Arrow left
Arrow right

2011-05-09

Rio de Janeiro: descubren cementerios clandestinos

Alciony Almeida da Silva ha estado buscando los restos de su hermano, Júlio Baptista da Silva Barroso, desde que éste fuera asesinado por narcotraficantes en el Complexo do Alemão, de Rio de Janeiro, en julio de 2009. (Renzo Gostoli /Austral Foto para Infosurhoy.com)

Alciony Almeida da Silva ha estado buscando los restos de su hermano, Júlio Baptista da Silva Barroso, desde que éste fuera asesinado por narcotraficantes en el Complexo do Alemão, de Rio de Janeiro, en julio de 2009. (Renzo Gostoli /Austral Foto para Infosurhoy.com)

Por Nelza Oliveira para Infosurhoy.com—09/05/2011

RIO DE JANEIRO, Brasil – Júlio Baptista da Silva Barroso tenía 29 años cuando salió de su casa el 9 de julio de 2009, para nunca más regresar.

Salió rumbo a su trabajo, dispuesto a exterminar el Aedes aegypti – el mosquito que causa el dengue – en el Complexo do Alemão, una agrupación de 15 favelas, en la zona norte de Rio de Janeiro.

Barroso, empleado municipal, estaba haciendo lo mejor que podía para combatir una enfermedad potencialmente fatal.

Pero ese trabajo le costó la vida.

Los narcotraficantes lo confundieron con un violador que ocasionalmente usaba el uniforme que llevan los “matamosquitos”, apodo que los miembros de la comunidad dan a quienes realizan el mismo tipo trabajo que Barroso.

Barroso fue secuestrado por los narcotraficantes, quienes lo encontraron culpable según “las leyes de la calle”.

Su castigo: ser torturado y ejecutado por un crimen que no cometió, dijeron las autoridades.

Barroso vivía con su madre y dos hermanas en el vecindario de Inhaúma, en la zona norte de la ciudad y había sido asignado trabajar en el Complexo justo un mes antes de su desaparición.

Hasta el día de hoy, la familia de Barroso sigue luchando para encontrar sus restos, de modo que puedan cerrar un capítulo doloroso que ya ha durado casi dos años.

“Fue una injusticia: incluso si él hubiera sido el delincuente, ellos no tenían derecho a hacer eso”, dice la hermana de Barroso, Alciony Almeida da Silva, de 51 años. “Pero la peor parte fue que ellos deseaban hacer justicia con sus propias manos y lo hicieron con la persona equivocada. Júlio era un trabajador honrado, estudiaba para los exámenes de concurso para el servicio público, era tranquilo y no tenía vicios.”

Pero las tragedias como la sufrida por la familia de Barroso no están siendo ignoradas. Han llevado a José Mariano Beltrame, Ministro de Seguridad Pública del Estado de Rio de Janeiro, a lanzar una campaña que permitirá que los habitantes del Complexo do Alemão y de Vila Cruzeiro reporten la localización de fosas comunes y posibles cementerios ocultos.

“No vamos a poder ponerle fin, pero tenemos la responsabilidad de reducir al mínimo el sufrimiento que padecen estas familias”, dice Beltrame. “Hay investigaciones abiertas y acusaciones de homicidio que deben investigarse y no contamos con el cuerpo necesario para concluir el trabajo que hay que hacer.”

El 25 de noviembre de 2010, el reinado de terror de 30 años ejercido por los narcotraficantes comenzó a desmoronarse. Una operación conjunta llevada a cabo por la policía de Río de Janeiro y las Fuerzas Armadas de Brasil marcó el comienzo de un esfuerzo concertado para expulsar a los narcotraficantes del Complexo do Alemão y de la vecina Vila Cruzeiro – una de las 10 favelas que integran el Complexo da Penha.

“Antes de la ocupación por parte de las fuerzas pacificadoras, esta área (Complexo do Alemão) carecía de los servicios gubernamentales básicos y era escenario frecuente de asesinatos”, dice Beltrame. “Estamos haciendo un levantamiento del área, examinando las laderas de las colinas circundantes y realizando investigaciones en un intento de encontrar cementerios, pero necesitamos la ayuda de la comunidad.”

El Ejército continúa la ocupación del Complexo do Alemão y de Vila Cruzeiro.

Se espera que una Unidad de Policía Pacificadora (UPP), encargada de ocupar y patrullar la comunidad, se instale en la región en la segunda mitad del año.

Desde 2008 se han instalado 16 UPPs en las favelas de Rio de Janeiro.

“Desde la desaparición [de Júlio] hemos estado haciendo presión para que el Ministerio de Seguridad Pública encuentre sus restos mortales, pero ellos decían que era imposible entrar [al Complexo], debido a que la operación podría poner en riesgo vidas inocentes", dice Alciony. “Es hasta ahora, con la campaña de pacificación, que están en capacidad de actuar.”

La campaña para fomentar que los residentes informen de fosas comunes dejadas por los narcotraficantes es una iniciativa del Ministerio de Seguridad Pública de Rio de Janeiro, el Ejército, la Fiscalía Estatal y Disque-Denúncia, un servicio ofrecido por la Policía Civil que permite que los residentes dejen información anónima.

El 16 de marzo, cuando comenzó la campaña, las fuerzas pacificadoras del Ejército distribuyeron 5.000 volantes y colgaron 100 carteles en las calles del Complexo do Alemão.

En 2010, Disque-Denúncia recibió 106 pistas sobre cementerios clandestinos.

Desde el 1 de enero hasta el 28 de abril de este año, esta línea directa recibió 69 llamadas con pistas.

Se puede llamar a Disque-Denúncia marcando el número 2253-1177 desde Rio de Janeiro. Este servicio ofrece una recompensa de R$2.000 (US$ 1.250) por información que conduzca a la recuperación de los restos de Barroso.

“Esta campaña ha sido buena porque ha asegurado que el caso [de Júlio] no será olvidado”, afirma Alciony. “Los dos sospechosos que están en prisión van a enfrentar juicio y es algo bueno que el asunto haya vuelto a la luz. Queremos que los declaren culpables. No es cuestión de venganza, es cuestión de justicia.”

Dos de los sospechosos acusados de estar involucrados en la muerte de Barroso están en la cárcel. Entre los que todavía no han sido capturados está Luciano Martiniano da Silva, quien supuestamente es el jefe de las bandas de narcotráfico en el Complexo do Alemão.

Se cree que el cuerpo de Barroso está en un área llamada Horta, en el Complexo do Alemão, dice Alciony.

La familia está esperando los resultados del análisis de ADN realizado a una osamenta encontrada en el área.

“El problema es que se trata de un área muy extensa y necesitamos una localización más precisa”, agrega Alciony. “El funcionario ha explicado que la policía no puede excavar toda la zona. De esta manera, esperamos que la población local se involucre y ofrezca nueva información, porque hay mucha gente que sabe cosas, pero que todavía tiene temor. Pero no deben tenerlo, ya que Disque-Denúncia es anónima.”

No es posible calificar o realizar comentarios sobre este artículo.