Costa Rica estableció relaciones diplomáticas con China el 1.º de junio de 2007, motivada por promesas de inversiones millonarias y cooperación estratégica. Sin embargo, en los años siguientes, un análisis de la relación revela una serie de proyectos fallidos y un marcado desequilibrio comercial. A pesar de su apertura económica, China ha tenido dificultades hasta ahora para traducir su presencia financiera en una influencia política o opinión significativa en el país.
Inicios y expectativas
El giro diplomático, marcado por el rompimiento con Taiwán, se tradujo inicialmente en obsequios y promesas como la construcción del Estadio Nacional y la compra de bonos estatales. Sin embargo, con el tiempo, estas expectativas se transformaron en frustración y resultados limitados. La estrategia comercial china se topó con el marco legal e institucional costarricense, un entorno mucho más exigente y transparente que el de otros países de la región.
Según explicó a Diálogo Carlos Murillo, académico de la Universidad de Costa Rica, la presencia china ha sido mucho más limitada que en otros países centroamericanos. “La diferencia está en la cultura política: procesos más complejos y transparentes, una asamblea legislativa que cuestiona cada decisión y una prensa vigilante, factores poco comunes en el resto de Centroamérica”.
El Estadio Nacional, un regalo de alto perfil de China, pronto se convirtió en fuente de controversia. Construido por la empresa china Anhui Foreign Economic Construction Group, el proyecto enfrentó cuestionamientos por intentos de desviar equipo importado libre de impuestos, un incidente que presagió temas recurrentes de falta de transparencia y desprecio por las leyes locales en futuros proyectos liderados por China.
Proyectos fallidos y desafíos estratégicos
El más emblemático es el de Soresco, la refinería conjunta entre la Refinadora Costarricense de Petróleo (Recope) y la compañía estatal de China CNPCI. El proyecto fracasó en 2016 cuando CNPCI intentó imponer a su propia filial como evaluadora independiente, lo que contradecía las normas nacionales. Después de 12 años de conflictos y un arbitraje internacional, en 2019 Recope anunció la disolución de Soresco. El tribunal arbitral de la Corte Internacional ordenó su liquidación y cinco personas vinculadas a la empresa fueron investigadas por presunto peculado y mala administración.
“Soresco también fracasó por desatender la oposición ambientalista, instalaciones obsoletas y un plan que requería un oleoducto hasta el Pacífico sin un puerto adecuado para recibir buques”, explicó Murillo. “Ese proyecto nació muerto”.
Otro proyecto polémico es la Ruta 32, a cargo de China Harbor Engineering Corporation, acusada de corrupción. La ampliación de la carretera comenzó en 2011 y, en un principio, se esperaba que estuviera terminada en 2018. Desde entronces, el proyecto ha acumulado más de 12 años de retrasos debido a una combinación de deficiencias en la construcción y problemas de acceso a terrenos, generando riesgos de movilidad y conflictos con comunidades.
El Barrio Chino, de San José, un regalo de Pekín, bloqueó una vía clave, atrajo pocas tiendas y sufrió problemas de inundaciones debido a fallas de diseño. A poco más de un año de su inauguración en 2012, ya mostraba signos de decadencia comercial.
En el sector de las telecomunicaciones, la decisión del Gobierno de exigir que los proveedores de redes 5G fueran signatarios del Convenio de Budapest excluyó de facto a empresas como Huawei, una medida que provocó una acción legal por parte de la empresa. La apelación de Huawei fue rechazada por la Corte Constitucional y el caso aún no se resuelve.
“Huawei carga con una imagen pública negativa. Aunque sus ofertas han sido considerablemente más baratas, la percepción generalizada es de desconfianza: muchos creen que lo barato implica riesgos de vigilancia y control”, explicó Murillo. “Más que los costos, lo que pesa es la sospecha hacia la empresa y, por extensión, hacia China”.
Comercio y desequilibrio estratégico
Costa Rica no logró aumentar significativamente sus exportaciones a China pese al cambio de reconocimiento diplomático y a la firma del tratado de libre comercio en 2011. Por el contrario, los productos y negocios chinos se expandieron en el país, desplazando empresas locales y generando un déficit comercial creciente a favor de Pekín.
“Con China es clarísimo que nunca vamos a poder exportar más de lo que importamos”, advirtió a Infobae Andrei Calderón, experto costarricense en comercio internacional.
El modelo chino consiste en ofrecer cooperación no reembolsable a cambio de reconocimiento diplomático, lo que se traduce en obsequios simbólicos y un marcado desequilibrio de comercio. En 2012, China propuso seis zonas económicas especiales, que el gobierno costarricense rechazó, y en 2018, Costa Rica se unió a la Iniciativa de la Franja y la Ruta en un intento por fomentar mayores lazos económicos. Sin embargo, estos esfuerzos hicieron poco por cerrar la creciente brecha comercial. Costa Rica sigue enfrentando un déficit comercial de casi el 90 por ciento en su relación con China, un hecho que pone de relieve un error de cálculo fundamental.
“Costa Rica nunca dimensionó lo que significaba comprometerse a largo plazo con China. Al no hacerlo, no entendió en qué se estaba metiendo realmente”, afirmó a Diálogo Carlos Cascane, académico de la Universidad de Costa Rica. “Para un país pequeño como el nuestro, pensar que China podría equilibrar nuestras exportaciones frente a los Estados Unidos fue siempre una quimera”.
Presión diplomática
La presión diplomática de China sobre Costa Rica va más allá de las telecomunicaciones. En junio de 2025, la Embajada de China emitió un comunicado tras revelarse que cinco agentes de la agencia de la Dirección de Inteligencia y Seguridad Nacional (DIS) recibieron entrenamiento en Taiwán, subrayando la sensibilidad de Pekín ante cualquier contacto oficial con la isla.
“La cercanía de Costa Rica con los Estados Unidos ha sido una constante de su política exterior. Esa relación se refleja en el intercambio de inteligencia, en programas de capacitación y en la cooperación en seguridad, de la cual depende en gran medida el país”, sostuvo Cascante. “Al final, esa conexión con Washington pesa más para Costa Rica que cualquier promesa hecha por China”.
Opinión pública e influencia
Murillo sostiene que China ha tenido dificultades para moldear la opinión pública ni incidir en la agenda política nacional. “Pekín no ha entendido la cultura política del país o ha fallado en su estrategia de comunicación. Incluso iniciativas como becas e invitaciones de corta estancia en China no han generado la influencia que esperaban”.
En Centroamérica, Costa Rica, junto con Nicaragua y Honduras, demuestra que los supuestos beneficios comerciales de los acuerdos con China rara vez se concretan.
“Si añadimos el tema del 5G a los proyectos inconclusos y el enfriamiento general de los vínculos, diría que hoy la relación entre Costa Rica y China atraviesa su punto más bajo desde el establecimiento de relaciones en 2007”, concluyó Cascante.


