El Caribe se ha convertido en un frente crítico en una guerra de recursos de alto riesgo en la que la anguila americana (anguilla rostrata) se ha convertido en una moneda estratégica para las organizaciones criminales transnacionales (OCT). A diferencia de los flujos ilícitos tradicionales, como el tráfico de drogas y armas, este recurso biológico proporciona un puente de bajo riesgo y alta recompensa para la convergencia criminal, lo que permite a las OCT integrarse en las cadenas de suministro globales dominadas por China.
Este comercio es una clara manifestación de la creciente huella depredadora de China en el hemisferio occidental, donde la explotación de los recursos naturales financia redes criminales y amenaza la estabilidad regional.
El monopolio estratégico de China
La demanda que impulsa esta depredación se origina en gran medida en China, que ha transformado la producción de anguilas en un sector industrial estratégico. China, que actualmente controla el 70 por ciento del mercado mundial y produce unas 240 000 toneladas al año, opera enormes complejos acuícolas en provincias como Fujian, Guangdong y Jiangxi.
En el modelo económico chino, la distinción entre empresas privadas y el Estado es prácticamente inexistente. En virtud de la Ley Nacional de Inteligencia de China y su estrategia de fusión civil-militar, las empresas privadas están obligadas por ley a apoyar los intereses del Estado y las operaciones de inteligencia. Por lo tanto, estas instalaciones funcionan más como complejos industriales secretos dirigidos por el Estado que como pesquerías comerciales tradicionales.
“China controla la fase final de la cadena”, explicó a Diálogo Marvin de Cid, reportero independiente en República Dominicana y especialista en el tema. Las anguilas juveniles son enviadas a China donde completan su crecimiento, son sacrificadas y luego distribuidas a otros mercados globales.
Esta centralización crea una brecha en la trazabilidad. Dado que las anguilas americanas pertenecen a un único grupo genético, es prácticamente imposible distinguir las capturas legales de las furtivas una vez que entran en el sistema industrial chino. De Cid advierte que estos operadores poseen los “conocimientos técnicos y logísticos para negociar, evadir controles y mover el producto a lo largo de la cadena”. Esta falta de transparencia permite a las OCT “blanquear” las capturas ilícitas a través de exportaciones legítimas, financiando directamente a las redes criminales caribeñas con capital chino.
El valor del “oro de cristal”
El incentivo económico de este comercio es asombroso, ya que a menudo supera en rentabilidad al contrabando tradicional. Las anguilas juveniles, conocidas como “anguilas de cristal” por su aspecto transparente, son muy apreciadas como “semilla” esencial para toda la industria mundial, ya que no pueden criarse en cautividad. En los últimos años, el valor de mercado de estas anguilas juveniles ha alcanzado los USD 5000 por kilogramo.
Los complejos industriales chinos que adquieren estas angulas facilitan un ciclo de crecimiento que puede inflar el precio del producto final hasta los USD 35 000 por kilogramo. Este “oro de cristal” proporciona a las OCT una enorme inyección de liquidez que se blanquea bajo la apariencia de un comercio acuícola legítimo, financiando la expansión de las redes criminales en toda la región.
Del mar de los Sargazos a los mercados mundiales
Para comprender la vulnerabilidad de este recurso, hay que fijarse en el mar de los Sargazos, la única zona de desove de la anguila americana. Situado en el Atlántico Norte, el mar de los Sargazos se encuentra justo al noreste del Caribe. Debido a su ubicación “aguas arriba” de las islas, millones de larvas de anguila son empujadas por las corrientes oceánicas hacia las costas caribeñas.
Esta necesidad biológica crea un cuello de botella estacional predecible que las OCT explotan. Capturan a los juveniles cuando entran en los estuarios de agua dulce, “explotando” efectivamente la especie antes de que pueda reproducirse. Esta extracción es más agresiva en los lugares donde el conocimiento del dominio marítimo puede enfrentarse a mayores retos técnicos y logísticos. Haití se ha convertido en un punto caliente debido a su persistente inestabilidad, con mayores volúmenes de comercio ilícito que se desplazan desde las aguas haitianas hacia el territorio dominicano para su exportación.
La captura de anguilas no se limita al Caribe. De Cid señaló que se ha detectado esta actividad en otras partes de la región, como Honduras y Panamá, lo que sugiere una expansión del fenómeno más allá de los puntos críticos tradicionales. En Cuba, la situación es especialmente opaca; durante una visita en 2025, De Cid recibió respuestas evasivas sobre este comercio. El control de la actividad recae directamente en el régimen cubano, aunque hay informes de flujos ilícitos regionales que operan al margen de los controles oficiales.
Al utilizar las mismas rutas marítimas clandestinas que para el tráfico de drogas, armas y personas, el comercio de anguilas refuerza la infraestructura logística de las bandas regionales, lo que aumenta la complejidad de las intervenciones de seguridad.
Convergencia criminal
El 20de noviembre de 2025, durante un grupo de trabajo estratégico en Wildey, Barbados, la Agencia de Implementación para el Crimen y la Seguridad (IMPACS) de CARICOM, subrayó que el tráfico de anguilas se ha convertido en una piedra angular de la convergencia criminal. Nadine Bushell, directora adjunta de Proyectos en CARICOM-IMPACS, señaló que, “el alto valor de las anguilas en el mercado internacional las convierte en un producto atractivo para actores criminales que buscan actividades de bajo riesgo y alto valor”.
Destacó que este comercio lucrativo, “permite a que los grupos delictivos diversifican operaciones más allá de los delitos tradicionalmente vigilados”, utilizando eficazmente la anguila como herramienta para el lavado de dinero y como puerta de entrada a una corrupción más amplia.
Las recientes medidas de control subrayan la magnitud de la amenaza. En 2024, dos contrabandistas dominicanos fueron condenados por intentar de transportar 110 000 anguilas juveniles a través de Puerto Rico, en violación de la Ley Lacey, la ley federal estadounidense que prohíbe el tráfico de fauna, flora y peces capturados ilegalmente. Ese mismo año, una incautación en San Martín de 66 000 anguilas, transportadas con documentos falsos, puso de manifiesto cómo las organizaciones delictivas transnacionales utilizan los centros de tránsito del Caribe para eludir el escrutinio internacional.
A pesar de estas advertencias, la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES) no logró recientemente proporcionar protecciones internacionales vinculantes para la especie en la CoP20 —la vigésima reunión de la Conferencia de las Partes, celebrada a finales de 2025. Sin un mandato global, la carga de la defensa recae en la cooperación regional. En última instancia, la extracción no regulada de la anguila americana es una vulnerabilidad estratégica.
Como concluyó De Cid, si la intensa demanda de China sigue alimentando este comercio, “la anguila americana podría seguir el mismo camino que las variedades asiática y europea”, hacia el agotamiento. Esta depredación incontrolada de los recursos no solo daña los ecosistemas del Caribe, sino que consolida la huella china en la región, lo que potencia el crimen organizado, socava el estado de derecho y pone en peligro la arquitectura de seguridad del hemisferio occidental.


