En la primera parte de esta entrevista, Leonardo Coutinho, director ejecutivo del Centro para una Sociedad Libre y Segura (SFS), trazó un panorama inquietante: el crimen organizado en Latinoamérica dejó de ser un fenómeno marginal para convertirse en un actor político capaz de alterar economías, instituciones y equilibrios regionales. Señaló, además, que Venezuela encarna el caso más extremo de esta transformación, un país donde las fronteras entre el poder formal y las redes criminales se han integrado por completo.
En esta segunda parte, Coutinho profundiza en la dimensión más invisible y también más peligrosa de la criminalidad transnacional, marcada por la convergencia entre Estados mafiosos y actores extrarregionales que operan en las sombras de la geopolítica. Según el experto, Venezuela no solo exporta cocaína, oro ilegal o violencia, también exporta inestabilidad. Lo hace, sostiene, de la mano de Irán, Rusia, China y Hezbolá, que han encontrado en el régimen chavista una plataforma ideal para desplegar una guerra no convencional en el hemisferio occidental.
Diálogo: Más allá de las alianzas regionales, investigaciones han señalado que el régimen de Maduro mantiene vínculos con actores extrarregionales como Hezbolá, así como con la presencia e influencia sistemática de Irán, Rusia y China. ¿Qué papel desempeñan estos actores en el sostenimiento de estructuras de “Estados mafiosos” o criminales? ¿Estamos ante alianzas principalmente políticas o también frente a una participación activa en economías ilícitas y aparatos de control interno?
Leonardo Coutinho, director ejecutivo del Centro para una Sociedad Libre y Segura: Aquí hablamos de soporte estratégico político y militar orientado a una guerra no convencional, una guerra de nueva generación. ¿Qué sostiene a Venezuela? El oro y el narcotráfico. Pero el apoyo real viene de China, Rusia e Irán.
Ellos proveen armas, drones, asesoría, mecanismos para evadir sanciones, lavado de dinero y flujo financiero. ¿Por qué lo hacen? Porque utilizan a Venezuela para generar inestabilidad regional. No se puede entender al Cártel de los Soles o al Tren de Aragua sin ver que existen dentro de un contexto geopolítico más amplio donde actores extrarregionales los usan como proxies para lograr sus objetivos geoestratégicos.
Diálogo: Siendo la estructura criminal del chavismo una amenaza real para la seguridad regional, sostenida en parte por actores extrarregionales, ¿cuál es la naturaleza específica de esa amenaza y qué desafíos plantea para los sistemas de defensa e inteligencia del hemisferio?
Coutinho: Latinoamérica es una plataforma estratégica dentro de una confrontación global, y esto ocurre por varios factores. Por un lado, generar conflictos en la región provoca inestabilidad democrática y costos directos, al disminuir recursos, energía y cohesión social. Un ejemplo histórico es cómo, durante el gobierno de Chávez, el flujo de cocaína hacia Centroamérica permitió que cárteles y pandillas crecieran como nunca en los últimos años, coincidiendo con momentos de conflicto regional. De manera similar, cuando China introduce precursores de fentanilo en México, busca desestabilizar a través de la violencia, lo que provoca migraciones masivas y genera divisiones sociales internas: esta es la lógica de una guerra híbrida orientada a fracturar sociedades.
Por otro lado, Latinoamérica tiene un valor geoestratégico por su ubicación. La región ofrece espacio para monitoreo y control de satélites, ya sea para espionaje, tracking de misiles o comunicaciones. Por ello, los proyectos que China impulsa en la región no son casuales: Latinoamérica se convierte en parte de un escenario global que, incluso, asegura la supervivencia de su régimen. Un ejemplo claro es Brasil, fundamental para China en términos de producción agrícola. El país suramericano abastece de alimentos —carne, soya, maíz y otras proteínas— a la población china, que no tiene capacidad para producirlos internamente. Además, este comercio implica un enorme uso de agua, un recurso cada vez más escaso. Al exportar alimentos, Brasil también está exportando su agua, y China busca controlar estos recursos estratégicos, captando elites y asegurando su acceso a largo plazo. Reemplazar esta capacidad en otro continente, como África, no es viable en el corto plazo.
El tercer elemento es logístico. China observa la importancia estratégica del Canal de Panamá y sabe que no puede controlar completamente esta vía. Por ello, construye rutas alternativas bajo la bandera de supuesta integración regional, como la promoción del puerto de Chancay en Perú. Más allá de su interés comercial, estos puertos tienen un potencial dual: podrían convertirse en bases militares chinas en el futuro. La estrategia se completa al capturar gobiernos de la región mediante incentivos económicos: compras masivas, préstamos, proyectos de infraestructura. Todo ello les permite ganar influencia y avanzar sus objetivos estratégicos y geopolíticos.
En conjunto, estos factores convierten a Latinoamérica en un escenario ideal para la guerra híbrida global: un espacio donde el conflicto económico, social, político y estratégico se entrelaza para servir a los intereses de potencias extranjeras.
Diálogo: ¿Qué tipo de respuesta coordinada deberían articular las democracias del hemisferio para contener la expansión del crimen organizado transnacional y evitar que erosione de manera irreversible la seguridad y la gobernabilidad del continente?
Coutinho: Es fundamental implementar un mejor sistema de control financiero más sólido y coordinado de las operaciones de estas organizaciones. Se requiere una integración efectiva de la información financiera que permita cortar los flujos de dinero que sostienen a las estructuras criminales y debilitarlas de raíz. No basta con combatir el narcotráfico en las calles, es imprescindible atacar la producción desde su origen. El ejemplo del Plan Colombia que ya fue hace 25 años sigue ahí y se debería de volver a hacer. Hay que buscar acuerdos con los países productores y estrategias de erradicación sostenida que puedan lograr resultados reales.
Los gobiernos deben estar dispuestos a tomar decisiones duras, incluso si resultan impopulares, y asumir que la lucha contra estas organizaciones implica riesgos y pérdidas estratégicas. Al mismo tiempo, la cooperación hemisférica en vigilancia, inteligencia y compartición de información sobre criminales es clave. Solo con un enfoque integral, que combine control financiero, erradicación en el origen y coordinación internacional, será posible contener y eventualmente revertir la expansión del crimen organizado transnacional.



