Una carta nostálgica

A Nostalgic Letter

Por Dialogo
marzo 09, 2015




Un año, 52 semanas, 365 días…

Hace exactamente un año que ya no uso más mi uniforme. Ya no me hago el típico rodete en mi cabello ni me pongo el esmalte de uñas blancuzco.

Hace un año que ya no formo fila bajo el sol. No necesito ignorar al clima cuando comienza a llover.

Para mi felicidad, hace un año que ya no debo someterme a la Prueba de Aptitud Física (TAF). Corro solo cuando tengo ganas. Pero, para mi pesar, tampoco hago la Prueba de Aptitud de Tiro (TAT), y la extraño mucho.

Desde hace un año, miro con añoranzas al PDC (Palácio Duque de Caxias, en Rio de Janeiro) cuando paso frente a él, cosa que sucede todos los días, de lunes a viernes, en la mañana y en la noche.

Hace un año anduve por última vez en un vehículo [del Ejército], pero continúo usando (y mucho) la jerga militar.

Hace un año que ya no participo de operaciones ni de acciones cívico-sociales ni de ceremonias militares.

Hace un año que no escucho el sonido del tambor... que nos indicaba que debíamos colocar el pie derecho en el suelo cuando marchábamos en un desfile.

Hace un año que ya no hago el saludo militar, que nadie me llama “señora”. Era tan extraño que me llamaran señora a los 24 años…

Era solo una niña cuando ingresé a las filas del Ejército Brasileño. No sabía nada de la vida castrense. Ni siquiera sabía que iba a usar uniforme. Al principio, lo odiaba. Después, me apasioné. Y la pasión se convirtió en amor, de esos que nunca terminan.

Durante el último año, tuve el coraje de pasar por el PDC solo una vez. Y derramé incontenibles lágrimas con cada amigo que encontré en los pasillos.

Tal vez sea complicado para un civil entender esto. Pero ser militar es mucho más que un trabajo. Es tener una familia, una segunda casa, lecciones de vida y amistades duraderas. Es compartir valores, peligros, misiones y tradiciones. Es multiplicar el compañerismo, la complicidad, la camaradería. Es comprender el significado literal de “servir”. Es superar limitaciones y estar muy orgulloso de ello. Solo lo entiende quien pasa por eso. De hecho, solo lo puede entender quien lo que ha vivido
.

Hace un año, me preparaba para uno de los días más simbólicos de mi vida: el día de dejar el cuartel. Por más que desde 2006 yo sabía que este día llegaría y hasta había intentado prepararme para ello, confieso que no estaba preparada. Dolió como si me estuviese despidiendo de un gran amor. Y eso estaba haciendo.

Aún cuando atiendo el teléfono estoy a punto de decir: “Asesoría de Prensa del Comando Militar del Este”. Aún pienso en las anécdotas del fin de semana que les voy a contar a mis compañeras. Todavía recuerdo y celebro las fechas festivas del calendario del Ejército. Todavía relato las experiencias vividas, como si hubiesen sucedido la semana pasada. Todavía recuerdo la formación mensual y revivo en mi memoria, con lágrimas en los ojos, la última vez que entré en formación el Día de la Bandera en 2013. Por más increíble que pueda parecer (los militares entenderán), mi familia también recuerda y revive muchas cosas conmigo.

Ah! Como siento nostalgia… Nostalgia de aquella camaradería. Nostalgia de las misiones. Nostalgia de la emoción que me embargaba durante la formación cuando escuchaba la Canción del Expedicionario. Nostalgia de mi uniforme. Nostalgias de ser la Teniente Sheila. No por los privilegios del rango, ya que cualquiera que me conozca sabe que eso nunca me importó. No, lo que extraño es el orgullo de ser una Oficial del Ejército Brasileño. Continúo siendo una oficial de nuestro glorioso EcoBravo [Ejército Brasileño], pero ahora soy parte de las reservas atentas y fuertes. Nostalgia…

El tiempo paso tan rápido y agradezco a Dios TODOS LOS DÍAS por la manifestación de Su gracia colmada de abundancia en mi vida. Por los nuevos desafíos que Él me ha dado, por los nuevos aprendizajes, por las oportunidades y conquistas diarias. Soy muy feliz por la oportunidad inigualable que estoy viviendo hoy. Siento un gran orgullo de formar parte de un proyecto tan significativo para nuestro país. Ruego a Dios que me bendiga y me permita contribuir y siempre dar lo mejor de mí en mi trabajo.

