2012-05-21

Inundación genera respuesta humanitaria del ejército colombiano

Ingenieros del ejército colombiano levantan barreras a lo largo de las riberas inundadas del río Chicú cerca de Bogotá. (Richard McColl)

Ingenieros del ejército colombiano levantan barreras a lo largo de las riberas inundadas del río Chicú cerca de Bogotá. (Richard McColl)

Por Richard McColl

BOGOTÁ. Los cielos grises sobre Bogotá anuncian lluvia. Para el coronel Henry Dussan de la división de ingeniería del ejército colombiano, esto significa trabajo.

Tras tres años de condiciones climáticas variables, que en 2012 afectaron a por lo menos 61 mil personas a nivel nacional, los ingenieros del ejército colombiano han estado ocupados evacuando civiles y ganado de las zonas de desastre, arreglando carreteras, luchando contra deslizamientos de tierra, construyendo puentes de emergencia y más recientemente aquí en Bogotá, bloqueando un río desbordado.

Las llanuras inundadas alrededor del río Chicú en Siberia (acertadamente nombrada así por su clima frío) están plagadas de problemas de ingeniería. Durante un reciente viaje a esta región, Dussan le mostró a Diálogo enormes baches en las calles de la ciudad, al tiempo que lamentaba que la infraestructura se colocara sobre un humedal ya de por sí delicado e inestable.

Y aquí radica el principal problema de Bogotá, una ciudad que, a 2.600 metros sobre el nivel del mar, nunca puede estar completamente libre de inundaciones y otros desastres naturales.

Esto resulta más evidente al acercarse a la zona de desastre, el ganado en pastoreo en las afueras de la ciudad busca tierras altas y pastos secos a lo largo de la berma de la carretera. Bogotá nublado se refleja sobre una vasta área inundada, lo que dificulta distinguir el suelo inundado de los cielos.

El ajetreo aquí a lo largo de las orillas del río Chicú es de carácter de urgencia controlada. Las aguas siguen subiendo a medida que se oscurece el cielo, se entiende que va a llover de nuevo, lo que a la vez va a impedir que se hagan progresos en esta parte fundamental de control de desastres.

Dussan ofrece a su visitante una embarcación motorizada de manera que puedan entender mejor la magnitud de las inundaciones. Impresas en el casco del bote están las palabras: Fe en la causa. Aquí en el fango, en el borde de la llanura inundada, el punto menos profundo de la inundación tiene de promedio metro y medio.

En algún lugar más adelante, bajo el agua, hay una carretera que se conoce como la Ruta al Infierno. Casi 15 minutos más tarde río abajo, aparecen en el horizonte casas sumergidas hasta los tejados. Hace tan solo unas semanas, eran pastizales para el ganado en los límites occidentales de Bogotá.

Dussan envió inmediatamente al sitio del "boquete" o agujero en la ribera del río Chicú, el cual se abrió y produjo este caos, al teniente coronel Luis Fernando Ramírez, oficial a cargo de la División de respuesta a desastres del batallón de ingeniería.

"Alrededor de la 1:00 de la mañana del domingo, debido a las fuertes lluvias, se produjo un reflujo del agua del río Bogotá que hizo que aumentaran descontroladamente los niveles, lo cual ocasionó que el río Chicú se abriera aquí e inundara los alrededores", afirmó.

El agujero que se abrió mide aproximadamente 30 metros de longitud. En sólo tres días, los hábiles ingenieros habían logrado el cierre de la mitad de la abertura mediante la colocación de 300 postes de madera como lastres para soportar sacos de arena y suelo arcilloso.

Si el tiempo lo permite, Ramírez cree que con el equipo completo de 160 hombres trabajando 24 horas al día, durante los próximos días tendrán la orilla del río nuevamente bloqueada para esta semana.

Es un espectáculo impresionante ver la coordinación de las fuerzas armadas colombianas, y como dijo Ramírez: "estamos comprometidos con apoyar y ayudar al pueblo colombiano en tiempos de desastre y necesidad".

Mencionó entonces el hecho de que el ejército de su país experimenta profundos cambios.

"Algún día el conflicto en Colombia tiene que terminar, ¿sí o no?", insistió Dussan durante el recorrido hacia la sede de su batallón en Puente Aranda, Bogotá.

"Hemos visto la necesidad de comprometernos con obras que tienen un impacto más importante. Nuestro profundo conocimiento derivado del conflicto es inmenso y pronto podremos exportar y compartir nuestras habilidades en zonas de desastres internacionales", continuó. De hecho, las palabras del coronel suenan verdaderas debido a los elogios internacionales que produjeron las experiencias y habilidades del ejército colombiano tras el terremoto de Haití.

"Tenemos que mirar la situación de post conflicto", continuó. "Nuestros ingenieros están demostrando su valía en la paz".

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