Curso de lanceros de Colombia, 62 años de entrenamiento

Colombian Ranger Course, 62 Years of Training

Por Yolima Dussán/Diálogo
junio 20, 2017

Tras 77 días de intenso entrenamiento militar que implica una gran exigencia física, psicológica y mental para obtener la lanza que los acredita como Lanceros de Colombia, 78 oficiales y suboficiales lanzaron el grito que resume los valores del curso de combate con mayor prestigio entre los ejércitos de la región. “Lealtad, valor y sacrificio”, es una trilogía que enorgullece a los miembros del Ejército de Colombia. A la fecha se han desarrollado 425 cursos, de los cuales 85 han contado con la participación de alumnos de 22 países. Entre otros, Argentina, Bolivia, Brasil, Canadá, Chile, Ecuador, España, Estados Unidos, Francia, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana y Uruguay han terminado este entrenamiento. Ecuador (116) y los Estados Unidos (124) son las naciones que mayor número de militares han enviado a la Escuela de Lanceros del Ejército de Colombia, fundada en 1955. La aparición en Colombia de los grupos guerrilleros hace más de 60 años definió la necesidad del Ejército por nuevas formas de lucha y estrategia. Fue en Fort Benning, Georgia, donde llegó el primer grupo de militares colombianos a tomar el Curso de Ranger, considerado el más eficaz para la adquisición de la técnica de combate irregular. A este entrenamiento de nivel táctico de pequeñas unidades para comandantes de escuadras, pelotones y compañías, acceden oficiales en los grados de capitán, teniente y subteniente. En los de suboficiales, hay sargentos, sargentos segundos, cabos primeros y segundos. Las razones de su prestigio “En Colombia medimos la eficiencia del curso [de Lanceros] porque lo ponemos en práctica en la vida real”, aseguró a Diálogo el Coronel Siervo Tulio Roa Roa, comandante de la Escuela de Lanceros. “La experiencia acumulada durante tantos años de combate irregular con grupos guerrilleros que no lograron su objetivo por la vía armada demuestra la fortaleza del accionar de las unidades de combate de nuestros lanceros”, agregó. En 1955, cuando regresó el primer grupo de oficiales y suboficiales de capacitarse en el curso de Ranger en los EE. UU., lo hicieron acompañados por funcionarios del Ejército de los EE. UU. Ahí nació la unidad Escuela de Lanceros, nombre inspirado por una pequeña unidad de luchadores aguerridos en la gesta emancipadora de 1819. Ahora, 62 años después, sus bases siguen siendo las mismas, pero la dimensión del entrenamiento es mayor; está alineada con el objetivo de un ejército multimisión. Lealtad, valor y sacrificio El lema del curso es el credo del lancero, de quien se espera corra la milla demás y entregue el 110 por ciento. “Mientras el comandante tenga a un lancero bajo su mando ya no serán operaciones imposibles. El compromiso del militar que toma el curso es muy alto. El que aplica sabe qué enfrenta. No todos logran pasarlo”, dijo a Diálogo el Mayor Ramón Raúl Royero, inspector de estudios de la Escuela de Lanceros. En 2016 ingresaron 1.058 alumnos. Se graduaron 906. En promedio, entre un 15 y un 20 por ciento desiste. A través de este entrenamiento, reservado [por el momento] para hombres, se fortalecen las capacidades físicas, técnicas, tácticas, tecnológicas, psicológicas y humanísticas de sus integrantes. “El programa tiene varias fases con un punto de inicio de tres días de incorporación durante los cuales el futuro lancero es sometido a pruebas psicológicas, físicas de tierra y de agua. También a exámenes médicos y de laboratorio, los cuales determinarán sus condiciones y aptitudes”, explicó el May. Royero. Luego viene una fase de adaptación de 16 días de inmersión en el planeamiento escrito de las operaciones y el estudio de materias del área técnica, de comunicaciones, sanidad, derechos humanos, etc., junto con los fundamentos en armamento, tiro, asalto aéreo, pistas de obstáculos, combate cuerpo a cuerpo, etc. En esta fase se presenta el mayor número de deserciones. Lo único constante es el entrenamiento físico diario, cada vez más riguroso, exigente y casi demoledor. La prueba final La fase de fundamentación táctica que comprende 22 días está dedicada a la doctrina de combate irregular que pasa al ejercicio real, práctico y evaluable con un enemigo simulado. Incluye el planeamiento a nivel escuadra. Dedican 10 días al entrenamiento en la fase de montaña, en el Páramo de Sumapaz, en el departamento de Cundinamarca. Es un fuerte entrenamiento de supervivencia en un clima agreste. Aquí los ejercicios prácticos evaluables son a nivel de pelotón. En el Fuerte Amazonas 2, al sur del país, realizan la fase de operaciones en la selva. En ese ambiente inhóspito, húmedo, desconocido y sorpresivo, los lanceros realizan ejercicios prácticos evaluables a nivel pelotón. Después escalarán esas acciones a nivel compañía. Tras el estudio de técnicas de supervivencia llega la prueba final, una marcha de máxima exigencia en la selva. Treinta y seis kilómetros de caminata durante la noche con 20 kilos de peso al hombro es la dotación normal para un lancero. Es una misión simulada de largo alcance y la prueba mayor. La operación implica resolver ejercicios inesperados donde es necesario poner en práctica todo el entrenamiento recibido: tácticas en cautiverio, ascenso y descenso de árboles, refugios, claves de aislamiento, doctrina en selva, combate encuentro, base de patrulla móvil, cruce a flor de agua. Tras 22 días de operaciones en la selva, el entrenamiento habrá terminado. Resta la evaluación de los resultados. Tras cuatro días de espera conocerán la evaluación de los superiores. Después, asistirán a una ceremonia de graduación memorable que certifica a los hombres como lanceros de Colombia. Son “hombres que nunca vuelven a ser los mismos, militares dueños de condiciones especiales, acostumbrados a responder con eficacia y conocimiento, dotados de capacidades para resolver situaciones adversas, con un fuerte arraigo por el bienestar de la sociedad civil”, concluyó el Cnel. Roa.
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