Ejército de Colombia destruye megalaboratorio de cocaína en Nariño

La fábrica ilegal producía 5 toneladas mensuales de cocaína.
Yolima Dussán/Diálogo | 11 octubre 2018

Amenazas Transnacionales

El laboratorio dividido en 13 estructuras rústicas conectadas entre sí tenía una capacidad de producción mensual de 5 toneladas de clorhidrato de cocaína. (Foto: Ejercito Nacional de Colombia)

Tropas de la Vigésima Tercera Brigada del Ejército Nacional, de la Brigada Especial Contra el Narcotráfico del Ejército y de la Dirección Antinarcóticos de la Policía Nacional de Colombia ubicaron y destruyeron un megalaboratorio con equipo para procesar clorhidrato de cocaína en una operación el 24 de agosto de 2018. Se trata del mayor laboratorio encontrado hasta la fecha en el municipio de Cumbitara, departamento de Nariño, en el suroccidente colombiano.

“Cumbitara, junto con los municipios de Leyva, Rosario y Policarpa, forma parte de la tercera área más productiva de coca del departamento de Nariño”, aseguró a Diálogo el Coronel del Ejército Oscar Moreno, comandante de la Vigésima Tercera Brigada. “Bajo la influencia del Frente 29 y de grupos de paramilitares y autodefensas, ha sido un foco de disputas por ser el principal corredor del narcotráfico de la zona”.

El laboratorio pertenecía al grupo armado residual Frente 29 de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). El complejo estaba dividido en 13 estructuras rústicas conectadas entre sí, con una capacidad de producción mensual de 5 toneladas de clorhidrato de cocaína, cuya comercialización en los mercados ilegales internacionales representaría USD 135 millones, de acuerdo con el Ejército.

Millonario decomiso

En la estructura, las autoridades encontraron cinco destiladores para refinar la pasta de coca, dos plantas eléctricas, cinco tanques de almacenamiento y marquillas para marcar cada kilo de droga identificada con el nombre del propietario. Además fueron decomisadas empacadoras al alto vacío, 34 hornos de microondas, dos prensas hidráulicas, cuatro baños artesanales, dos estufas industriales, 14 probetas, 18 acidímetros, dos compresores, 10 cilindros de gas, 65 tanques plásticos y 3500 rollos de cinta para empacar, entre otro equipo e insumos, informó el Ejército.

La operación se llevó a cabo en un asalto aéreo, con helicópteros que permiten una acción rápida en los decomisos, pero con la desventaja de que producen ruido. Esto permitió que los procesadores de la pasta de coca y los integrantes de los anillos de seguridad huyeran al escuchar el sonido de las aeronaves, por lo que no hubo detenidos.

Ayuda internacional

Durante el 2018, las fuerzas del orden colombianas han destruido ocho laboratorios en la zona, donde la proximidad con el río Patía hacia el océano Pacifico fomenta el desarrollo de estas fábricas de droga. (Fotos: Ejercito Nacional de Colombia)

El incremento de las intervenciones para ubicar y destruir laboratorios forma parte del denominado Plan Diamante del Ejército Nacional. El plan consolida el modelo de ejercicio determinado por la doctrina Damasco, eje fundamental de las Fuerzas Militares de Colombia, en donde se aprovecha la interoperabilidad de las operaciones coordinadas conjuntas e interinstitucionales.

“Tenemos un plan bien conformado que contempla todos los frentes. Recibimos gran apoyo de los Estados Unidos para hacer que los procesos con la comunidad sean sostenibles”, aseguró a Diálogo el Brigadier General del Ejército Raúl Hernando Flórez, comandante de la Brigada Especial Contra el Narcotráfico. “Trabajamos en mecanismos para retomar capacidades en la erradicación, intervención y aspersión inteligente, basados en el marco que determinen las normas”.

Los nuevos lineamientos legales clasifican los centros de acopio de cocaína y los depósitos de insumos como objetivos de alto valor. “Esta condición obliga a incrementar los esfuerzos de inteligencia, de investigación y de judicialización”, explicó el Brig. Gral. Flórez. “El fortalecimiento de la cooperación internacional es una de las herramientas más importantes de las operaciones en contra de este delito trasnacional, así como el fomento de los centros de coordinación contra las finanzas, con un enfoque coordinado de comunicaciones estratégicas y dos claros mensajes: el que la hace la paga y, en especial, que el delito del narcotráfico no tiene ninguna connotación de orden político”.

“Pero nada de esto saldrá bien si no logramos estrategias conjuntas, coordinadas, interagenciadas y multinacionales para prohibir el consumo y porte de estupefacientes en cualquier área de nuestra región”, agregó el Brig. Gral. Flórez. “Estamos en esa revisión, ajustamos el diagnóstico de la problemática”.

Grupos residuales dedicados al narcotráfico

Durante el 2018, el Ejército ha destruido ocho laboratorios en la zona. Se presume que todas estas fábricas procesadoras de droga eran propiedad de los grupos residuales de las FARC.

“Los grupos residuales están dedicados cien por ciento al narcotráfico, no hay ideología, no hay política, solo hay negocio y este es el narcotráfico, financiado por bandas colombianas y mexicanas”, aseguró el Cnel. Moreno. “Ubicar y llegar a estos laboratorios obedece a una operación compleja donde utilizamos inteligencia, [recursos] técnicos y tecnológicos, sobrevuelo, inspección de calor, muchos días de seguimiento y, claro, la ayuda de la comunidad”.

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