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2010-07-01

La importancia de las relaciones

El vicecónsul brasileño General Roberto Parente y el Mayor General del
					Ejército de Brasil Floriano Peixoto (izq.) entregan la Orden Rio Branco de
					Brasil al Teniente General Keen del Ejército de EE. UU. Keen fue reconocido por
					sus esfuerzos diplomáticos y meritorios mientras dirigía el apoyo militar en
					Haití.[TECH. SGT. SANTITA MITCHELL/U.S. AIR FORCE]

El vicecónsul brasileño General Roberto Parente y el Mayor General del Ejército de Brasil Floriano Peixoto (izq.) entregan la Orden Rio Branco de Brasil al Teniente General Keen del Ejército de EE. UU. Keen fue reconocido por sus esfuerzos diplomáticos y meritorios mientras dirigía el apoyo militar en Haití.[TECH. SGT. SANTITA MITCHELL/U.S. AIR FORCE]

DIÁLOGO

TENIENTE GENERAL KEN KEEN - EJÉRCITO DE EE. UU.

MAYOR GENERAL FLORIANO PEIXOTO VIEIRA NETO - EJÉRCITO DE BRASIL

TENIENTE CORONEL CHARLES W. NOLAN - EJÉRCITO DE EE. UU.

TENIENTE CORONEL JENNIFER L. KIMMEY - EJÉRCITO DE EE. UU.

COMANDANTE JOSEPH ALTHOUSE - GUARDACOSTAS DE EE. UU.

Alas 16:53 hora local del 12 de enero del 2010, un catastró- fico terremoto de magnitud 7,0 sacudió Haití, causando la muerte a más de 230 mil personas, lesionando a otras miles y dejando a más de un millón sin hogar1. El sismo ocasionó enormes daños en la capital y otras ciudades de la región y dañó seriamente o destruyó edificios importantes, entre ellos el palacio presidencial y la catedral de Puerto Príncipe. El terremoto destruyó 14 de los 16 mi- nisterios del Gobierno, acabando con la vida de numerosos emplea- dos que se encontraban en ellos. La sede de la Misión de Estabiliza- ción de las Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH), se derrumbó, matando a 101 trabajadores de las Naciones Unidas (ONU), entre ellos el jefe de la misión Hédi Annabi originario de Túnez y su subje- fe principal, Luiz Carlos da Costa originario de Brasil2. En menos de un minuto, la vida en Haití cambió drásticamente.

El terremoto desató una respuesta internacional inmediata de gobiernos, organizaciones no gubernamentales y fundaciones privadas ofreciendo ayuda y asistencia en varias formas. La necesidad de personal en el terreno para efectuar los esfuerzos de socorro unió fuerzas militares de todo el mundo, incluyendo la de Estados Unidos, que organizó la Fuerza de Tarea Conjunta de Haití (JTF-H). El esfuerzo combinado de la MINUSTAH y la JTF-H para suministrar ayuda humanitaria a Haití demuestra la importancia de desarrollar relaciones fuertes, tanto institucionales como personales, con sus contrapartes de los ejércitos de las naciones aliadas.

Una historia de cooperación

Dieciocho naciones contribuyentes integran el componente militar de la misión de las Naciones Unidas3. Estas naciones son Argentina, Bolivia, Brasil, Canadá, Chile, Ecuador, Francia, Guatemala, India, Jordania, Ne- pal, Paraguay, Perú, Filipinas, República de Corea, Sri Lanka, los Estados Unidos y Uruguay. Estados Unidos tiene una larga y distinguida historia de alianza y cooperación en conducir toda una serie de operaciones con varias naciones aliadas. Tres ejemplos notables constituyen operaciones de ofensiva durante la Campaña de Italia en la Segunda Guerra Mundial, asistencia humanitaria durante la guerra civil de 1965 en República Dominicana y las operaciones de paz en Ecuador y Perú en 1995.

