Armadas de Colombia y Perú realizan XII jornada de apoyo a poblaciones rurales

Un equipo combinado de especialistas atiende las necesidades médicas, legales y de ayuda humanitaria en 60 poblaciones de los ríos Putumayo y Amazonas.
Yolima Dussán/Diálogo | 28 junio 2018

Relaciones Internacionales

Los problemas de salud y desnutrición en poblaciones remotas son prioridad para el equipo de 80 especialistas de la XII Jornada de Apoyo al Desarrollo Binacional Colombia-Perú 2018. (Fotos: Armada Nacional de Colombia)

La XII Jornada de Apoyo al Desarrollo Binacional Colombia-Perú 2018 zarpó el 19 de mayo desde el muelle de la Fuerza Naval del Sur, componente de la Marina de Guerra del Perú, en Puerto Leguizamo, provincia de Putumayo. La jornada, liderada por la Armada Nacional de Colombia y la Marina de Guerra del Perú, tendrá una duración de 60 días, al final de los cuales miles de personas en 60 poblaciones de ambos países habrán recibido atención y apoyo médico y legal.

Con la ambiciosa expedición, los dos países buscan reafirmar la soberanía nacional y estrechar lazos de hermandad. Son más de 2000 kilómetros de recorrido a través de los cuales llevan atención médica en diferentes especialidades, actividades lúdico-recreativas, soporte en trámites para formalizar a los ciudadanos y más de 120 toneladas de ayuda humanitaria.

“La jornada es una victoria militar, explicada en la cantidad de oferta institucional que llevamos a regiones a donde antes era difícil acceder por efecto de la alteración del orden público”, manifestó a Diálogo el Contralmirante de la Armada de Colombia Ricardo Hurtado Chacón, comandante de la Fuerza Naval del Sur. “Hemos hecho la jornada durante los últimos 12 años, pero solo hasta ahora podemos contar con la colaboración de entidades Estatales cuyos servicios requieren los pobladores de la región, y con el apoyo de la empresa privada, que ahora siente tranquilidad a la hora de acompañarnos”.

Fronteras vivas

El equipo combinado de asistencia contó con más de 80 personas de los ministerios de Defensa, de Salud y otros, de ambos países, de diversas organizaciones civiles de apoyo legal y social, además de representantes de la Embajada de los Estados Unidos en Colombia. “Son grupos indígenas sin documentos de identidad, necesarios para acceder a todos los servicios; sin registros civiles, sin pasaporte”, explicó a Diálogo el Capitán de Corbeta de la Armada de Colombia Julio Cristancho Rivera, jefe del Departamento de Acción Integral de la Fuerza Naval del Sur. “Si bien es cierto que su vida transcurre en una frontera viva, también es necesario tener la documentación en regla para vivir como todos los ciudadanos”.

Una frontera viva es la correlación existente entre un país y otro en una línea de frontera formal, donde no cuenta la posición geográfica de un lindero específico sino la interacción entre dos comunidades fronterizas. En una frontera viva los habitantes comparten geografía, historia, economía, relaciones sociales y familia, entre otros.

“Migración Colombia tiene una labor importante en la jornada. Su misión es la de enterar a las comunidades sobre la forma de realizar los procesos migratorios, la importancia de tener sus documentos en regla y las garantías que representan para un ciudadano”, comentó el Cap. de Corb. Cristancho. “[Los ciudadanos] acostumbran pasar de un lado al otro de la frontera sin problema; pero con la llegada de los servicios del Estado, corresponde formalizar su condición y los procesos”.

Fraternidad al servicio de la comunidad

Tres buques y dos bongos de las marinas de Colombia y Perú recorren 2000 kilómetros y 60 poblaciones en la jornada realizada durante los últimos 12 años de manera ininterrumpida. (Fotos: Armada Nacional de Colombia)

Perú y Colombia realizan las Jornadas de Apoyo al Desarrollo Binacional desde 2007. En ese período las marinas de los dos países desarrollaron una sinergia especial para un trabajo orgánico y planificado.

Cada armada lleva una misión, un presupuesto dirigido a sus nacionales y algunos ejercicios independientes cuya travesía llega a El Estrecho, pueblo peruano ubicado frente a la población colombiana de Marandúa, donde las embarcaciones empezaron a navegar de manera conjunta. “A partir de ese momento, nuestros médicos se integran a los suyos; atienden un día a habitantes de una localidad peruana; al otro a pobladores colombianos”, comentó el Cap. de Corb. Cristancho.

La columna vertebral de las marinas de Perú y Colombia son la integración de esfuerzos, el crecimiento y desarrollo de las comunidades fronterizas, mejorar su calidad de vida y cumplir con la misión de llevar todos los servicios del Estado. “Hacemos un trabajo ejemplar en la coordinación y en la fraternidad. Los marinos de todo el mundo hablamos el mismo lenguaje, nos entendemos perfectamente. Trabajar con la Marina del Perú es gratificante, somos parecidos, somos hermanos y latinoamericanos”, resaltó el Contralmte. Hurtado.

Transformación del conflicto

Los elementos de la Armada de Colombia tienen a su cargo la diversión y el entretenimiento, buscado y apreciado por los pobladores. En la noche proyectan películas, gracias a la vinculación de una empresa privada y a la logística militar para llevar la experiencia a las zonas donde no hay teatros ni salas de cine.

Tres buques y dos bongos de las marinas de los dos países realizan la travesía. “La expectativa es grande en las comunidades”, aseguró el Cap. de Corb. Cristancho. “Solo tenemos un día por población, no podemos quedarnos más; el trazado es largo y la idea es atender al mayor número de personas”.

El ejercicio binacional de cooperación terminará el 19 de julio de 2018. Al final, 25 000 personas entre niños, adolescentes y adultos colombianos y peruanos habrán recibido atención y se habrán acercado a los servicios del Estado, desconocidos en su mayoría.

“Llegamos a una madurez que permite pensar en hacer una operación más permanente. En tanto llega la presencia del Estado representada en una estructura fija, nuestros barcos son la solución”, finalizó el Contralmte. Hurtado. “El problema del orden público por presencia de grupos guerrilleros disminuyó. La seguridad no es ya la mayor preocupación. Ahora el problema es el de la convivencia ciudadana. La trasformación de la preocupación de las personas cambia cuando cambia su concepto de seguridad”.

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