Fuerza Aérea Argentina entrena a perros para tareas de seguridad y defensa

Los canes funcionan como alerta temprana y están listos para entrar en combate.
Eduardo Szklarz/Diálogo | 9 febrero 2018

Capacitación y Desarrollo

Fausto, el pastor belga malinois entrenado para detectar narcóticos, posa junto a su guía de la Sección Perros de Guerra del IFE. (Foto: Eduardo Szklarz, Diálogo)

La Fuerza Aérea Argentina (FAA) cuenta con un apoyo especial: un grupo de perros entrenados en el Instituto de Formación Ezeiza (IFE), a 40 kilómetros de la capital argentina. Los perros colaboran con el sistema de seguridad de la unidad, haciendo patrullas y rondines junto a sus guías. También están listos para entrar en combate. “Por su capacidad olfativa, visual y auditiva, el perro funciona como un radar: detecta cualquier ruido o anomalía a kilómetros de distancia”, dijo a Diálogo el Suboficial Auxiliar de la FAA Néstor González, instructor y entrenador de perros en la Sección Perros de Guerra del IFE.

El Suboficial Auxiliar Néstor González (de pie, cuarto de la izq.) posa junto a los demás integrantes de la Sección Perros de Guerra del IFE. (Foto: Eduardo Szklarz, Diálogo)

Según el S. Aux. González, los animales operan bajo dos circunstancias: valor primario y valor secundario. El valor primario es detectar y alertar a la unidad sobre una supuesta amenaza – que podría ser, por ejemplo, un grupo de personas intentando ingresar al perímetro de la unidad para hacer algún daño. “Y el valor secundario es disuadir, repeler y –como última instancia– detener y atacar”, explicó.

El Comodoro de la FAA Rodolfo R. Etchegaray, jefe del Grupo Base IFE, dijo a Diálogo que el entrenamiento de los canes posibilita un sistema de seguridad totalmente integrado. “Es decir que podemos conformarlo con recursos humanos, animales y tecnológicos”, afirmó el Comod. Etchegaray. “Los perros funcionan como alerta temprana para todo el Sistema de Seguridad y Defensa.”

De acuerdo al Comod. Etchegaray, las ventajas de poseer perros entrenados en esas tareas son muy claras. Ellos pueden detectar un intruso antes que el medio técnico o humano lo haga; no se duermen y no se aburren; están siempre atentos y vigilantes; y su formación, adiestramiento y mantenimiento son más económicos que los del ser humano y/o de un sistema tecnológico.

Plena efectividad

Todas las noches, los perros salen con sus guías y fusileros para hacer los rondines. “En general, arrancamos a las 22 h y culminamos cerca de las 6 de la mañana. Cada dos horas, hacemos un recorrido por el perímetro y las instalaciones internas de la unidad”, informó el S. Aux. González. “Los perros son vitales para cuidar los puntos sensibles de la unidad, como la sala de armas y las compañías donde están los aspirantes”, remarcó.

“El perro detecta a una persona que viene caminando o arrastrándose en una distancia de hasta dos kilómetros, además de ruidos de autos, aviones y alarmas hasta cinco o seis km”, afirmó el instructor. Si detecta alguna anomalía, el perro alerta a su guía. Generalmente ladra y gira la cabeza indicando que algo hay en esa dirección. “Una vez que el perro entra en situación [de combate], y que su vista, olfato y audición empiezan a funcionar de manera sincronizada, la efectividad de lo que escucha es de 99,9 por ciento a larga distancia, de día o de noche”.

“En el caso de que tengamos que operar en un campo de batalla, el perro está preparado para hacer patrulla, alerta temprana y combatir cuerpo a cuerpo junto con su guía”, explicó el S. Aux. González. “Hacemos trabajos de campo, simulacros de ataque, defensa, en el agua, en las alturas, en donde sea. El perro está listo.”

Entrenamiento en etapas

Roco, el pastor alemán del IFE, entrena en un ataque contra un supuesto delincuente. (Foto: Eduardo Szklarz, Diálogo)

La Sección Perros de Guerra del IFE cuenta con ocho animales, incluyendo a Roco, un pastor alemán; Shina, una fila brasilero; y Fausto, un pastor belga malinois entrenado para detectar narcóticos. El adiestramiento tiene tres etapas: básica, avanzada y táctica. En la básica, el animal aprende a caminar junto al guía, a sentarse, quedarse, acostarse y hacerse el muerto, entre otros comandos. Las tareas se realizan con una correa para llevar el perro y un collar de ahorque que lo disciplina.

En la etapa avanzada, más rigurosa, el animal entrena agilidad y tareas de destreza, como saltar vallas, subir escaleras y pasar por obstáculos, usando solamente una correa corta o larga. En ambas etapas iniciales, el perro también se entrena en ataque: aprende a detectar al delincuente. Para eso se usa el “figurante” – una persona con ropas de protección que tendrá una actitud sospechosa.

“Para el perro, es gratificante saber que hizo su trabajo bien. Sabe que su guía lo va a premiar, ya sea con un ‘¡Muy bien!’ y una caricia o con una comida que le guste”, dijo el S. Aux. González. Finalmente, en la fase táctica el perro hace todo solo y opera a la voz de mando. Las tres etapas duran cerca de un año, pero la instrucción seguirá en forma permanente, todos los días.

“Tenemos que ser conscientes de cómo vamos a usar esos comandos según qué tipo de amenaza. Por ejemplo, si una persona entra a la unidad y no está armada, al perro lo utilizamos para disuadirla ladrando”, explicó el S. Aux. González. “Pero si hay un peligro real de enfrentamiento entre el delincuente y nosotros, pasamos a la parte de detener y actuar. Y si está en riesgo nuestra vida, le enseñamos al perro que vaya y muerda.”

El animal está preparado para desarmar al agresor, pero también lo cuida cuando los militares hacen la requisa. “Al perro lo utilizamos en forma cuidadosa. También tenemos que resguardar la vida del delincuente”, dijo el entrenador.

Alerta temprana

Los perros del IFE pueden detectar incluso a efectivos de comandos especiales. “Los grupos de elite de las fuerzas de todo el mundo pueden sobrepasar cualquier lugar de conflicto, unidad o material humanístico. Pero se les complica cuando tienen que operar hacia un lugar donde haya un perro en alerta temprana, porque el perro los va a detectar”, explicó el S. Aux. González.

“Cuando van a atacar un lugar o sobrepasarlo, esos grupos lo hacen usando helicópteros o arrastrándose. Pero aún con el mínimo movimiento que hagan con el codo el perro los detecta”, completó. “Lo hemos comprobado de noche, con frío, con viento, con lluvia o con calor. El perro los detecta.”

Intercambio con los EE. UU.

En septiembre de 2017, el S. Aux. González y los demás encargados de las secciones de perros de la FAA participaron en el seminario Intercambio de Métodos de Trabajo, en la IV Brigada Aérea en El Plumerillo, provincia de Mendoza, en Argentina, junto a un oficial y dos suboficiales de la Escuela Canina de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos. “Durante una semana intercambiamos métodos de trabajo y mantuvimos un diálogo permanente sobre cómo operamos nuestros perros”, dijo el S. Aux. González. “La conclusión fue que los métodos de trabajo son muy similares, pero hay una diferencia en cuanto a los recursos.”

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