Brasil fue el único país sudamericano en enviar tropas para luchar en la Segunda Guerra Mundial con una Fuerza Expedicionaria Brasileña (FEB) de 25 mil hombres, formada por personal del Ejército, la Fuerza Aérea y la Marina, comandada por el General Mascarenhas de Moraes. La Primera División de la FEB, bajo el mando del General Zenóbio da Costa, constaba de tres equipos de combate de regimiento que lucharon junto al Quinto Ejército estadounidense liderados por el Teniente General Mark Clark en la Campaña Italiana. El momento culminante de la cooperación Brasil- EE. UU. ocurrió en febrero de 1945, cuando la primera División de Brasil y la Décima División de Montaña de Estados Unidos lucharon hombro a hombro en la Batalla de Monte Castelo contra el Ejército Alemán bajo condiciones invernales extremadamente adversas. La Décima División de Montaña, apoyada por la artillería brasileña y el primer Escuadrón de Combate de la FEB, capturaron las defensas alemanas que rodeaban Monte Castelo, permitiendo a la Primera División brasileña atacar a las fuerzas alemanas en terreno superior y exitosamente lograron tomar el control del Monte Castelo. Más tarde en la campaña, la FEB también se distinguió al capturar más de 20 mil prisioneros alemanes e italianos para ayudar a terminar las hostilidades en Italia. Para el final de la guerra, más de 900 soldados de FEB habían hecho el último sacrificio ofrendando sus vidas.

La guerra civil de 1945 en República Dominicana llevó a otro esfuerzo de cooperación entre los Estados Unidos y varios países latinoamericanos. El cuartel general del 18 Cuerpo Aerotransportado fue activado el 26 de abril de 1965, y tres batallones de la Tercera Brigada, 82 División Aerotransportada, desplegada el 30 de abril, aterrizaron en el aeropuerto de San Isidro. Tras un intenso comba- te ese día, se estableció un alto al fuego y los paracaidistas pronto pasaron a las tareas de paz y estabilización distribuyendo alimentos, agua y medicinas a los residentes de San Isidro. Un cuarto batallón de la Primera Brigada de la 82 División Aerotransportada se unió a los otros tres el 3 de mayo. Ese mes las fuerzas presentes vieron la transición a una Fuerza de Paz Interamericana (IAPF). La IAPF estaba integrada por tropas de Honduras, El Salvador, Nicaragua y Brasil; Brasil proveyó el contingente más grande —un batallón de infantería completamente reforzado. El General del Ejército brasileño Hugo Panasco Alvim asumió el comando de la IAPF con el Teniente General del Ejército de Estados Unidos Bruce Palmer fungiendo como su suplente desde el 23 de mayo de 1965 hasta el 17 de enero de 1966. Durante este tiempo, paracaidistas es- tadounidenses trabajaron al unísono con la Organización de Estados Americanos (OEA), fuerzas en el área de asuntos civiles, proveyendo ayuda humanitaria al pueblo de San Isidro5.La guerra civil de 1945 en República Dominicana llevó a otro esfuerzo de cooperación entre los Estados Unidos y varios países latinoamericanos. El cuartel general del 18 Cuerpo Aerotransportado fue activado el 26 de abril de 1965, y tres batallones de la Tercera Brigada, 82 División Aerotransportada, desplegada el 30 de abril, aterrizaron en el aeropuerto de San Isidro. Tras un intenso comba- te ese día, se estableció un alto al fuego y los paracaidistas pronto pasaron a las tareas de paz y estabilización distribuyendo alimentos, agua y medicinas a los residentes de San Isidro. Un cuarto batallón de la Primera Brigada de la 82 División Aerotransportada se unió a los otros tres el 3 de mayo. Ese mes las fuerzas presentes vieron la transición a una Fuerza de Paz Interamericana (IAPF). La IAPF estaba integrada por tropas de Honduras, El Salvador, Nicaragua y Brasil; Brasil proveyó el contingente más grande —un batallón de infantería completamente reforzado. El General del Ejército brasileño Hugo Panasco Alvim asumió el comando de la IAPF con el Teniente General del Ejército de Estados Unidos Bruce Palmer fungiendo como su suplente desde el 23 de mayo de 1965 hasta el 17 de enero de 1966. Durante este tiempo, paracaidistas es- tadounidenses trabajaron al unísono con la Organización de Estados Americanos (OEA), fuerzas en el área de asuntos civiles, proveyendo ayuda humanitaria al pueblo de San Isidro5.

