El abuso de la pasta de cocaína amenaza a las familias a lo largo del Cono Sur

Las autoridades de Argentina, Brasil, Uruguay y Chile están peleando para contener el creciente abuso de la pasta de cocaína — una cocaína amarillosa y barata que es fumada por miles de personas a lo largo del Cono Sur.
Maria Salvador | 22 julio 2011

MONTEVIDEO, Uruguay — Las autoridades de Argentina, Brasil, Uruguay y Chile están peleando para contener el creciente abuso de la pasta de cocaína — una cocaína amarillosa y barata que es fumada por miles de personas a lo largo del Cono Sur.

En los cuatro países, el abuso de la pasta de cocaína conocida en Argentina como paco está muy por debajo del consumo de marihuana o cocaína. Sólo el 0.8% de los 3,4 millones de habitantes de Uruguay usan pasta de cocaína, según la Encuesta Nacional del Uso de las Drogas; que se compara con el 4% de cocaína y con el 12.2% de marihuana.

La pasta de cocaína es frecuentemente vinculada con delincuentes y con quienes viven al margen de la sociedad, dijeron la autoridades. De hecho, la proporción de usuarios de la pasta de cocaína ha aumentado al 8% en los vecindarios pobres de Montevideo, según la misma encuesta.

Milton Romani, psicólogo y experto en el abuso de substancias de Montevideo, quien en abril completó su término de seis años como secretario de la Junta Nacional de Drogas Uruguaya, sugiere que el abuso de la pasta de cocaína es “una señal de los tiempos” que apareció primero en Argentina con la devaluación del peso en 2001, esparciéndose posterior y rápidamente a través del Río de la Plata a Uruguay.

“La crisis financiera dio nacimiento a un nuevo mercado para los traficantes de drogas. La base de cocaína es un producto de bajo costo que podría penetrar en un segmento particular del mercado, ya que el tráfico de las drogas sigue las reglas del mercado”, señaló Romani, consejero de derechos humanos internacionales . “Los traficantes tienen que cambiar con los tiempos. Debido a que ya no pueden adquirir grandes cantidades de químicos precursores, deben ver cómo se fabrica la cocaína: los grandes laboratorios de Bolivia se dividen en varias cocinas de drogas a través de Bolivia y Argentina.”

De hecho, la solidez del dólar causó que el costo del polvo de cocaína se disparara en la región, así como lo hizo la decisión de 1998 de prohibir los precursores químicos, lo cual tuvo impacto en el año 2000. Ambos incidentes causaron que la pasta de cocaína se convirtiera en una alternativa más económica y que estuviera disponible más rápidamente, mencionaron las autoridades.

Entre 2001 y 2005, según un estudio del Instituto Transnacional, con base en Ámsterdam, el uso de paco en Argentina ascendió a 200%, con más de 150,000 jóvenes usándolo de forma regular. Aún así, sus usuarios representan sólo el 0.5% de la población de Argentina, dijo Mariano Donzelli, de la Secretaría de Programación de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (Sedronar). Eso se compara con la cocaína, la cual es usada por el 2.6% de los argentinos, y la marihuana, que es fumada por el 6.9% de los habitantes del país.

En Chile, el 0.4% de la población abusa de la pasta de cocaína, en comparación con el 0.7% de la cocaína y el 4.6% de la marihuana, según el CONACE (Consejo Nacional para el Control de Estupefacientes de Chile). Sus principales consumidores son hombres de 18 a 34 años de edad y grupos de bajos ingresos.

La pasta de cocaína se obtiene en la fase intermedia de la transformación de la hoja de coca a clorhidrato de cocaína.

“Cuando los precursores químicos fueron bloqueados en los países productores, tales países vieron que era difícil fabricar su producto final, así que empezaron a cortar [la cocaína] con todo lo que fuera posible”, dijo el juez uruguayo Jorge Díaz, quien se especializa en crimen organizado. “En lugar de exportar cocaína ya purificada desde Colombia, ahora exportan la pasta de cocaína —ya que los niveles de producción continúan siendo altos— y la terminan después.”

Romani dijo que cada cocina es un pequeño engrane en la red de la exportación del clorhidrato de cocaína, lo cual continúa generando la mayor cantidad de negocio para los traficantes de drogas, ya que la cocaína es enviada a Europa o a Estados Unidos.

Muchas variantes de la pasta de cocaína existen a través de la región, cada una con su propia marca e ingredientes distintos. Es un producto muy barato; una dosis rápida cuesta menos de $3.00 dólares. Los usuarios la fuman en una pipa casera y una dosis pesa menos de un gramo. La droga toma de cinco a ocho segundos en alcanzar el cerebro, pero su efecto generalmente no dura más de 10 minutos.

Aún así, tiene efectos devastadores a corto plazo incluyendo anorexia, conducta antisocial y violenta, psicosis y alucinaciones, de acuerdo con un reporte de 2010 del Instituto de Investigación Biológica Clemente Estable de Uruguay. “La primera vez que una persona usa la pasta de cocaína, el placer es muy efímero,” dijo Romani. “Los usuarios entonces consumen más droga para calmar su ansiedad y las sensaciones de enfermedad.”

