Boomin' - un estruendo en los cielos, sin margen de error

Una instructora piloto estadounidense de origen brasileño marca la diferencia en la Base de la Fuerza Aérea de los EE. UU. de Columbus, Mississippi.
Marcos Ommati/Diálogo | 8 marzo 2017

Capacitación y Desarrollo

La Primera Teniente de la Fuerza Aérea de los EE.UU., Karen “Boomin’” Rubin-Santos, piloto instructor en la Base de la Fuerza Aérea de Columbus, Mississippi, posa en la parte delantera del avión que utiliza en sus clases de vuelo y que lleva su nombre en el fuselaje. (Foto: Marcos Ommati/Diálogo)

En diciembre de 2013, el presidente de los EE. UU. Barack Obama, ascendió a Christine Fox a subsecretaria interina de Defensa, la mujer con mayor rango de la historia en el Pentágono. No obstante, a pesar de una carrera brillante, Fox es tal vez más conocida por muchas personas como la inspiración del personaje Charlie Blackwood de Kelly McGillis en la emblemática película de los años 80 Top Gun, en la que desempeñaba el papel de una instructora de vuelo, doctora de astrofísica de la que estaba enamorado Maverick, el personaje que protagonizó Tom Cruise. Es bien sabido que Fox declaró a la revista People en 1985, “No sé nada de pilotar aviones, pero sé mucho acerca de la persona que va en el asiento de atrás —su misión, su radar y sus misiles”.

El Mayor de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, Michael James Labarbera (derecha), supervisor de Boomin’ la definió con una palabra: excelencia. (Foto: Marcos Ommati/Diálogo)

Esa es la forma como solían pensar muchas mujeres en esa época. Ahora es el momento de la Primera Teniente de la Fuerza Aérea de los EE. UU., Karen Rubin-Santos. “Sí, he visto Top Gun, pero mucho antes de verla, yo ya sabía que lo que quería hacer era volar. Siempre lo supe. Creo que la película me inspiró en el sentido de que no quería ser como Charlie, en otras palabras, saber todo pero no volar nunca. Quería controlar un avión”, dijo la Tte. Rubin-Santos, instructora de pilotos de la Base de la Fuerza Aérea de los EE. UU. de Columbus, Mississippi a Diálogo.

Estadounidense de origen brasileño

La Tte. Rubin-Santos nació en Miami, Florida de padres brasileños (Danilo y Enilda). Es estadounidense de origen brasileño de primera generación, lo que le parece algo “grande”. Hablaba portugués en casa, mientras aprendía inglés en la escuela. Como no es común que las latinas entren a las fuerzas armadas de sus países –y menos aún para hacerse pilotos– ella dijo que fue una sorpresa para su familia cuando decidió incorporarse a la Academia de la Fuerza Aérea, “pero siempre supe que quería servir de alguna manera. Quería devolver el favor a este país”.

Asistió a la Academia de Tecnología Marítima y Científica, llamada comúnmente Academia MAST, que es una escuela de secundaria pública (especializada) en el área de Virginia Key de Miami. La Tte. Rubin-Santos fue incorporada al Cuerpo de Adiestramiento de Oficiales Subalternos de la Reserva (JROTC, por sus siglas en inglés) de la escuela, lo que le dio la primera sensación de estructura y disciplina militar, una adaptación perfecta para una persona autoproclamada como poco social y obstinada con asuntos técnicos.

El programa estaba patrocinado por el servicio de la Guardia Costera de los EE. UU., lo que le permitió a ella cumplir con todo el servicio comunitario requerido mediante el servicio militar en su base de Miami Beach. “Pasé a formar parte de ello, y tomé unas cuantas clases adicionales en la escuela secundaria. Mediante pasantías adquirí mucha experiencia militar, y formar parte de esto fue algo fantástico, aun cuando simplemente sirviera a la comunidad durante los fines de semana”.

No obstante, le faltaba algo. “Quería ser como mi tío [Bruno]. Él era piloto comercial de la línea brasileña Varig [en la actualidad cerrada]. Solía llevarme en avión a muchos lugares y me dejaba entrar en la cabina, donde me mostraba todos los botones y sus usos. Incluso me dejó hacer anuncios como, ‘Atención a todos, estamos por aterrizar,’ en el sistema de altavoces del avión”, recordó.

