Crisis obliga a Venezuela a cobijarse con los tentáculos chinos

Préstamos ahogan a la nación sudamericana y la hacen presa fácil de los intereses ocultos de China.
Gustavo Arias Retana/Diálogo | 1 noviembre 2018

Amenazas Transnacionales

Las banderas de China y Venezuela ondean en la Plaza Tiananmen en Pekín, durante una visita de cuatro días del presidente venezolano Nicolás Maduro a China, el 14 de septiembre de 2018. (Foto: Wang Xin, AFP)

A mediados de septiembre de 2018 Nicolás Maduro visitó a uno de los pocos aliados internacionales que le quedan: China. El presidente venezolano buscaba financiamiento para darle un respiro a su administración. Aunque regresó sin préstamos, trajo consigo una veintena de acuerdos que dejan a Venezuela en una posición cada vez más dependiente.

“Venezuela fue la gran puerta de entrada de China a Latinoamérica, y el Caribe y aún lo es”, aseguró a Diálogo José Ricardo Thomas, politólogo de la Universidad Central de Venezuela y doctor en Asuntos Internacionales en la Universidad de Pekín. “Acá hubo una casta político-militar cómplice que por usufructo personal, negligencia, mala concepción geopolítica y ausencia de nacionalismo entregó y regaló el país a China”.

“El principal riesgo que corre Venezuela es terminar volviéndose sumamente dependiente de China, como en efecto ya parece haber ocurrido. Podría pasar a ser solo una ficha de negociación de los intereses de las grandes potencias”, agregó Mariano de Alba, abogado venezolano especialista en derecho internacional y relaciones internacionales. “Venezuela se ha puesto en una posición donde sus alianzas no son conforme a lo que más le conviene a los venezolanos, sino conforme a afinidades ideológicas y políticas. El escenario actual es uno en donde Venezuela ha perdido prácticamente toda su independencia”.

Lo que importa es el petróleo

Aunque no reveló muchos detalles sobre lo firmado en China, Maduro sí dejó claro que uno de los objetivos que buscan es darle estabilidad a la producción petrolera venezolana. Intención que, según De Alba no es nueva, porque el mayor interés que tiene China en Venezuela es aumentar su participación en la producción energética.

“El interés está en el sector energético sobre todo petróleo, gas y el acceso a materias primas como minerales valiosos. Luego en menor medida el sector de infraestructura y construcción”, explicó De Alba. “Por supuesto, cualquier potencia quiere tener acceso a materias primas claves como el petróleo para ser capaz de mantener su ritmo de crecimiento económico. Así que de alguna manera China aprovecha el espacio que existe en Venezuela”.

Según cifras de la Organización de Países Exportadores de Petróleo, durante 2017, Venezuela envió a China 330 000 barriles de petróleo como parte del pago de sus deudas. En el primer semestre de 2018 la producción petrolera en Venezuela cayó un 20 por ciento. 

El Gobierno venezolano anunció el aumento a las tarifas de gasolina, a pesar del inicio del nuevo sistema nacional de racionamiento de gasolina a través de un sistema biométrico chino, en Maracaibo, Venezuela, el 24 de septiembre de 2018. (Foto: Humberto Matheus, AFP)

Deuda cíclica

La relación entre China y Venezuela también está amarrada, según De Alba, por las deudas adquiridas por el país sudamericano. China ha concedido créditos a Venezuela durante los últimos 10 años por al menos de USD 62 millardos, de los que Venezuela todavía debe unos USD 23 millardos.

El país sudamericano realiza los pagos mediante suministro de petróleo. Sin embargo, durante los últimos tres años Pekín ha eximido a Maduro de repagar el principal de los préstamos y solo le ha cobrado los intereses.

“El problema que enfrenta Maduro es que la relación financiera entre Venezuela y China ya tiene varios años y el Gobierno chino se ha dado cuenta que el régimen venezolano no tiene la capacidad ni la intención de implementar reformas económicas serias para buscar un equilibrio y recuperar la senda del crecimiento económico”, aseguró De Alba. “Ahora Maduro acude a China, pero los chinos están conscientes del alto riesgo que supone invertir en Venezuela y en consecuencia solo han accedido a dar financiamiento limitado a sus empresas que operan en Venezuela para mantener la producción petrolera y así garantizar el envío de crudo a su país”.

Además de que estos préstamos tienen a Venezuela amarrado a su relación con China, dice Thomas, existe gran incertidumbre sobre qué incluyen. Su negociación siempre se ha dado bajo el secretismo de ambas autoridades.

“El desafío de los venezolanos estaría también en gestionar las operaciones opacas en créditos que asumieron [el fallecido presidente Hugo] Chávez y Maduro. Al presente, se desconoce el contenido de los contratos petroleros: flujos, contraprestaciones, tasas de interés, precios asignados para amortizar deuda, etc.” dijo Thomas. “Algo similar ocurre con los convenios firmados en torno a recursos naturales y materias primas. Se desconoce cuánta injerencia se permite a China. Por último, en caso de quiebra o cambio de régimen: ¿En qué tribunales reclamarán los chinos esos miles de millones de dólares entregados?”.​​​​​​​ 

Juego geopolítico

Otro punto que no se puede perder de vista, según Thomas, es que aunque China trata de enfocar su relación con Venezuela en términos económicos, es innegable que mantiene un interés geopolítico en Caracas, que forma parte de una estrategia de expansión global. “Todo es un movimiento calculado y preestablecido dentro del plan de asistencia y acción Pekín, Caracas, Estambul, Habana, Teherán y Moscú. El primero financia y coordina con cuidado algunas acciones del resto en pro de su geoestrategia de controlar la mayor cantidad de Estados, territorios, mercados y continentes, en detrimento de los Estados Unidos”, finalizó Thomas.

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