía y la estabilidad de la región.

Intereses estratégicos de China en el Caribe

Pekín considera al Caribe una región clave por varias razones. Países como Haití, San Cristóbal y Nieves, Santa Lucía, y San Vicente y las Granadinas mantienen relaciones diplomáticas con Taiwán. Su ubicación, como acceso marítimo y centro logístico y financiero, recuerda a las rutas estratégicas del sudeste asiático, lo que refuerza el interés militar, político y económico de China.

Euclides Tapia, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad de Panamá, afirma que, “debido al tamaño reducido de los países caribeños, la influencia externa resulta más efectiva, y no se descarta que se utilicen prácticas como sobornos, para asegurar apoyo político”.

Tapia agrega que China avanza desde lo económico, la mayor vulnerabilidad de estos países. “La penetración de Pekín es gradual, económica y metódica, en un proceso de dominación lento pero seguro”.

Inversiones en sectores clave

La inversión china en el Caribe se ha expandido en las últimas dos décadas en áreas como turismo, puertos, energía, telecomunicaciones y agricultura, muchas veces tras el reconocimiento diplomático de China y acompañadas de donaciones simbólicas.

Empresas chinas participan en sectores esenciales para la economía y la seguridad energética. Por ejemplo, la empresa estatal Corporación Nacional de Petróleo Marítimo de China (CNOOC), el mayor productor de petróleo y gas en alta mar de ese país, está presente en el bloque Stabroek en Guyana; y en el yacimiento Greater Angostura en Trinidad y Tobago. Huawei y otras firmas han instalado cables submarinos, infraestructura digital y proyectos de ciudades inteligentes en la región.

En el área de agricultura y recursos naturales, compañías vinculadas al Partido Comunista de China (PCCh) invierten en madera, azúcar y bauxita, principalmente en Guyana, Surinam y Jamaica, aunque enfrentan desafíos locales. En energía, financian tanto plantas solares como hidroeléctricas.

Según Tapia, la postura asertiva de China en el Caribe recuerda a su firmeza en el Mar Meridional, donde reclama áreas de forma ilegal. “Esta actitud se refleja en el Caribe, donde el PCCh busca consolidar su influencia bajo un enfoque similar”.

Dependencia financiera y la trampa de la deuda

Según la Red de Periodismo de Investigación del Caribe, los bancos chinos, más concretamente el Banco de Exportación e Importación de China (CHEXIM) y el Banco de Desarrollo de China, fueron los principales prestamistas en Latinoamérica y el Caribe —el Caribe recibió una parte sustancial de esta financiación.

Estos importantes préstamos han dado lugar a un modelo a menudo criticado como la “diplomacia de la trampa de la deuda”. En el Caribe, esta estrategia involucra a unos 10 países, con el riesgo de que, ante impagos, China pueda tomar el control de activos estratégicos, como ocurrió en Sri Lanka con el puerto de Hambantota en 2017.

Se han observado resultados similares en otros países que luchan contra la deuda china. Por ejemplo, en Pakistán, gran parte de los ingresos se destinan al pago de la deuda con China, causando cortes eléctricos y despidos masivos en la industria textil. En Zambia, la presión de Pekín ha contribuido a una inflación cercana al 50 por ciento, indica el sitio español La Sexta.

Los préstamos chinos suelen tener condiciones poco transparentes y garantías atadas a recursos naturales o infraestructuras estratégicas, lo que los convierte en prácticas crediticias predatorias. Además, las constructoras chinas disfrutan de exenciones fiscales y emplean principalmente mano de obra china, limitando el empleo local y la transferencia tecnológica, además de provocar daños ambientales.

Control de infraestructuras críticas y riesgos de inteligencia

El control de infraestructuras estratégicas, como puertos y redes de telecomunicaciones, por parte de empresas chinas facilita la influencia política y posibles actividades de inteligencia. Esto es especialmente preocupante, ya que muchos proyectos forman parte de la estrategia de fusión militar-civil de Pekín, que difumina las líneas entre el comercio civil y los objetivos miliares.

Por ejemplo, Hutchison Ports, empresa ligada al PCCh, opera el puerto de Freeport, Bahamas, un punto logístico vital. Esta presencia posibilita la recolección de inteligencia, vigilancia y operaciones electrónicas, y podría apoyar actividades de doble uso en situaciones de crisis regional. Una empresa estatal china también controla el 49 por ciento de un puerto clave en Jamaica, lo que suscita preocupaciones similares sobre la capacidad de Pekín para perturbar el comercio o vigilar la actividad naval.

Huawei y los desafíos de la seguridad digital

Huawei ha incrementado su presencia en el Caribe aprovechando la política exterior china y los lazos diplomáticos. Expertos internacionales han advertido sobre riesgos de espionaje, pues Huawei, fundada por un exmilitar chino, mantiene vínculos estrechos con el PCCh y es visto como un proveedor de alto riesgo para democracias, debido a la posibilidad de que el Estado acceda a los datos y ejerza vigilancia.

En Trinidad y Tobago y Jamaica, Huawei tiene fuerte presencia, y ha firmado acuerdos para promover la transformación digital en la mayoría de los países caribeños. Tapia señala que China está expandiendo su influencia tecnológica en el Caribe y Latinoamérica ya no solo a través de infraestructura física, sino también en el ámbito cibernético.

La Comunidad del Caribe (CARICOM) también advierte que depender de infraestructura digital controlada por extranjeros incrementa los riesgos económicos, de seguridad nacional y de influencia política externa.

Estrategias para fortalecer la resiliencia regional

Para contrarrestar la influencia china, expertos recomiendan reforzar la cooperación tecnológica y económica con aliados confiables. El Atlantic Council destaca la importancia de promover alternativas en infraestructura y fomentar inversiones transparentes. Los expertos también sugieren desarrollar capacidades locales para resistir presiones coercitivas y diversificar exportaciones, y la necesidad de invertir en capital humano, apoyando becas y programas educativos que promuevan valores democráticos y liderazgo ético.

Tapia subraya que la responsabilidad es compartida y aboga por una estrategia conjunta para fortalecer la seguridad, la inversión y el comercio. Finalmente, Tapia advierte que, para limitar la presencia china, “se debe crear un área de seguridad que cubra todo el Caribe, con controles sanitarios y militares”, replicando acuerdos de asistencia mutua para contener influencias externas.

Consiguientemente, la creciente influencia de China en el Caribe plantea riesgos económicos, políticos, estratégicos y ambientales. La región enfrenta el reto de fortalecer su resiliencia, diversificar alianzas y desarrollar capacidades locales para evitar una dependencia excesiva y preservar su soberanía. Un enfoque multilateral, con apoyo internacional y fortalecimiento de la gobernanza regional, es esencial para afrontar este enorme desafío.

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