Brasil planea tener una Academia Regional de Policía Antidrogas en Cochabamba, Bolivia

Por Dialogo
septiembre 02, 2011



Brasil está desarrollando un programa de estudios para un nuevo centro de entrenamiento de la policía antinarcóticos que planea establecer en la ciudad boliviana de Cochabamba, como resultado directo del Plan de Acción Bolivia-Brasil, dirigido a combatir el narcotráfico.
La capacitación de la policía es un área prioritaria establecida por un pacto bilateral que se firmó el 16 de diciembre de 2010, en Foz de Iguaçu, Brasil. Los dos vecinos sudamericanos están trabajando estrechamente con la Oficina de las Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito (UNODD), en La Paz, para crear el centro, que será administrado directamente por la UNASUR (Unión de Naciones Sudamericanas). El propósito de ello es convertir este esfuerzo bilateral en una iniciativa multilateral, que cubra a toda la UNASUR.
“Cochabamba fue elegida por su significado simbólico, ya que será la sede del Parlamento de la UNASUR”, explicó Murilo Komniski, funcionario de la Embajada brasileña en La Paz.
En el corto plazo, 110 oficiales de la policía boliviana recibirán instrucción en Brasil para el mejoramiento de sus habilidades en la protección de áreas fronterizas, compartir información de inteligencia y controlar rutas de tránsito. El nuevo centro de entrenamiento con base en Bolivia es un objetivo a mediano plazo; se espera que los cursos inicien en 2012.
Brasil está trabajando con su vecino para combatir la entrada de drogas a su territorio desde Bolivia, que es productor de drogas y país de tránsito, con producción ilícita que entra a Bolivia desde Perú en ruta hacia Brasil. Esta tendencia ha sido exacerbada por el aumento del consumo en Brasil y en Europa occidental.
Sin embargo, el comercio de drogas es una amenaza para toda la región, con más países sudamericanos convirtiéndose en productores y puntos de tránsito. Hace una década, la violencia del narcotráfico estaba confinada a México, Centroamérica y algunos países andinos. Hoy, Argentina, Brasil y hasta Chile están bajo el asedio de los narcotraficantes y la consecuente violencia.
El nuevo centro cooperará con el centro de entrenamiento de la policía antinarcóticos internacional existente en Chimoré, Bolivia, conocido como Centro Garras de Valor, que está situado en el corazón del área productora de coca y es apoyado por la Embajada de Estados Unidos en Bolivia. Cada año entrena cerca de 400 oficiales de policía sudamericanos en cursos intensivos de tres meses de duración.
“No se trata de competir o duplicar los cursos proporcionados en Chimoré, sino de complementarlos”, dijo Komniski, quien es el jefe del Sector de Derechos Humanos, Temas Sociales e Ilícitos Trasnacionales de la Embajada brasileña en La Paz.
Él añadió que los cursos del Centro Garras de Valor son de menor duración y con un enfoque muy práctico, más dirigido a situaciones específicas, como, por ejemplo, combatir a los traficantes en regiones particulares, reunir información de inteligencia bajo circunstancias especiales y sobrevivir en territorio selvático.
El nuevo centro de Cochabamba, dijo Komniski, impartirá cursos de mayor duración con un enfoque más amplio y académico. Aunque el programa de estudios aún se está diseñando, el propósito consiste en asegurar que los derechos humanos se consideren en todas las lecciones sobre la lucha antinarcóticos y la seguridad pública. El curso podría durar hasta dos años y tener entre 500 y 600 graduados al año. Se espera que la estructura de los cursos y el contenido de los programas de estudio estén concluidos para fines de este año.
El 28 de septiembre, la UNASUR iniciará una Conferencia sobre Seguridad Pública y Derechos Humanos, de dos días de duración, en Cochabamba; con certeza, su futura academia de policía estará incluida en la agenda.
Brasil está replicando el éxito que tuvo el año pasado al establecer una Academia de Policía en Guinea-Bissau, país de África occidental, con la cooperación de la UNODD. La inestabilidad política crónica tras un período de guerra civil convirtió a Guinea-Bissau en un nuevo centro de distribución de una nueva ruta de tráfico de cocaína desde Sudamérica para cubrir la creciente demanda de drogas ilegales en Europa.
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