2012-06-01

Funcionario de El Salvador destaca descenso en el índice de homicidios, si bien reconoce que resta mucho por hacer

Alexander Segovia, secretario técnico del presidente Mauricio Funes, analiza los principales desafíos en materia de seguridad que enfrenta El Salvador, en el marco de la reunión del Consejo de las Américas, en Washington el 18 de mayo. [Larry Luxner]

Alexander Segovia, secretario técnico del presidente Mauricio Funes, analiza los principales desafíos en materia de seguridad que enfrenta El Salvador, en el marco de la reunión del Consejo de las Américas, en Washington el 18 de mayo. [Larry Luxner]

Por Larry Luxner

WASHINGTON — El principal asesor del presidente de El Salvador, Mauricio Funes, sostuvo que su jefe asumió el cargo en medio de la violencia y la adversidad económica, pero en la actualidad, tras tres años de gobierno y dos más por delante, el pueblo de El Salvador, un país de 6,1 millones de habitantes, finalmente tiene un líder que toma cartas en el asunto.

“Cuando llegamos al poder, el gobierno estaba prácticamente en bancarrota. Teníamos dinero suficiente para cubrir solamente el salario de dos meses”, precisó Alexander Segovia, al hablar ante el Consejo de las Américas en Washington, el 18 de mayo. “Sabíamos que debíamos gobernar en medio de la peor crisis del capitalismo en ochenta años. Teníamos que ser realistas”.

Aquello hizo muy difícil hacer frente a la otra gran crisis de El Salvador: el crimen violento. Frente a unas fuerzas policiales desguarnecidas, que debían enfrentar a los cárteles de la droga y las bandas criminales con gran disponibilidad de efectivo, los niveles de delincuencia se dispararon. El año pasado, el índice de homicidios del país superó la cifra de 70 por cada 100 mil habitantes, unos 18 homicidios por día, lo que llevó al país a ocupar el segundo lugar en el mundo junto a su vecino Honduras.

Fue recién a mediados de abril, que el país marcó su primer día sin asesinatos desde que el presidente Funes asumiera como presidente en 2009.

Pandillas declaran tregua

La razón: a comienzos de marzo, las dos pandillas más violentas de El Salvador, Barrio 18 y Mara Salvatrucha (MS-13), acordaron mutuamente cesar los asesinatos. También prometieron suspender los ataques a los efectivos de la policía y las fuerzas armadas, y no reclutar más miembros en los colegios.

Segovia negó informes periodísticos que sostenían que el gobierno de Funes había cerrado un trato con las pandillas, treinta de cuyos líderes fueron trasladados desde prisiones de máxima seguridad a cárceles comunes inmediatamente después del anuncio de la tregua.

“El gobierno no realizó ni realizará ningún acuerdo con las pandillas”, declaró. “Lo que hemos hecho es facilitar el diálogo, del que también participa la Iglesia Católica, porque pensamos que es muy importante. Estamos salvando 300 vidas por mes, eso solo significa que vale la pena el esfuerzo”.

Y añadió que la caída en el nivel de violencia también ha resultado buena para los negocios.

“Nuestros mayores obstáculos al crecimiento han sido la escasa productividad, la inseguridad, y especialmente la extorsión. Una empresa grande puede hacer tratos con los delincuentes, puede contratar empresas de seguridad. Pero las empresas pequeñas sufren más dificultades”, explicó Segovia. “Afortunadamente, el escenario ha cambiado por completo. Esta iniciativa de la iglesia comenzó con mucho escepticismo, pero ahora es una oportunidad que tenemos que aprovechar. Es algo que ni siquiera podríamos haber imaginado unos cuatro o cinco meses atrás”.

Gran descenso en los homicidios

Se registraron en El Salvador 255 asesinatos en marzo, 147 en abril y 76 en los primeros quince días de mayo, lo que representa una caída del 60% con respecto a los dos primeros meses de 2012.

Son buenas noticias, expresó Segovia, “pero ¿qué sucederá cuando las pandillas decidan que ya no respetarán más el cese al fuego? Tenemos una gran oportunidad que no habíamos tenido antes. La iglesia ha manifestado que existe una dimensión social subyacente a la violencia, entonces intentemos ver si podemos construir una política de estado en torno a la seguridad y el delito, que no hemos tenido antes. Si la sociedad se compromete y comienza a construir programas para tratar a los jóvenes en riesgo, comenzaremos a tener soluciones”.

No obstante, Segovia admitió que su gobierno no podrá eliminar las pandillas sin hacer descender el alto índice de desempleo juvenil del país.

“Existen muchas dudas, por supuesto, en cuanto a si este cese del fuego es sostenible. Pero la verdad es que ya estamos viendo algunos resultados”, dijo el funcionario. “Mucha gente pensó que había que aplicar una política de mano de hierro, perseguir a los delincuentes y reprimir el delito. Pero el tema del delito y la seguridad es muy complejo y tiene diversas facetas. Todos se dan cuenta de que los análisis simplistas sobre el origen del delito no están funcionando. Estamos comenzando a entender el tema en toda su complejidad”.

Delincuentes y narcotraficantes seguirán siendo perseguidos

Segovia tranquilizó a la audiencia al explicar que el gobierno de Funes nunca bajará la guardia cuando se trata del crimen organizado y el narcotráfico.

“Continuaremos persiguiendo a estos grupos, pero lo que necesitamos es un acuerdo nacional sobre el empleo, porque si contamos con puestos de trabajo suficientes, cerraremos el grifo a todos los jóvenes que ingresan en estas actividades porque no tienen oportunidades”, sostuvo. “Tenemos que demostrar resultados ahora. No podemos esperar veinticuatro meses”.

En respuesta al tema planteado por un periodista, el asesor presidencial cuestionó las sugerencias de que El Salvador atraviesa una militarización gradual de sus fuerzas de seguridad.

“No estamos de acuerdo con esa tesis”, manifestó. “La constitución no ha sido violada, y no vemos esto como una militarización. La constitución otorga un rol fundamental a la policía para que actúe en situaciones vinculadas a la seguridad. Encontramos un país en crisis cuando llegamos al gobierno. La inversión que hicimos en la policía sirvió solamente para que los agentes pudieran contar con las condiciones mínimas para realizar su trabajo. Estaban sin vehículos, radio, ni alimentos. Era una fuerza policial absolutamente sin recursos; los delincuentes manejaban sus vehículos 4x4 y los policías iban en bicicleta. No se podía continuar de esa manera”.

Segovia añadió: “A veces las personas se olvidan de que antes de los acuerdos de paz [que pusieron fin a la prolongada guerra civil de El Salvador en 1992], la policía tenía jefes militares y nadie decía nada en ese entonces. Ahora, las fuerzas policiales de El Salvador ya no están infiltradas por el crimen organizado. Los militares asumieron el control efectivamente durante un corto tiempo durante este proceso, pero ¿de qué otra forma se puede combatir al crimen organizado? A diferencia de otros países, resulta muy evidente que nuestra policía nacional civil no está infiltrada por el crimen organizado, si bien necesita fortalecerse institucionalmente, y ese es un desafío para el futuro”.

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