A pesar de todo, los sentimientos nostálgicos son algo que no controlamos. A veces, ni siquiera podemos explicarlo claramente. Pero, en mi opinión, la nostalgia es la confirmación de que algo que hemos vivido valió la pena. Fue mucho más que una experiencia laboral; fue una escuela de vida de la cual –hoy en día– llevo conmigo las mejores enseñanzas.

Al Ejército de Brasil: Yo te saludo. Mi reconocimiento, eterno respeto, admiración y amor.

¡Brasil, siempre primero en mi corazón!



Un año, 52 semanas, 365 días…

Hace exactamente un año que ya no uso más mi uniforme. Ya no me hago el típico rodete en mi cabello ni me pongo el esmalte de uñas blancuzco.

Hace un año que ya no formo fila bajo el sol. No necesito ignorar al clima cuando comienza a llover.

Para mi felicidad, hace un año que ya no debo someterme a la Prueba de Aptitud Física (TAF). Corro solo cuando tengo ganas. Pero, para mi pesar, tampoco hago la Prueba de Aptitud de Tiro (TAT), y la extraño mucho.

Desde hace un año, miro con añoranzas al PDC (Palácio Duque de Caxias, en Rio de Janeiro) cuando paso frente a él, cosa que sucede todos los días, de lunes a viernes, en la mañana y en la noche.

Hace un año anduve por última vez en un vehículo [del Ejército], pero continúo usando (y mucho) la jerga militar.

Hace un año que ya no participo de operaciones ni de acciones cívico-sociales ni de ceremonias militares.

Hace un año que no escucho el sonido del tambor... que nos indicaba que debíamos colocar el pie derecho en el suelo cuando marchábamos en un desfile.

Hace un año que ya no hago el saludo militar, que nadie me llama “señora”. Era tan extraño que me llamaran señora a los 24 años…

Era solo una niña cuando ingresé a las filas del Ejército Brasileño. No sabía nada de la vida castrense. Ni siquiera sabía que iba a usar uniforme. Al principio, lo odiaba. Después, me apasioné. Y la pasión se convirtió en amor, de esos que nunca terminan.

Durante el último año, tuve el coraje de pasar por el PDC solo una vez. Y derramé incontenibles lágrimas con cada amigo que encontré en los pasillos.

Tal vez sea complicado para un civil entender esto. Pero ser militar es mucho más que un trabajo. Es tener una familia, una segunda casa, lecciones de vida y amistades duraderas. Es compartir valores, peligros, misiones y tradiciones. Es multiplicar el compañerismo, la complicidad, la camaradería. Es comprender el significado literal de “servir”. Es superar limitaciones y estar muy orgulloso de ello. Solo lo entiende quien pasa por eso. De hecho, solo lo puede entender quien lo que ha vivido
.

Hace un año, me preparaba para uno de los días más simbólicos de mi vida: el día de dejar el cuartel. Por más que desde 2006 yo sabía que este día llegaría y hasta había intentado prepararme para ello, confieso que no estaba preparada. Dolió como si me estuviese despidiendo de un gran amor. Y eso estaba haciendo.

Aún cuando atiendo el teléfono estoy a punto de decir: “Asesoría de Prensa del Comando Militar del Este”. Aún pienso en las anécdotas del fin de semana que les voy a contar a mis compañeras. Todavía recuerdo y celebro las fechas festivas del calendario del Ejército. Todavía relato las experiencias vividas, como si hubiesen sucedido la semana pasada. Todavía recuerdo la formación mensual y revivo en mi memoria, con lágrimas en los ojos, la última vez que entré en formación el Día de la Bandera en 2013. Por más increíble que pueda parecer (los militares entenderán), mi familia también recuerda y revive muchas cosas conmigo.

