Un informe del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) advierte sobre el avance en la construcción, operación o financiamiento de puertos en Latinoamérica y el Caribe, así como sobre los riesgos más complejos para la seguridad de lo que se creía anteriormente. El estudio, No hay puerto seguro, identifica al menos 37 proyectos en 15 países —un aumento notable respecto a la década anterior— con la participación de empresas controladas por el Partido Comunista de China (PCCh).
Según el CSIS, aunque estas inversiones son presentadas como iniciativas comerciales o de desarrollo público, la infraestructura controlada por China puede tener un uso dual con consecuencias para la seguridad regional. Algunos puertos estarían planeados para funcionar como monitoreo naval y comercial, recolección de inteligencia o apoyo logístico en caso de conflicto.
Entre los casos destacados por el informe figuran el puerto de Chancay, en Perú, operado por COSCO Shipping Ports, con estrechos vínculos con el PCCh; los puertos mexicanos de Manzanillo y Veracruz; y Kingston, en Jamaica, un nodo clave en el Caribe.
Si bien tras inversiones civiles Pekín instaló bases navales en Yibuti y Camboya, en Latinoamérica el riesgo se manifiesta de forma más indirecta. El CSIS advierte que el control sobre puertos estratégicos permite recopilar datos logísticos, ventajas operativas y capacidad para limitar, retrasar o bloquear el uso de estas instalaciones en una eventual crisis.
El espectro de riesgos estratégicos
El informe del CSIC detalla una serie de amenazas que van más allá de las preocupaciones militares tradicionales.
– Despliegue encubierto: El informe advierte que la infraestructura civil puede facilitar operaciones encubiertas, una dinámica que es motivo de creciente preocupación. China desarrolla sistemas de lanzamiento de misiles de crucero ocultos en contenedores, lo que representa riesgos si logra introducir, sin ser detectada, este tipo de capacidad a través de puertos bajo su control. El diario británico The Sun abunda que China ha diseñado misiles tipo “caballo de Troya” camuflados en contenedores marítimos, capaces de ser lanzados desde puertos enemigos. Esta tecnología permitiría ocultar armamento dentro del tráfico comercial internacional.
“La dinámica se asemeja a una guerra fría donde los ataques ya no son convencionales, sino dirigidos a infraestructuras estratégicas que definen la capacidad de un Estado frente a otro”, explicó en entrevista con Diálogo Federico Rabino, experto en relaciones internacionales y geopolítica; y director del Instituto Fernando de la Mora en Paraguay. Rabino considera que estos misiles funcionan como herramientas de disuasión. “China busca mostrar poder militar ante posibles controversias”.
– Pilar para la expansión portuaria: La presencia de China en los puertos latinoamericanos forma parte de su Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI), que busca consolidar una nueva “Ruta Marítima de la Seda”. Según el sitio Defense Info, mediante miles de millones de dólares en inversiones, Pekín busca establecer una red global de infraestructura que consolide su posición en el comercio marítimo.
Para Rabino, “toda acción de China ya sea a través de préstamos, proyectos o iniciativas vinculadas a la BRI, buscan aumentar su influencia geopolítica. Pekín también apunta a romper los cordones de contención en el Pacífico y crear nodos duales, con funciones comerciales, tecnológicas y potenciales capacidades militares”. Casos como el megapuerto de Chancay en Perú y la compra de activos en puntos estratégicos como en el Canal de Panamá, reflejan este patrón.
– Vulnerabilidad institucionales: Rabino advirtió que empresas como COSCO, China Merchants o ZPMC están obligadas por la Ley de Inteligencia Nacional de China a colaborar con tareas del PCCh, como recolectar metadatos sobre tráfico naval o carga sensible. “Esto trasciende lo comercial y plantea implicaciones de seguridad regional. A diferencia de las compañías occidentales, las firmas chinas que operan en el extranjero representan, directa o indirectamente, los intereses del régimen de Pekín”, puntualizó Rabino. “Esta diferencia es clave para entender su papel en los actuales proyectos portuarios”.
La falta de supervisión independiente en Chancay implica riesgos asociados al comercio ilícito y a prácticas de corrupción, con informes del uso de instalaciones portuarias vinculadas al PCCh, como rutas para el contrabando de cocaína. La Fundación Andrés Bello también señala que preocupa el uso de grúas de China en Chancay, Guayaquil y otros puertos de la región, que podrían facilitar la recolección encubierta de información sobre movimientos comerciales. De acuerdo con la plataforma europea Modern Diplomacy, China avanza en el control indirecto de rutas oceánicas a través de puertos civiles y acuerdos opacos, lo que le permitiría desplegar fuerzas militares bajo cobertura comercial sin declararlo abiertamente.
– Concentración portuaria: De los 10 puertos operados por empresas chinas en la región, siete están bajo la administración de Hutchison, compañía de inversiones de Hong Kong que controla terminales estratégicas en Balboa y Cristóbal, en Panamá. El informe de CSIS sugiere una coordinación estrecha entre Hutchison y los intereses estratégicos chinos.
En 2025, Hutchison anunció la venta de 43 puertos, incluidos siete en Latinoamérica, a un consorcio liderado por BlackRock, en una operación valorada en USD 23 000 millones, y sujeta a revisión antimonopolio en China. “Entre estas terminales, Balboa y Cristóbal son clave. Su ubicación estratégica explica la demora de Pekín en aprobar la operación, ya que busca conservar capacidad de influencia en el tráfico marítimo y en los países donde opera”, explicó Rabino. Los informes indican que otra empresa del PCCh, identificada como COSCO, ha surgido como un posible inversor estratégico en el acuerdo.
Estrategias de mitigación
Mientras los socios internacionales exploran formas de reducir los riesgos, los países de la región también pueden implementar sus propias estrategias para mitigar las amenazas asociadas a los puertos controlados por China, centrándose en el fortalecimiento de la resiliencia nacional y la mejora de la cooperación regional en materia de seguridad.
Sobre el panorama futuro, Rabino considera que “la influencia de China no disminuirá, ya que aún no ha consolidado su posición en la región y mantiene su objetivo de ampliarla”.


