Alto diplomático de EE.UU. defiende la Iniciativa de Seguridad Regional Centroamericana

Cinco años después de su inauguración, el diplomático veterano de EE.UU. William R. Brownfield ha ofrecido una evaluación detallada de la Iniciativa de Seguridad Regional Centroamericana del Departamento del Estado, refutando a los críticos que dicen que CARSI no ha hecho lo suficiente para detener la expansión de las drogas y la violencia a través del istmo.
Larry Luxner | 8 abril 2013

William R. Brownfield, Secretario Adjunto para la Oficina de Asuntos Internacionales de Narcóticos y Aplicación de la Ley, habló el 22 de marzo en la Fundación Carnegie para la Paz Internacional en Washington acerca de la Iniciativa de Seguridad Regional Centroamericana patrocinada por EE.UU. y la razón por la cual el Congreso debe seguir financiando el programa. [Larry Luxner]

WASHINGTON — Cinco años después de su inauguración, el diplomático veterano de EE.UU. William R. Brownfield ha ofrecido una evaluación detallada de la Iniciativa de Seguridad Regional Centroamericana del Departamento del Estado, refutando a los críticos que dicen que CARSI no ha hecho suficiente para detener la expansión de las drogas y la violencia a través del istmo.

“Aunque no sugiero que el programa ha culminado con éxito, sí sugiero que está teniendo ahora un impacto, positivo en gran parte”, dijo Brownfield, secretario adjunto del estado para la Oficina de Asuntos Internacionales de Narcóticos y Aplicación de la Ley.

Comparando la iniciativa CARSI con un juego de béisbol, dijo, “estamos en la quinta entrada, el marcador está empatado 3-3, y los buenos han regresado de ir 3-0 en la primera entrada. Pero aún nos falta jugar la mitad del juego”.

Brownfield habló el 22 de marzo en la Fundación Carnegie para la Paz Internacional en Washington, en un evento copatrocinado por la Sociedad de las Américas y el Consejo de las Américas.

El diplomático de carrera y oriundo de Texas — cuyos 34 años en el Servicio Exterior incluyen períodos como embajador de EE.UU. en Colombia, Venezuela y Chile así como puestos en El Salvador, Argentina, Panamá y Suiza — dijo que a pesar de las tasas astronómicas de homicidios que han hecho de Centroamérica uno de los lugares más peligrosos del mundo, su situación de seguridad debe examinarse en el contexto de la historia reciente.

Centroamérica aún se enfrenta a enormes retos de seguridad

“Estuve en El Salvador durante uno de sus días más oscuros”, dijo. “Llegué a San Salvador en marzo de 1981, y durante los primeros seis meses se nos pedía llevar un bolso de día con una muda de ropa, un cepillo de dientes y una navaja de afeitar, porque no sabíamos si nos evacuarían de la embajada en el transcurso del día. Ni siquiera sabíamos si el gobierno sobreviviría las siguientes 24 horas. Así de sombrío había llegado a ser”.

Hoy, dijo él, las siete naciones de Centroamérica están en paz, todas son democracias prósperas y todas están colaborando con Estados Unidos para detener el flujo de drogas al norte por México hacia el mercado de EE.UU.

No obstante, según Brownfield, el 65% de toda la cocaína que sale de Sudamérica hacia los mercados del norte pasa a través de Centroamérica, donde las dos más grandes bandas organizadas — MS-13 y Calle 18 — cuentan con más de 70,000 miembros.

“Así como el Plan Colombia ayudó a impulsar el enfoque de la actividad criminal al norte hacia México, el impacto de la Iniciativa Mérida impulsó esa misma actividad hacia la misma Centroamérica”, dijo. “En muchos sentidos, Centroamérica es víctima de su propia geografía, así como de instituciones y sociedades vulnerables que atraen a las organizaciones que intentan participar en actividades criminales”.

Historias de éxito en Guatemala, Honduras y El Salvador

Las cinco metas de la iniciativa CARSI son crear calles seguras para los 45 millones de habitantes de Centroamérica; interrumpir el movimiento de criminales y el contrabando entre sus siete naciones; apoyar el desarrollo de gobiernos fuertes, capaces y responsables; restablecer la presencia efectiva del estado, servicios y seguridad en comunidades en riesgo, y finalmente, estimular mejores niveles de coordinación y cooperación entre los siete países así como otros socios y donantes extranjeros para combatir las amenazas a la seguridad regional.

Brownfield dijo que aunque “hemos intentado conscientemente incorporar a las siete naciones de Centroamérica” en el programa, la mayor parte de los fondos de CARSI se han enviado a Guatemala, Honduras y El Salvador. Y en todos esos tres países, dijo, abundan las historias de éxito.

“Hace siete años, Guatemala era el sitio de aterrizaje predilecto para pequeñas aeronaves con cargas ilícitas de cocaína hacia el norte provenientes de Sudamérica, tocando tierra en Centroamérica y después transitando por vía terrestre a través de México hacia Estados Unidos”, dijo. “Los guatemaltecos, utilizando fondos y apoyo de CARSI, desarrollaron una capacidad de aviación usando helicópteros. Cuando toman conocimiento de una aeronave ilegal, vuelan al sitio y aprehenden a los sospechosos”.

