Fuerzas Armadas Brasileñas apoyan emergencia en desastre minero

Militares, bomberos, equipos de defensa civil, policías, médicos y voluntarios trabajaron juntos en la mayor operación de rescate de la historia de Brasil, ante una catástrofe que dejó un saldo de 300 víctimas entre muertos y desaparecidos.
Andréa Barretto/Diálogo | 26 marzo 2019

Respuesta Rápida

Equipos de distintos cuerpos de bomberos en Brasil participarán en operaciones de búsqueda y rescate en la región afectada por la avalancha. (Foto: Cuerpo Militar de Bomberos de Minas Gerais)

Unos 190 militares de las Fuerzas Armadas Brasileñas trabajaron en misiones de búsqueda y rescate en una de las catástrofes más graves que hayan ocurrido en el país. Una oleada de lodo tóxico enterró todo a su paso, luego de que una represa colapsara el 25 de enero de 2019, con desechos mineros ferrosos.

El dique formaba parte de la mina Córrego do Feijão,  en el municipio de Brumadinho, estado de Minas Gerais. Las primeras víctimas fueron empleados de la misma empresa, que trabajaban en el área administrativa de la mina cuando la represa se quebró.

Unos 12 millones de metros cúbicos de barro se extendieron por más de 46 kilómetros y destruyeron casi todo lo que estaba a su paso. La avalancha también llegó al río Paraopeba, que forma parte de la cuenca del río São Francisco y pasa por 48 ciudades brasileñas.

“Sin duda lo que sucedió en Brumadinho es la mayor tragedia que he vivido en toda mi carrera militar”, afirmó el Teniente del Cuerpo Militar de Bomberos Raimundo Carlos Dias de Matos, que tiene 22 años de experiencia. El militar fue uno de los más de 400 miembros de distintos cuerpos de bomberos de Brasil que trabajaron en la mega operación.

El 25 de febrero se cumplieron 30 días de las misiones de búsqueda y rescate. Durante ese período, los rescatistas hallaron a 192 personas con vida y 176 víctimas mortales. Cerca de 130 personas continúan desaparecidas. Además, la flora y la fauna de la región sufrieron graves daños. La Brigada Animal –equipo formado por veterinarios, zootecnistas, voluntarios y estudiantes de la región– rescató a más de 350 animales como perros, gatos, bueyes,  vacas, aves y reptiles.

Trabajo en equipo

El personal involucrado en el rescate contó con diferentes tipos de equipos para hacer la búsqueda de sobrevivientes en medio del lodo, que escurrió por más de 46 kilómetros. (Foto: Felipe Werneck, Ibama)

Además de militares del Ejército, de la Marina y de la Fuerza Aérea Brasileña (FAB), las operaciones en el área de Brumadinho movilizaron a militares de la Fuerza Nacional de Seguridad Pública –organismo vinculado al Ministerio de Justicia y Seguridad Pública–, bomberos, equipos de Defensa Civil y voluntarios. El Comando Militar del Este coordinó el trabajo de los militares en apoyo de los equipos de Defensa Civil y del Cuerpo de Bomberos. En la operación, las maniobras aéreas fueron fundamentales, ya que después de 15 días del desastre el material no se había solidificado, lo que dificultaba el desplazamiento de los socorristas.

“Durante los primeros 30 días de la operación hubo un promedio de 299 despegues y aterrizajes por día. Fue el mayor movimiento aéreo registrado en Minas Gerais”, expresó el Teniente Pedro Aihara, portavoz del Cuerpo Militar de Bomberos de Minas Gerais.

En los trabajos se utilizaron 31 aeronaves, tres de las cuales eran de las Fuerzas Armadas y el resto pertenecían a cuerpos de bomberos de distintos estados, a las policías Militar, Civil y Federal, y al Instituto Brasileño del Medio Ambiente y de Recursos Naturales. “Eso demuestra en realidad la magnitud de la operación: más de 1400 misiones aéreas y todo un equipo designado”, afirmó el Tte. Aihara.

La dirección del tráfico aéreo en la región quedó a cargo del Primer Grupo de Comunicaciones y Control, unidad subordinada al Departamento de Control del Espacio Aéreo de la FAB. El grupo fue responsable de asegurar que las diversas aeronaves empleadas en la operación pudieran trabajar de forma ordenada y sin accidentes. El control del espacio aéreo fue posible gracias a la instalación de una estación de radio en un terreno cercano al lugar donde se reventó la presa.

La necesidad de recursos aéreos disminuyó a medida que el barro tóxico se solidificó. Desde ese momento, vehículos terrestres y máquinas excavadoras comenzaron a realizar tareas de búsqueda y rescate y de desplazamiento de equipos. Además de su aporte en los traslados aéreos, los militares estuvieron a cargo de la seguridad en los lugares donde se efectuaron exámenes de medicina legal y análisis relacionados con ingeniería e inspección de instalaciones que podrían albergar material explosivo. 

Operación continua

Las operaciones de búsqueda siguen en curso y aún no tienen fecha para terminar. “El Cuerpo de Bomberos tiene dos hipótesis. Una es que podrían encontrarse a todas las personas que están desaparecidas. La otra es la ausencia de condiciones realistas y biológicas de recuperar esos cuerpos”, finalizó el Tte. Aihara.

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