Ah! Como siento nostalgia… Nostalgia de aquella camaradería. Nostalgia de las misiones. Nostalgia de la emoción que me embargaba durante la formación cuando escuchaba la Canción del Expedicionario. Nostalgia de mi uniforme. Nostalgias de ser la Teniente Sheila. No por los privilegios del rango, ya que cualquiera que me conozca sabe que eso nunca me importó. No, lo que extraño es el orgullo de ser una Oficial del Ejército Brasileño. Continúo siendo una oficial de nuestro glorioso EcoBravo [Ejército Brasileño], pero ahora soy parte de las reservas atentas y fuertes. Nostalgia…

El tiempo paso tan rápido y agradezco a Dios TODOS LOS DÍAS por la manifestación de Su gracia colmada de abundancia en mi vida. Por los nuevos desafíos que Él me ha dado, por los nuevos aprendizajes, por las oportunidades y conquistas diarias. Soy muy feliz por la oportunidad inigualable que estoy viviendo hoy. Siento un gran orgullo de formar parte de un proyecto tan significativo para nuestro país. Ruego a Dios que me bendiga y me permita contribuir y siempre dar lo mejor de mí en mi trabajo.

A pesar de todo, los sentimientos nostálgicos son algo que no controlamos. A veces, ni siquiera podemos explicarlo claramente. Pero, en mi opinión, la nostalgia es la confirmación de que algo que hemos vivido valió la pena. Fue mucho más que una experiencia laboral; fue una escuela de vida de la cual –hoy en día– llevo conmigo las mejores enseñanzas.

Al Ejército de Brasil: Yo te saludo. Mi reconocimiento, eterno respeto, admiración y amor.

¡Brasil, siempre primero en mi corazón!
Realmente es la verdad, pero pocos entienden. Hay que vivirlo. Q valentía departe tuya amg Dios te bendiga y te deseo lo mejor en est nuevo desafío d tu vida me encanto y me ase recordar esos tiempo d mi servicio militar también . Una ves mas mi felicitaciones y sigas adelante . Abrazos fuerte❄️ El ejército de Brasil es como una familia. Si todos los jóvenes tuvieran la experiencia de saber proteger su país, de hecho nuestros representantes no serían corruptos ni corruptores. Sería un país mejor. Brasil, sobre todo. Amor a la patria. Fui militar del ejército brasileño y después de graduarme, cabo. Fui aprendiz principalmente en el aspecto de la disciplina y el patriotismo. Hoy con 79 años, todavía siento orgullo y extraño todo lo que describe su brillante carta. Felicitaciones. Yo amo al ejército brasileño,. Por eso estoy activo en la Justicia Militar Federal desde 1973, hasta hoy. Ejemplo de patriotismo que nos enorgullece. Testimonio emocionante, pero ¿qué pasó con la teniente Sheila. h? Estoy con lágrimas en los ojos.
Cómo echo de menos mis días en el 1/5 RCMEC, donde aprendí mucho y aumenté la fuerza de mi CARACTER. Bellas palabras de reconocimiento y patriotismo ¿¿¿¿Por qué la despedida???? Primeramente, me apasiona esta institución. Esta carta me dio escalofríos. Felicitaciones a ustedes, mujeres de Brasil. Fui militar del Cuerpo de Fusileros Navales por más de diez años. Un gran aprendizaje en mi vida. No soy militar, ni tengo parientes, tan pocos los amigos que sean, pero me emocioné mucho al leer el artículo. Qué lindo y qué pena tener que dejar a un amor tan grande. Alabando siempre, eso prueba bien su carácter, su determinación y su amor. Felicitaciones por las palabras tan bien puestas. La teniente fue temporal... Hay un tiempo apropiado para servir, y terminado el tiempo, hay que irse. Comparto lo que dice la teniente Sheila. Fui militar de la gloriosa Marina de Brasil, serví en el CFN, guardo recuerdos de aquellos tiempos que no se apagan. Hoy estoy jubilado, pero todavía me considero militar. Todo brasileño debería servir a la patria. Serví en el Regimento Sampaio en 1990 y aún me hace falta. Hasta el día de hoy cargo conmigo lo que aprendí allá, principalmente la disciplina y el compañerismo. Teniente Sheila, Dios te bendiga. Me siento honrado por haber servido a mi patria. Valter.
Estoy en las reservas, remunerada por la Marina (CFN), y siento amor y patriotismo por la teniente Sheila. Mujer de fibra y alto calibre. Las mujeres así deberían permanecer. Dios la bendiga en su nueva vida en la sociedad civil. Felicitaciones, Teniente Sheila. ¡He leído su texto y veo que las palabras salieron del fondo de su alma! ¡¡¡A Brasil le hacen falta patriotas que respetan los símbolos nacionales y que se conmocionan al oír el himno nacional!!! Felicitaciones, Teniente Sheila. Su texto es un modelo; es lindo y usted tiene muchas razones por las que sentir nostalgia.
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