Durante aproximadamente un año, explicó Brownfield, la Fuerza Aérea guatemalteca tuvo un período exitoso, obteniendo “toneladas de producto” en frecuentes redadas de drogas. “Pero en los últimos dos o tres años, casi no han tenido capturas”, dijo. “Eso se debe a que han logrado exactamente lo que querían hacer: han convencido a los traficantes de no volar con sus productos a Guatemala”.

Y en El Salvador y Honduras — dos países plagados por mucho tiempo por la violencia de las pandillas —“ambos han preparado programas muy efectivos para jóvenes, que realmente están dando resultados, diciendo a los niños en una etapa impresionable cuáles son los peligros de unirse a las pandillas y cuáles son sus alternativas. Es un programa genial. Me gusta”.

Diplomático: ‘Esto no es una guerra contra las drogas’

Brownfield abordó lo que él llamó las críticas más comunes hacia la iniciativa CARSI.

“No estamos luchando contra las drogas, ni hemos luchado contra las drogas desde que Bill Clinton — en su primer año como presidente, en 1993 — declaró correctamente que ésta no es una guerra”, dijo Brownfield. “El objetivo es la educación y la rehabilitación. El objetivo es la salud pública. El objetivo es el desarrollo económico y alternativo”.

Menos de un tercio de los mil quinientos millones de dólares puestos a disposición de Centroamérica a través de CARSI se ha usado para combatir a las drogas, dijo. Él gastó en cosas tales como programas de delegaciones de policía modelo en comunidades vulnerables, programas antipandillas y vigilancia comunitaria, así como reformas en la policía, las fiscalías y el sistema penitenciario de toda Centroamérica.

“Está diseñado para construir instituciones, y son esas instituciones las que finalmente brindarán lo que sus sociedades y comunidades están exigiendo”, dijo. “Llamar a esto una guerra contra las drogas pierde el sentido por completo”.

La iniciativa CARSI fue desarrollada en parte, dijo, para hacer las instituciones de Centroamérica menos corruptas y más responsables para las personas y las naciones con las que están afiliadas.

“Por supuesto, a corto plazo debemos lidiar con instituciones corruptas. Si vamos a reformar o profesionalizar una institución, debemos hablar con ella, lidiar con ella, y de hecho proporcionarle asistencia y entrenamiento”, dijo. “Al final del día, con muchas de estas instituciones se requerirá una generación entera para limpiarlas”.

Enfrentando los abusos a los derechos humanos directamente

Brownfield convino en que es “injusto pedir a una sociedad que espere una generación entera” antes de liberarse de la violencia y el crimen organizado. Es por eso que la solución a corto plazo de CARSI en un período de 10 años “en el mejor panorama posible para purificar, limpiar y depurar una institución corrupta es la unidad aprobada: pequeños grupos que son seleccionados y examinados en términos de su historial, y de ser necesario, sujetos a pruebas para determinar si son fundamentalmente honestos; y usar esos grupos para aplicar la ley de manera básica y especializada”.

También abordó los abusos a los derechos humanos.

“Si no abordamos los abusos a los derechos humanos, CARSI verdaderamente fracasará”, dijo Brownfield. “Ninguna iniciativa que conozco ha tenido éxito a menos que cumpla con el respeto básico a los derechos humanos. Es por eso que entrenamos a estos países específicamente en procedimientos de derechos humanos y la participación operacional adecuada, con plena responsabilidad por los actos que cometen”.

Colombia producía más cocaína que el resto del mundo en su conjunto en el año 2000, dijo Brownfield. Ahora su producción de cocaína se ha reducido en dos tercios y actualmente ocupa el tercer lugar de las naciones productoras de cocaína. Mientras tanto, el consumo de cocaína en EE.UU. se ha reducido en un 40% en los últimos siete años, mientras que el uso de las metanfetaminas ha bajado un 50%.

Brownfield insta a la ‘flexibilidad’ y ‘adaptabilidad’

“Necesitamos mejorar nuestras capacidades en un 10 o 15%”, dijo. “Eso incrementaría el costo para los negocios de los traficantes en Centroamérica y a través de ella. Cuando eso suceda, la simple economía del mercado entra en juego y ellos se irán a otra parte”.

“Aunque debe haber un componente de cumplimiento de la ley en cualquier estrategia, el enfoque debe estar en los verdaderos delincuentes: las organizaciones criminales de gran escala y de miles de millones de dólares que están generando grandes cantidades de dinero, en lugar de los agricultores pobres o los consumidores que son tanto víctimas como criminales”, dijo.

Brownfield señaló además que las iniciativas y estrategias de CARSI deben ser flexibles y adaptables, y no dejar ningún hueco que los criminales puedan explotar.

“No debemos sentirnos avergonzados por decir que lo que estamos haciendo ahora no es lo que pensábamos hacer hace cuatro años. Estamos aprendiendo de nuestros errores, y francamente, los malos están adaptando y ajustando sus estrategias. Y si nosotros no ajustamos las nuestras también, probablemente perderemos”.

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