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2012-08-07

Colombia: Programa de reintegración cambia vidas

El exmiembro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Álvaro Pérez, de 53 años, es ahora propietario de Colfepaz, una pequeña sastrería en Bogotá, donde da consejos sobre costura a su hija menor, Verónica, de 29 años, la cual creció en el medio del conflicto interno colombiano. (Juan Carlos Rocha para Infosurhoy.com)

El exmiembro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Álvaro Pérez, de 53 años, es ahora propietario de Colfepaz, una pequeña sastrería en Bogotá, donde da consejos sobre costura a su hija menor, Verónica, de 29 años, la cual creció en el medio del conflicto interno colombiano. (Juan Carlos Rocha para Infosurhoy.com)

Por Leandra Felipe para Infosurhoy.com – 07/08/2012

BOGOTÁ, Colombia – Al menos 54.783 han abandonado sus armas. De ellos, 31.300 exguerrileros han comenzado la reintegración a la sociedad.

Diecisiete mil se inscribieron en cursos de capacitación laboral y 8.588 ya han conseguido un empleo formal, según la Agencia Colombiana para la Reintegración (ACR).

Detrás de estos números hay historias de valor y determinación como la del propietario de una pequeña empresa, Álvaro Pérez, de 53 años, y el vendedor Juan Pablo, de 39.

Pérez fue miembro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) de 1996 a 2006 y ahora es el propietario de Colfepaz, una pequeña sastrería en Bogotá que puede producir hasta 20 mil prendas y mochilas mensualmente; proporcionando empleo a entre 18 y 28 personas, dependiendo de la demanda.

Mientras tanto, Juan Pablo, exmiembro de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), trabaja como vendedor en un centro comercial en Bucaramanga, en el departamento de Santander. Si bien vive con la preocupación de ser objeto de represalias del grupo terrorista o sufrir discriminación por haber formado parte de la guerrilla, habló con Infosurhoy.com a condición de mantener el anonimato.

“No puedo conseguir un trabajo diciéndole a la gente que fui miembro de una organización paramilitar”, declaró Juan Pablo, quien ha mantenido en secreto su pasado en la AUC. “Si se enteran de que eras guerrillero, podrías ser despedido al día siguiente”.

Juan Pablo era un trabajador rural en el departamento de Santander, y su propiedad era atacada por las FARC. Se unió a la AUC en 2004, pero no podía acostumbrarse a la cultura del grupo, al uso de las armas y a las acciones ilegales.

Quiso dejar la AUC en 2006 – decisión por la cual fue atacado por sujetos armados en tres oportunidades.

“Fue un milagro que hubiese sobrevivido”, dijo. “Después de eso, decidí irme de Santander y en 2008, me uní al programa de reintegración del gobierno”.

Juan Pablo es el primer y único exmiembro de un grupo ilegal en completar el programa coordinado por ACR. Este año, la agencia espera que otros mil lo completen.

Además de la AUC, la iniciativa de ACR se centra en exguerrilleros de las FARC, el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y el Ejército Popular de Liberación (EPL).

El primer paso para la reintegración implica el desarme. Se alienta a los guerrilleros interesados en abandonar las armas a comunicarse con una autoridad militar o gubernamental a nivel local.

Pérez se unió a las FARC cuando tenía 38 años, motivado por las dificultades financieras y una visión romántica de la organización. En aquel tiempo, trabajaba como sastre y cosía los uniformes para la guerrilla.

Pero rápidamente se desilusionó del movimiento.

“Vi los crímenes y los abusos de las FARC por mí mismo”, dijo.

Las atrocidades y falsas promesas – solamente recibió el salario prometido por tres meses y no pudo enviar dinero a su esposa y tres hijas – le mostraron rápidamente a Pérez la verdadera cara del movimiento guerrillero.

No obstante, acabaría pasando una década con el movimiento.

“Quería irme antes, pero me preocupaba que persiguieran a mi familia”, señaló.

En 2006 superó su miedo. Junto con otros nueve guerrilleros, se fue a ACR y comenzó el largo camino para la reintegración.

Atención integral

El programa de reintegración de ACR ofrece servicios psiquiátricos y educativos a los exguerrilleros, quienes reciben educación secundaria básica además de capacitación laboral. Muchos de los exguerrilleros se unieron a estos grupos armados ilegales antes de completar sus estudios en la escuela elemental.

La iniciativa también ofrece atención psicosocial a los familiares para facilitar la reintegración de los exguerrilleros a sus familias.

Para fomentar la integración en la comunidad, ACR se concentra en reintroducir a los exguerrilleros en el mercado laboral. Se los monitorea, minimizando así sus oportunidades de recaída criminal.

Una vez que abandonan los grupos ilegales y contactan a ACR, los exguerrilleros reciben $480 mil pesos colombianos (US$267) por mes, dependiendo de su participación en al menos el 90% de las actividades propuestas por la agencia, incluidas las conferencias, cursos y servicio comunitario.

Un mayor número de guerrilleros desertarían si no tuviesen miedo de ser blanco de grupos terroristas o de sufrir discriminación debido a su pasado, según el director general de ACR, Alejandro Eder Garcés.

“Necesitamos concientizar al público sobre el papel de la sociedad en acoger y perdonar a los exguerrilleros”, declaró. “Es comprensible que los exmiembros de estos grupos ilegales sean recibidos con escepticismo por la sociedad. Pero aceptar a los exguerrilleros en la comunidad es un paso importante para forjar la paz”.

Pérez y Juan Pablo son ejemplos de desmovilización y reintegración exitosas. Sin embargo, la mayoría de los exguerrilleros no completan el proceso y vuelven a su vida de crimen.

ACR no tiene datos sobre la reincidencia, pero identifica a la falta de apoyo familiar, a la dificultad en encontrar trabajo y especialmente, el no completar todas las etapas del programa de reintegración, como las principales causas por los que los inscritos en el programa regresan a su anterior estilo de vida.

“La persona que completa el 90% de las actividades y continúa dedicado a la reintegración tiene mejores posibilidades de reintegrarse completamente y no reincidir”, agregó Garcés.

Para Pérez, recuperar la libertad de entrar y salir según le plazca y de llevar una vida normal con su familia fueron los mayores incentivos.

“Trabajo siete días a la semana”, dijo, agregando que se esfuerza al máximo por proyectar una imagen positiva para demostrar que es “una buena persona”.

Juan Pablo, considerado un estudiante modelo en el programa de ACR, ha cambiado su vida por completo, recibió su diploma de secundaria por medio del programa de reintegración y sueña con ir a la universidad.

“La vida me ha dado una nueva oportunidad y sé que me llevará mucho más allá”, comentó.

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1 Comentario

  • cèsar pèrez | 2012-08-26

    execelente asì se gobierna colombia nesecita hombres como el presidente juan manuel santos palante presidente la reelecciòn serà aplastante que no habrà una segunda vuelta