Grupos armados de autodefensa, el nuevo reto para el gobierno de México

Por Dialogo
febrero 26, 2013


La proliferación de grupos civiles armados de autodefensa en al menos cuatro estados de México, donde impera el crimen organizado, son un nuevo reto para el gobierno del país, opinan expertos, legisladores y defensores de derechos humanos.



Este fenómeno comenzó a manifestarse de forma espectacular el 6 de enero del 2013, cuando unos 800 hombres armados con machetes y escopetas conformaron en Ayutla de los Libres, un municipio en las montañas de Guerrero, grupos de autodefensa para proteger a sus comunidades acosadas por las organizaciones criminales que mantienen a raya a campesinos e indígenas con secuestros, asesinatos y extorsiones.



Ese grupo de autodefensa se enfrentó el 20 de febrero con un comando durante un “patrulla rutinaria” en el poblado El Refugio, en el que murió un presunto delincuente, según Crisóforo García, líder comunitario.



Este grupo de policías comunitarios, que patrullaron encapuchados las calles e instalaron retenes, detuvo a casi medio centenar de supuestos criminales, y tenía la intención de juzgarlas ante asambleas populares en vez de someterlos a la justicia.



Sin embargo, tras una reunión con el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, los dirigentes aceptaron entregar a la fiscalía estatal a 31 de las personas que habían sido detenidas y el resto fueron liberadas, a cambio de que el gobierno estatal promueva un esquema legal para que este municipio cuente con una policía comunitaria.



Los grupos de autodefensa se multiplicaron en las últimas semanas en el vecino estado de Michoacán, en donde al menos tres comunidades se han levantado para defenderse, así como un municipio en Oaxaca y dos en el estado de México. Todos en una región marcada por la pobreza y la inseguridad.



Fausto Vallejo, gobernador del estado de Michoacán, propuso que estas policías comunitarias sean legalizadas bajo esquemas de adiestramiento y dotación de equipos para sus elementos.



Muchas de las comunidades donde surgió el fenómeno tienen presencia de carteles del narcotráfico, vinculados a la siembra y trasiego de droga, con una población que históricamente ha estado fuertemente armada y acostumbrada a convivir con las guerrillas surgidas en las décadas de 1970 y de 1990.






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