Tráfico de cocaína pasa de Colombia a Perú

Un oficial de policía custodia paquetes de cocaína confiscados durante operaciones antidrogas llevadas a cabo recientemente en Perú. (Foto: AFP/Ernesto Benavides)
El cambiante tráfico de cocaína ha sufrido en Colombia la toma de medidas enérgicas durante una década, lo cual provocó su desplazamiento hacia Perú, que se estima que se convertirá en principal productor en una industria con el valor de unos US$ 100 mil millones a nivel mundial.
“De hecho, todo lo que logró reducirse en Colombia ha terminado en Perú y Bolivia”, manifestó ante AFP el analista colombiano Daniel Mejía, quien dirige el Centro de Seguridad y Drogas de la Universidad de los Andes. “Los laboratorios (procesadores de cocaína) se han trasladado a Ecuador y Venezuela, y el tráfico a Centroamérica y México”, indicó.
El área donde crecen los cultivos de hojas de coca se ha mantenido estable en los últimos años, y los expertos estiman que ésta se extiende en 1.500 kilómetros cuadrados en la zona andina.
En 2010, Colombia y Perú iban a la par en área de cultivos de coca (62.000 hectáreas en Colombia y 61.200 en Perú) y en la producción de cocaína procesada (350 toneladas anuales en Colombia y 320 en Perú).
Sin embargo, muchos expertos estiman que en 2012 Perú ascenderá en ambas categorías.
El informe sobre drogas de 2012 de la ONU publicado el 26 de junio no contenía los últimos datos para confirmar la dudosa distinción de Perú, aunque recalcó la “muy significativa reducción en la cocaína procesada en Colombia” desde 2006, cuando la producción anual era de 660 toneladas.
La producción y venta al público de cocaína ha cambiado de modo espectacular desde principios de la década de los noventa, momento en el cual los infames carteles colombianos dominaban el tráfico de estupefacientes estadounidense monopolizando todo, desde la plantación de coca hasta la venta al público en las calles de los Estados Unidos.
Los carteles colombianos comenzaron a traficar cocaína principalmente no solo desde Perú, sino también desde Bolivia. Sin embargo, el tráfico explotó cuando el por entonces presidente peruano Alberto Fujimori impuso una zona de exclusión de vuelos en el país vecino del Perú.
Las Fuerzas Armadas peruanas derribaron presuntas aeronaves narcotraficantes hasta 2001, momento en el cual abatieron un pequeño avión que llevaba misioneros estadounidenses.
Mientras tanto, la violencia desatada por el narcotráfico en Colombia se convirtió en una amenaza a la seguridad nacional, ya que miles de colombianos murieron en luchas internas por el control de territorios y el país se hizo famoso por los secuestros.
“Colombia es distinta a otras naciones productoras de coca en que aquí hubo conflictos armados desde mediados de los años sesenta”, afirmó Mejía en referencia a la guerra que lleva varias décadas con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), la agrupación rebelde en combate más antigua de Latinoamérica. “Cuando los rebeldes de las FARC y los paramilitares (de derecha) establecieron sus lazos con los traficantes de cocaína, eran organizaciones militares entrenadas”, señaló.
En el año 2000, el entonces presidente colombiano Andrés Pastrana acordó el Plan Colombia con Estados Unidos, bajo el cual Bogotá recibiría US$ 8 mil millones en ayuda, así como también en entrenamiento y material para la lucha contra los carteles y los insurgentes. El Plan Colombia también incluía zonas libres de vuelos, que desplazó a los exportadores de cocaína y tuvieron que buscar otras rutas fuera del país: por tierra, por ríos e incluso por mar mediante submarinos semisumergibles.
La ofensiva, que lleva ya una década, viene desarticulando a los carteles y la fumigación, que solo se emplea con cultivos de coca en Colombia, redujo la productividad y rendimiento de los cultivos.
No obstante, el tráfico regional de coca sigue vivo y en forma. “Es un error pensar que cualquiera puede librarse del problema”, declaró Aldo Lale Demoz, representante de la Oficina de Naciones Unidas contra las Drogas y el Delito. “Estamos tratando de controlarlo y asegurarnos de que las sustancias sean costosas y difíciles de obtener, y que no llegue a los menores de 18 años”, dijo.
Mientras tanto, en Perú los cultivos de coca se volvieron muy rentables en zonas como el Valle de los ríos Apurímac y Ene (VRAE), donde en gran parte han fallado los esfuerzos de sustitución de cultivos. “A veces vienen personas (con incentivos económicos) y los agricultores quieren dejar los cultivos de coca para plantar cacao o café. No obstante, no existe seguimiento y los agricultores terminan volviendo a sembrar coca”, manifestó Pérez Malqui, perteneciente al gremio de agricultores de Pichari, al sur del Perú. “Les dan esperanza a los agricultores y les hacen muchas promesas, pero después desaparecen y los trabajadores se quedan con productos que no tienen mercado”, destacó.
Aunque las hojas de coca se mastican por cuestiones medicinales en la zona andina, no caben dudas del destino que tiene la mayor parte de la producción de coca del Perú. “No se puede tapar el sol con una mano”, dijo a AFP Edwin Huaman, alcalde de San Francisco, cerca de Pichari. “Aquí hay narcotráfico. … El blanco de los traficantes son personas vulnerables que no tienen apoyo gubernamental”.




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