2011-09-26

Argentina: Piratería de libros preocupa

La Torre de Babel de Libros, por la artista Marta Minujín, fue construida con 30 mil libros en la Plaza San Martín, en honor a la distinción recibida por Buenos Aires como la Capital Mundial del Libro 2011. (Cortesía Ciudad de Buenos Aires)

La Torre de Babel de Libros, por la artista Marta Minujín, fue construida con 30 mil libros en la Plaza San Martín, en honor a la distinción recibida por Buenos Aires como la Capital Mundial del Libro 2011. (Cortesía Ciudad de Buenos Aires)

Por Eduardo Szklarz para Infosurhoy.com—26/09/2011

BUENOS AIRES, Argentina – Famosa por sus librerías, Buenos Aires fue elegida Capital Mundial del Libro 2011 por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

El título fue otorgado por la UNESCO en reconocimiento al trabajo realizado por la ciudad para estimular la lectura.

Al igual que en Madrid (España), Ljubljana (Eslovenia) y otras ciudades ganadoras anteriormente, Buenos Aires rinde tributo a escritores, editores y otros profesionales que trabajan en ese campo a través de una extensa agenda cultural.

Las actividades comenzaron el 23 de abril y continuarán por un año.

Con el objetivo de llevar adelante su cometido, el gobierno de la Ciudad creó la unidad de proyectos especiales "Buenos Aires, Capital Mundial del Libro 2011" (BACML2011).

Hasta el momento, hemos desarrollado más de cuarenta proyectos focalizados en promover el patrimonio literario de la ciudad", señala Luciana Blasco, directora general de la unidad.

Una de las iniciativas fue la Torre de Babel de Libros, de la artista Marta Minujin. El monumento, ubicado en Plaza San Martín en el centro de la Ciudad de Buenos Aires, tiene 25 metros de altura y está compuesto de 30 mil libros en cientos de idiomas.

La colección estará incluída en la Biblioteca de Babel, la cual se prevé será construida en los próximos meses.

“Será la primera biblioteca multilingüe en Argentina, con libros de más de 50 países, entre los que se incluyen libros de Estados Unidos, Lituania e Israel”, señala Blasco.

Otra novedad es la distribución de 40 libros digitales en bibliotecas públicas de la ciudad.

“Cada dispositivo dispone de 150 libros cargados que serán continuamente actualizados”, plantea Blasco.

Gobierno lucha contra la piratería

Al mismo tiempo que celebran la cultura del libro, las autoridades argentinas están enfrentando la creciente problemática de la piratería en el sector editorial.

Argentina no tiene un registro exacto de las operaciones registradas en el país, pero las empresas afectadas plantean que la piratería afecta a entre un veinte y un treinta por ciento de sus negocios, indica Sebastián Noejovich, coordinador del programa Opción Libros Buenos Aires, el cual brinda apoyo a las editoriales y es parte del ministerio de Desarrollo Económico de la ciudad.

“Este reciente descubrimiento nos permite estimar con mayor fundamento la dimensión de este fenómeno”, señala Noejovich.

En noviembre de 2010, por ejemplo, efectivos de Gendarmería Nacional incautaron 130 mil libros pirateados con un valor de $11 millones de pesos (cerca de US$2,75 millones) en allanamientos realizados en la capital del país.

La operación fue ordenada por el fiscal Carlos Rívolo, tras una denuncia presentada por las editoriales Planeta, Sudamericana, Santillana y Urano.

Entre los autores más copiados se encontraban los argentinos Luis Majul y Felipe Pigna, el brasileño Paulo Coelho y la estadounidense Stephanie Meyer.

“Esta es la mayor [incautación] en la historia editorial de nuestro país”, expresó la editorial Santillana.

Detectar libros pirateados es casi imposible

Hasta 2003, la piratería de libros en Argentina era relativamente pequeña.

Los delincuentes pirateaban los 10 libros más vendidos, cargaban la mercadería en camiones y los vendían en las playas del país.

Los libros eran transportados a través de empresas independientes de transporte, o directamente por los equipos de falsificadores.

“Cuando un vendedor de libros honesto descubría lo que estaba sucediendo y lo informaba a una editorial, la gente que hacía las entregas ya se había ido, y la policía no podía hacer nada al respecto”, dice Carlos Pazos, director de Fundación El Libro, la cual organiza la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires y la Feria del Libro Infantil y Juvenil.

Hoy en día, con el perfeccionamiento de los sistemas gráficos, detectar la piratería se ha convertido en una tarea mucho más compleja.

“El contenido de estos libros por lo general es exactamente igual al de la edición auténtica, incluso con el mismo papel y tipografía”, señala Pasos.

En general, los libros son falsificados utilizando un sistema fotográfico que produce una película que contiene el libro auténtico. El proceso produce una pérdida de definición, pero es mínima.

“Un especialista podría detectar la diferencia entre una copia pirateada y el original”, plantea Pazos. “Pero para una persona común es imposible“.

Cambió el m odus operandi

Con la introducción de nuevas tecnologías, el modus operandi de la piratería ha cambiado.

Los falsificadores venden copias falsificadas a feriantes y dueños de kioscos en los parques Centenario y Rivadavia.

“Para protegerse de denuncias, los dueños de los kioscos compran una o dos copias de las editoriales”, señala Pazos. “De esa forma, cuando llega la policía, pueden mostrar una factura por los productos auténticos”.

Dada la dificultad que implica determinar si los libros son pirateados o no, la policía generalmente se conforma con ver una factura, plantea Pazos. Eso es porque el feriante expone solamente uno o dos ejemplares de cada libro. El resto están guardados en un depósito.

Otra estrategia de los kiosqueros es alegar que compran y venden libros usados, sobre los cuales no existe legislación.

En Parque Centenario, por ejemplo, Infosurhoy.com encontró libros que se venden por hasta 50% menos del precio de las librerías.

Los argumentos de los empleados de los kioskos cuando se les consulta sobre la diferencia en los precios es el siguiente:

sus copias son “usadas” o están “un poco sucias”.

En librerías y en la red

La alta calidad de estas falsificaciones ha permitido a los libros pirateados entrar al mercado central.

“En los estantes de algunas librerías, estos productos están mezclados con libros oficiales y se venden al mismo precio”, plantea Noejovich.

Pero es en el mundo digital donde la piratería se expresa de manera mucho más extendida y diversificada, explica.

En Internet, al no mediar el costo de producción industrial, de comercialización y de almacenamiento, la decisión de replicar digitalmente cualquier contenido se proyecta como una gran amenaza.

“La reproducción electrónica de libros aparece muchas veces avalada por una ética de la libre circulación de contenidos bajo la que parecieran perder sustancia los derechos de propiedad intelectual de los autores”, establece Noejovich.

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1 Comentario

  • bassem | 2011-11-02

    probando