Las autoridades dicen que quienes viven en los vecindarios pobres se ganan la vida a duras penas y trafican la pasta de cocaína, frecuentemente como parte de pequeñas redes manejadas por familias. “Esto ocurre en secciones vulnerables de la sociedad porque los factores que conllevan al microtráfico de drogas ocurren ahí”, añadió Romani. “Éstas son redes de nivel de sostenimiento que surgieron en medio de la crisis.”

El mismo patrón se encuentra en Brasil y está empezando a tomar forma en Bolivia también.

Son necesarias organizaciones delictivas con características específicas para coordinar la importación, la transportación, la exportación y la venta de cocaína. El esfuerzo requiere de una inversión inicial grande. Por ejemplo, en Uruguay, un kilogramo de polvo de cocaína cuesta de $7,000.00 a $7,500.00, según funcionarios locales; la pasta de cocaína, en comparación, cuesta $ 2,000.00 por kilo. Díaz mencionó que los envíos nunca exceden de 30 kilos y que los envíos de 25 a 30 kilos sólo son intentados por redes narcotraficantes más sofisticadas. Para las entregas pequeñas, que constituyen la mayoría de los envíos, usualmente emplean “mulas” o mensajeros humanos.

“Ellos encuentran a jóvenes sin trabajo, frecuentemente adictos a las drogas, y ellos les pagan 10,000.00 pesos [unos $ 550.00 dólares] por viaje. El mensajero va a Argentina, usualmente a Buenos Aires”, dijo. “Hasta van y vienen en autobús, llevando 10 o 15 kilos.”

La pasta se entrega en ciertas áreas de Montevideo y de ahí se distribuye a varios vecindarios esa misma noche, ya que los puntos de venta reciben sus suministros diariamente. Las mulas hacen dos o tres viajes a la semana, ahorrando dinero y conociendo al distribuidor. Después de un tiempo, empiezan a comprar un poco de drogas para ellos. Transportan 10 kilos para el distribuidor que los contrata y generalmente se quedan con un kilo para su propio uso.

Con el paso de los años, añadió Díaz, el negocio de tráfico de drogas se ha esparcido como incendio forestal y esto ha hecho más difícil de erradicarlo.

“Es muy difícil combatir a los distribuidores, porque transportan pequeñas cantidades que dividen rápidamente. En segundo lugar, hay muchos grupos pequeños involucrados en el tráfico. Un tipo de industria pequeña ha surgido en las áreas pobres: las familias se mantienen de esto.”

Aún después de la redada, dijo, una familia continuará vendiendo drogas, “porque si se enjuicia al esposo, la esposa tomará el control, y si se enjuicia a la esposa, su madre tomará el control”.

A esto se añade el peligro de que en poco tiempo los pequeños círculos de tráfico de los vecindarios puedan ahorrar el dinero suficiente para poder exportar y traficar la cocaína. Sin embargo, pocos mecanismos o estructuras existen actualmente para alentar la cooperación regional en la batalla contra la pasta de la cocaína.

“Hacemos cumplir las leyes sobre los precursores, prevenimos que la cocaína se exporte [a Europa o Estados Unidos], pero tenemos que combatir el cultivo de la coca, ¿y quedamos atrapados en esta basura también?”, comentó Romani.

Recientemente, la Comisión Interamericana de Control del Abuso de Drogas —una unidad de la Organización de Estados Americanos, con sede en Washington— se ha embarcado en una iniciativa, encabezada por Brasil, con el apoyo de Estados Unidos, para lidiar con la expansión de la pasta de cocaína.

La plataforma conjunta involucra a Argentina, Brasil, Chile y Uruguay y consiste en una primera fase para la cooperación técnica y científica para determinar qué substancias serán enfocadas; una segunda fase para la coordinación para operaciones policiacas específicas y prohibiciones y un tercera fase para tratamiento médico.

Aún así el abuso de las drogas no necesariamente conlleva al incremento del delito violento, dijo Mario Layera, director general de la Dirección General de Represión del Tráfico Ilícito de Drogas, de Uruguay.

“Lo que he visto en mi área es que cuando los usuarios de drogas no tienen dinero, ellos tratarán de obtener su dosis por cualquier medio. Primero ellos venden todo lo que tienen, después empiezan a robar la propiedad de los demás para obtener dinero”, dijo Layera. “Pero creo que esas acciones son mejor clasificadas como robo simple y no como un delito violento. Dicho de otra forma, el abuso de las drogas no me convierte en maleante o ladrón. En lugar de eso, son otros los factores relacionados con mis acciones o mi personalidad que me llevaron a este camino. Pienso que la violencia es causada por muchos factores y deberíamos estudiarlos todos.”

El alcohol y las drogas constituyen el 36% de los delitos cometidos por los presos en la cárceles uruguayas, de acuerdo con un reciente estudio realizado por la Junta Nacional de Drogas de Uruguay. La mitad de ellos estuvieron relacionados con el consumo de alcohol; la otra mitad estuvo relacionada con la pasta de cocaína. Esto significa que sólo el 18% de los prisioneros entrevistados atribuyen sus delitos a la pasta de cocaína.

Desafortunadamente, con la pasta de cocaína, el primer objetivo de la violencia creada es la propia familia de quien abusa de las drogas. Alguien que abusa de la pasta de cocaína “inicia robando a su familia inmediata”, finalizó Romani.

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