Al graduarse de JROTC, y a pesar de que le ofrecieron una beca para jugar al fútbol en la Academia de la Guardia Costera, siguió su sueño de convertirse en piloto. “Sabía que en la Guardia Costera tendría que pilotar helicópteros. Quería pilotar aviones de ala fija”, dijo.

Lo decidió durante una visita a la Academia de la Fuerza Aérea de los EE. UU. en Colorado. “Esa visita realmente confirmó todo lo que ya sabía. Pernocté con otros estudiantes en sus dormitorios, y me dijeron cómo eran sus vidas. Fui a clase con ellos. La verdad es que, tan pronto como llegué allí, pensé: ‘Quiero estar aquí’”.

Una experiencia reveladora

El hecho de que solamente alrededor del 20 por ciento de los estudiantes de la academia fueran mujeres hizo que me sintiera más determinada para cumplir con mi sueño. “Todos van arrastrándose por el fango, llevan estas gafas enormes… No es algo cómodo, por lo que no hay tiempo para pensar en discriminación de género. Uno hace solo lo que debe hacer, y te conviene destacar porque, al final, solamente los mejores avanzan, sea cual sea su género”.

Más que resultar afectada por la discriminación de género durante su visita a la Academia de la Fuerza Aérea de los EE. UU., se sorprendió al descubrir que su fe, el catolicismo, no es predominante en los Estados Unidos, como lo había sido al crecer en un Miami influido por Latinoamérica. “Podría decirse que me sorprendió mucho más el hecho de que hubiera tantos protestantes en los Estados Unidos que el hecho de ser una minoría [de género] en el salón de clase”, bromeó. “La Academia de la Fuerza Aérea tiene esta hermosa capilla. Recuerdo cuando la visité y subí hasta arriba, al enorme y hermoso techo de vidrieras policromadas… y pensé, ‘Es tan bonito que quiero rezar e ir a misa aquí’. La persona que nos guió durante la visita nos dijo, ‘No, esta es la capilla protestante, la católica está abajo’. Fui a la capilla católica y era mucho más pequeña pero igual de hermosa y se convirtió en una gran parte de mi crecimiento personal mientras estuve en la academia”.

3. Boomin’ muestra dos simuladores de vuelo de la Base de la Fuerza Aérea de los EE. UU. de Columbus, Mississippi. (Foto: Marcos Ommati/Diálogo)

Después de graduarse de la academia en 2013, la Tte. Rubin-Santos tomó un corto descanso en el Caribe y recorrió Europa con una mochila en su espalda. Después, inició su segunda fase: el programa de adiestramiento de pilotos de 13 meses en la Base de la Fuerza Aérea de Columbus, Mississippi. Durante los primeros meses de adiestramiento los estudiantes aprenden teoría de vuelo, sistemas, detalles sobre el avión que van a pilotar, cómo funciona y cómo vuela. Después de muchas horas en máquinas de simulación los estudiantes pasan al T-6, que es usado como avión de adiestramiento. En la fase de adiestramiento práctico los estudiantes aprenden a aterrizar, a hacer acrobacias, a volar con instrumentos y, al final, a volar en formación, donde vuelan a una distancia de 10 pies de otro avión, “Una experiencia muy bonita”, recordó.

Una instructora muy capaz

El salto de un estudiante para piloto a instructor no es sencillo. “No hay margen de error en lo que hacemos. No hay segundas oportunidades”, dijo el Mayor de la Fuerza Aérea de los EE. UU. Michael James Labarbera, supervisor de la Tte. Rubin-Santos y jefe de Normalización y Evaluaciones del 37.º Escuadrón de Adiestramiento de la Base de la Fuerza Aérea de Columbus. Conocida por él y por sus colegas por su apelativo “Boomin’” o “estruendo”, el Mayor Labarbera comentó que ella era una estudiante y piloto muy capaz. “Ahora, [es] también una instructora muy capaz. Al final, eso es lo importante. Es ideal que sea una mujer y pueda inspirar a mujeres jóvenes –y lo digo basándome en mi propia experiencia, porque tengo tres hijas en casa– pero lo que realmente cuenta es que es excelente en lo que hace. Realmente, si tuviera que escoger una cualidad para definir a la Tte. Boomin’, sería su ‘excelencia’”.

