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2012-08-31

Coopa-Roca: cooperativa de la favela abre tienda en un centro comercial

Maria Cosmo (centro) es una de los ochenta integrantes de Coopa-Roca, una cooperativa de costureras y artesanas de la favela Rocinha. "Todo lo que tengo, lo he ganado con una aguja e hilo", confesó. (Flávia Ribeiro para Infosurhoy.com)

Maria Cosmo (centro) es una de los ochenta integrantes de Coopa-Roca, una cooperativa de costureras y artesanas de la favela Rocinha. "Todo lo que tengo, lo he ganado con una aguja e hilo", confesó. (Flávia Ribeiro para Infosurhoy.com)

Por Flávia Ribeiro para Infosurhoy.com – 31/08/2012

RIO DE JANEIRO, Brasil – La favela ha bajado de las laderas de los cerros para convertirse en la más reciente atención de un centro comercial de Rio de Janeiro.

Coopa-Roca, una coperativa de costureras y artesanas que viven en la favela Rocinha , abrió su primera tienda en el distinguido Centro de la Moda de la ciudad en el mes de mayo.

La favela y el centro comercial son vecinos en la zona sur de Rio de Janeiro. Aún así, a pesar de la proximidad, existe un marcado contraste entre los dos sitios.

En las laderas de los cerros, los 70 mil habitantes de Rocinha se las arreglan para vivir en una zona reconocida por la pobreza y la violencia alimentada por las drogas. A nivel de la calle, cerca del océano, el exclusivo Centro de la Moda opera en uno de los distritos comerciales de mayor nivel del país, que ocupa el sexto lugar, según la empresa consultora de bienes raíces Cushman & Wakefield.

Mejoras en la seguridad

En noviembre de 2011, miles de efectivos de las fuerzas de seguridad del gobierno se desplazaron hacia Rocinha, alejaron a los narcotraficantes y comenzaron el proceso de pacificación de la favela. Fue en ese momento de paz que vio la luz la idea de crear la primera tienda Coopa-Roca.

Ahora, tras treinta años de lidiar con una demanda irregular de sus productos, el grupo finalmente está logrando su independencia financiera.

“Todo lo que necesitábamos era la capacidad para operar de manera independiente. En el pasado, solíamos vender exclusivamente a través de asociaciones con otras empresas. Ahora, vendemos directamente a los consumidores", declaró la socióloga Maria Teresa Leal, de 54 años, fundadora y coordinadora del grupo.

En virtud de la política de buenos vecinos, el centro comercial no le cobra alquiler ni otros gastos a Coopa-Roca por el espacio. A cambio, Coopa-Roca se compromete a no abrir nuevas tiendas.

Vestidos, blusas, faldas y carteras comparten el espacio en las vidrieras de la tienda junto a almohadones, individuales y objetos de decoración. Los precios se corresponden con los de las otras tiendas del centro comercial. Los almohadones cuestan cerca de R$180 (US$87). Los Cristales de Luz -unas lámparas redondas con terminaciones tejidas al crochet- cuestan entre R$400 (US$195) y R$540 (US$263), según la medida y el largo del tejido.

“Ésta no es una tienda para las masas porque el trabajo de Coopa-Rio es artesanal y exclusivo", comentó Leal, quien contrató a tres vendedoras de Rocinha.

Bajando por las laderas de la favela

Maria Cosmo, de 52 años, una de los 80 integrantes de Coopa-Roca, y oriunda del estado de Ceará, parece haber salido directamente del jingle del Carnaval de 1952 Lata D’água (balde de agua):

“Con un balde sobre su cabeza, allí va María/Ella trepa las laderas y nunca se cansa/Llevando a su hijo de la mano, allí va María/María lava la ropa en lo alto de la colina/Solo para llegar a fin de mes/Sueña con una vida en las calles de la ciudad/Que termina donde comienzan las laderas de la favela”

Cosmo, habitante de Rocinha, solía ir a buscar agua en un pozo, para cocinar para su marido y sus cinco hijos. También solía usar el agua del pozo para bañarse y para ganar dinero lavando la ropa de otras personas.

Todo cambió en 2001, cuando descubrió la cooperativa.

"Aprendí a tejer al crochet mirando a mi madre en Juazeiro do Norte, donde nací” dijo. “Desde que tenía doce años, ella solía decir: 'Aprende a coser, a bordar y a tejer al crochet porque algún día ganarás dinero con ello'".

Al poco tiempo de empezar a trabajar en Coopa-Roca, pudo comprarse un tanque de agua y un lavarropas.

“También renové mi casa: pisos, puertas, ventanas, techo...Todo lo que tengo lo he ganado con una aguja e hilo", añadió.

Rocinha con alcance mundial

El éxito de Coopa-Roca no llegó de la noche a la mañana. Ya en 1994, comenzaron a aparecer vestidos con sus diseños en las pasarelas durante las semanas de la moda de Rio y São Paulo.

La originalidad de las prendas llamó la atención de estilistas como Alexandre Herchcovitch y Carlos Miele, que se asociaron con la cooperativa. Las marcas de ropa Lacoste y Osklen, además de artistas como Ernesto Neto y Tord Boontje, formaron también alianzas con Coopa-Roca.

Entre los artículos más populares de la cooperativa están los Cristales de Luz. Leal destaca que más de treinta de estas lámparas fueron exportadas a Estados Unidos solamente en 2012. Seis de ellas fueron destinadas al Museo Nacional de Diseño Cooper-Hewitt de la Instiitución Smithsoniana, y ocho están instaladas en la sede de las Naciones Unidas, ambas en Nueva York, precisó.

Trabajar desde casa

Desde que fuera fundada por un grupo de cinco mujeres en 1982, la cooperativa ha mantenido su objetivo de permitir a las costureras ganar dinero sin salir de sus casas.

“La idea para ellas es trabajar en sus casas para poder criar a sus hijos y atender las tareas hogareñas", sostiene Leal.

Liliane Moreira da Silva, de 29 años, fue contratada por Coopa-Roca hace diez años. Ella aprendió a bordar con una de las integrantes más experimentadas del grupo, María Medeiros, de 52 años.

“He podido criar a mis tres hijos sin acudir a los centros de día o a una cuidadora, y puedo compartir los gastos de la casa con mi esposo, que trabaja como panadero", explicó Silva.

Así, cuando pueden o lo necesitan, las costureras se encuentran en la sede de la cooperativa.

“Venimos aquí para desahogarnos, para aprender y para ayudarnos mutuamente", expresa la costurera Isabel Conceição, de 49 años.

Las mujeres se reunieron hace poco tiempo para despedir a Medeiros, una de las seis artesanas que enseñan a los recién llegados y diseña ls nuevos objetos de Coopa-Roca junto a Leal.

Medeiros perdió recientemente a su madre y su padre y su pena hizo que se alejara por un tiempo del trabajo.

“Aprendí mucho de Maria Medeiros. Espero que regrese pronto", expresó Conceição, visiblemente conmovida. "Somos un grupo muy unido. Si yo sé que no podré terminar a tiempo mi trabajo, puedo llamar a las demás y trabajamos juntas para poder completarlo".

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