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2012-06-08

Crece la economía ecológica a nivel mundial

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) estima que una inversión anual del 2% del PBI mundial, equivalente a US$1,3 billones, transformaría la economía mundial en una economía verde para 2050. (Yuriko Nakao/Reuters)

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) estima que una inversión anual del 2% del PBI mundial, equivalente a US$1,3 billones, transformaría la economía mundial en una economía verde para 2050. (Yuriko Nakao/Reuters)

Por Danielle Melo para Infosurhoy.com – 08/06/2012

RIO DE JANEIRO, Brasil – La transición de modelos de producción tradicionales hacia una economía ecológica o verde, uno de los pilares del desarrollo sustentable, podría llevar a la creación de más de 60 millones de puestos de trabajo durante los próximos 20 años.

Este estimado, realizado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), incluye empleos verdes y puestos de trabajo que se añaden a la economía tradicional que surgen como resultado de una mayor eficiencia energética.

Estas cifras son parte del informe “Hacia el desarrollo sostenible: Oportunidades de trabajo decente e inclusión social en una economía verde”, dado a conocer el 31 de mayo.

Los ocho segmentos de la economía que muestran un fuerte potencial para la creación empleos verdes son la agricultura, forestación, pesca, energía, industrias intensivas en recursos naturales (como la minería), reciclaje, construcción y transporte.

En conjunto, estas industrias emplean a 1.500 millones de personas, el 50,1% de la fuerza de trabajo mundial.

Si las proyecciones de la OIT fueran correctas, al 2032 una porción de ese grupo contribuiría a la transición del modelo económico actual, basado en el consumo exorbitante de recursos naturales y la emisión de altos niveles de carbono, hacia una economía verde, caracterizada por el uso eficiente de estos recursos y por los bajos niveles de producción de carbono.

“En un escenario como el actual, los niveles de productividad en 2030 serían 2,4% menores a los de hoy, y 7,2% menores en 2050”, indicó en el informe Peter Poschen, director del Departamento de Creación de Empleos y Empresas Sustentables de la OIT. “[Este escenario] va a llevar a la escasez progresiva de agua y al aumento de los precios de los alimentos, energía y otros productos básicos… [y] agravará problemas como la pobreza y la desigualdad así como también la malnutrición y la inseguridad alimenticia”.

El costo promedio de la degradación ambiental equivale al 8% del Producto Interno Bruto (PIB) mundial, según el reciente informe publicado por el Banco Mundial denominado “Crecimiento Verde Inclusivo en América Latina y el Caribe”.

En El Salvador, Guatemala, Colombia y Perú, la destrucción ambiental representa el 4% del PIB.

“Debemos hacer un esfuerzo por generar diálogo en la comunidad política y alinear las estructuras institucionales con el crecimiento ecológico”, plantea Carlos Manuel Rodríguez, vicepresidente regional de la ONG Conservación Internacional y exministro ambiental de Costa Rica.

Matices de verde

Cambiar el color de la economía significa más que solamente mantener la forestación y proteger a los animales, señalan los especialistas. Dado que el futuro del negocio está en juego, el concepto de una economía verde ha tenido que evolucionar.

En la década del 70 y del 80, cuando el tema fue discutido por primera vez, los segmentos de la economía considerados verdes eran aquellos relacionados directamente con la biodiversidad.

Hoy en día, las empresas y las industrias que adoptan estándares meticulosos de producción que evitan el desperdicio pueden ser consideradas verdes, según los lineamientos del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

“El foco está más en los medios de producción que en el producto o servicio que se ofrece”, señala Dario Menezes, profesor de gobernabilidad y responsabilidad social en la Fundación Getulio Vargas (FGV) de Brasil y del Instituto Brasileño de Mercados de Capital (IBMEC).

Para la OIT, el concepto de economía verde es más amplio. Además de comprometerse con la eficiencia en el uso de los recursos naturales y de disminuir los niveles de emisión de carbono, las empresas deben respetar los derechos de los trabajadores.

En la práctica, esto significa que un restaurante que le da el destino adecuado a los residuos, compra ingredientes a proveedores que respetan los derechos de sus trabajadores y ofrecen productos de buena calidad, y mantienen relaciones duraderas con sus proveedores y empleados, es tan verde como un fabricante de muebles que usa madera de reforestación.

Actualmente no hay estadísticas confiables en cuando al alcance mundial de la economía verde. Sin embargo, el PNUMA estima que una inversión anual del 2% del PIB mundial, equivalente a US$1,3 billones, podría transformar la economía mundial en una economía verde para 2050.

Países desarrollados encabezan el movimiento

Países desarrollados como Alemania y Dinamarca, y algunos países en desarrollo, como Brasil, lideran la transición, según la OIT.

Uno de los desafíos globales implica llevar prácticas verdes a las pequeñas empresas, que emplean a la mayoría de los trabajadores.

“Las grandes empresas tienen techo de cristal”, indica Menezes. “Precisan encuadrarse con estos nuevos estándares de producción o arriesgar perder inversores y clientes. También deben trabajar con proveedores, provocando así un efecto multiplicador”.

Otro desafío parte de los propios gobiernos, que deben asumir compromisos y exigir lo mismo al sector privado, según Menezes.

En Alemania, por ejemplo, un programa de eficiencia energética de €100 mil millones (US$125.600 millones) tuvo como resultado facturas de luz más baratas, reducción de las emisiones de carbono y la creación de 300 mil puestos de trabajo directos. El programa es considerado un modelo por parte de la OIT.

“Pero no todo lo que es verde es inclusivo”, afirma Ede Ijjasz-Vasquez, director sectorial del Desarrollo Sustentable del Banco Mundial.

Ijjasz-Vasquez menciona a los automóviles híbridos, generalmente adquiridos por las clases sociales más privilegiadas, como ejemplo de acceso dispar a las alternativas ecológicas.

“Sería mejor tener un sistema de transporte público ecológico”, afirmó.

De todas formas, el informe del Banco Mundial destaca las iniciativas sustentables de América Latina, una de las regiones más urbanizadas del mundo.

Argentina, por ejemplo, ha expandido el uso de aguas internas para transportar soja y otras materias primas, utilizando una innovadora central combinada que financia el dragado de ríos y el mantenimiento.

En Brasil, donde el 61% de los productos del país se transportan en camiones, el país está invirtiendo en el programa Eco-transporte caracterizado por la baja emisión de carbono.

*Ligia Hougland contribuyó desde Washington, D.C.

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