Una clase distinta de antecedentes

Demostrar la excelencia en la escuela y en vuelo es una cosa. Otra cosa es enseñar. Es ahí cuando Boomin’ siente que sus antecedentes desempeñaron una función importante en el avance de su carrera. “Es fácil llevarse bien conmigo, pero creo que los distintos idiomas que hablo ayudan mucho”, explicó. “Aquí, en Columbus, tenemos muchos estudiantes internacionales, y a veces las dificultades no son por la falta de entendimiento del programa, sino porque necesitan cierta motivación para sentirse más en casa; por lo que cuando les hablo en portugués, español, o francés puedo ver cómo cambian completamente sus semblantes”.

Espere un momento, ¿francés? “En la ciudad donde crecí, Miami, todos hablan español. Ya había aprendido portugués en casa y al pasar mis veranos en Brasil. El inglés era simplemente algo natural para mí debido a la escuela y mis amigos, y como quería aprender otro idioma en la escuela secundaria, escogí el francés”, explicó.

Una verdadera inspiración

La opinión general acerca de Boomin’ fue la misma entre los estudiantes internacionales que hablaron con Diálogo durante nuestra visita a Columbus. “Es un enorme privilegio estar aquí, pero echamos de menos nuestra casa, y hablar con alguien –especialmente con un instructor– en su segundo idioma, ayuda mucho a aliviar esa sensación”, dijo el Subteniente de la Fuerza Aérea de Perú, Rafael Hoyos Vásquez, que participa en el Programa de Liderazgo de Aviación en la Base de la Fuerza Aérea de Columbus. “El hecho de que sea una mujer es un valor adicional, ya que en mi país no hay mujeres piloto de aviones caza. Estoy seguro de que la instructora Boomin’ es una gran inspiración para las mujeres de todos los países”.

Al haber logrado tantas cosas a una edad tan temprana –solamente tiene 25 años– hace que Boomin’ tenga una sola cosa más que desear en un futuro próximo. A ella le gustaría vivir cerca de su esposo, el Teniente de la Fuerza Aérea de los EE. UU. David Miller, un piloto de KC-10. “Ahora mismo sirve en la Base Conjunta McGuire-Dix-Lakehurst, en New Jersey”, dijo la Tte. Rubin-Santos con los ojos humedecidos. Esperan que su próxima asignación sea en la misma base, si es posible en la Base de la Fuerza Aérea Travis de Vacaville, California, cerca de Sacramento. “Pero aún tengo que estar aquí por lo menos otro año y medio”, dijo sin lamentarse.

Por último, Boomin’

No sería justo terminar este artículo sin explicar el apelativo de la Tte. Rubin-Santos. “Resulta que cuando hago acrobacias en el avión me gusta sorprender a mis estudiantes y decir, ‘¡Boom!’ cuando hacen algo debidamente, o hacen algo realmente bien. No me di cuenta que lo decía todo el tiempo hasta que mis colegas me lo indicaron, y desde ese momento, me convertí en Boomin’. Además, mis colegas normalmente saben que estoy en el edificio debido a mi tono de voz ‘estruendoso’ en los pasillos”, afirmó la Tte. Rubin-Santos riéndose.

No obstante, existe otra razón interesante que explica su sobrenombre. Además de la lista de sus talentos que parecen no acabarse nunca, es una cantante casi profesional, y da la casualidad que tiene una voz “estruendosa”. Si quiere comprobarlo, simplemente visite Columbus, Mississippi, durante uno de los eventos organizados por la Base de la Fuerza Aérea donde la Tte. Karen “Boomin’” Rubin-Santos canta a menudo el himno nacional de los EE. UU.

Diálogo iba a empezar este artículo con: “Esta es la historia de una mujer piloto latina de 25 años de la Fuerza Aérea de los EE. UU. que destaca en todo lo que hace, juega al fútbol y también es cantante”, pero, ¿quién lo hubiera creído?

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