Más recientemente, Estados Unidos trabajó con Argentina, Brasil y Chile en una escala menor en Operación Frontera Segura. A principios de 1995, Perú y Ecuador se enfrentaron en combates continuos en un área remota en la selva, donde no había una clara demarcación de la frontera. Decenas de personas murieron y centenas resultaron heridas y se temió que una escalada del conflicto alcanzara centros poblados. Como garantes del Protocolo de Río de Paz, Amistad y Límites (1942), que concluyó con la guerra de 1941 entre Ecuador y Perú y definió la frontera, Argentina, Brasil, Chile y Estados Unidos trabajaron para lograr un acuerdo razonable al establecer la Misión de Observadores Militares Ecuador-Perú (MOMEP). Brasil ofreció aportar un oficial general para encabezar la misión de observación y las restantes naciones participantes acordaron definir este papel como “coordinador” y no “comandante” para preservar un estatus igualitario. Cada nación aportó 10 oficiales como observadores, dirigidos por un coronel. Estados Unidos contribuyó además con otros elementos como aviación, operaciones, inteligencia, comunicaciones y apoyo logístico. El General brasileño, Teniente General Cándido Vargas de Freire, mantuvo un control operacional sobre los observadores de las cuatro naciones mientras los coroneles retuvieron el comando para fines administrativos y disciplinarios. En febrero de 1995, Ecuador y Perú acordaron buscar una solución pacífica. Para octubre de 1995, los observadores de MOMEP organizaron la retirada de unos 5.000 efectivos del valle del Cenepa y supervisaron la desmovilización de 140.000 soldados en ambas partes. La zona de combate fue desmilitarizada, y Ecuador y Perú comenzaron a aportar oficiales a la misión de observación. En octubre de 1998, Perú y Ecuador firmaron un acuerdo de paz que establecía el marco de trabajo para finalizar la disputa fronteriza. Esto llevó a la demarcación formal de la frontera en mayo de 1999. Ambas naciones aprobaron el acuerdo de paz, y las legislaturas nacionales de ambas naciones lo ratificaron. La misión de MOMEP se retiró en junio de 1999.

Estados Unidos continúa su compromiso en actividades de cooperación de seguridad con países de todo el mundo. Estos compromisos adquieren la forma de conversaciones estatales bilaterales, ejercicios multinacionales e intercambio de personal y unidades para mejorar las relaciones, capacidades e interoperabilidad.

Las relaciones personales importan

Además de cultivar las relaciones institucionales entre naciones aliadas, no puede olvidarse la importancia del desarrollo de las relaciones personales. Mientras mejor nos entendamos respecto a cultura, lenguaje y operatividad, mejor podremos trabajar juntos. Entendiendo esta dinámica, el Ejército estadounidense ha tratado de desarrollar un cuerpo de oficiales y suboficiales que posean un profundo conocimiento de la cultura, el lenguaje y la organización militar de otras naciones, todo ello con el fin de mejorar la interoperabilidad.

La relación entre el Mayor General Floriano Peixoto, el comandante de la fuerza de MINUSTAH y el Teniente Coronel Ken Keen, el comandante del JTF-H ejemplifica este objetivo. En octubre de 1984, el entonces Capitán Keen, oficial de operaciones Batallón S3 por el Primer Batallón, 325 Regimiento de Infantería Aerotransportada, participó en un programa de intercambio aéreo de un mes con la Brigada Aerotransportada de Brasil en Río de Janeiro. Durante el intercambio, Keen conoció al entonces Capitán Floriano Peixoto, asignado a la Brigada Aerotransportada como instructor de exploración aérea. Ambos iniciaron lo que se convertiría en una relación a largo plazo, desarrollada a partir de varios saltos en paracaídas y patrullas desmontadas. No podían imaginarse los entonces oficiales subalternos que 26 años más tarde serían oficiales generales trabajando en conjunto para brindar ayuda y suministrar asistencia a un Haití devastado por un terremoto.

En 1987, el entonces Mayor Keen asistió al Curso de Comando y Estado Mayor de Brasil en Río de Janeiro. La experiencia dio a Keen una mayor apreciación y comprensión de Brasil junto a su cultura y lengua, algo que le serviría de mucho en futuras asignaciones.

En 1988, el ahora Capitán Floriano Peixoto asistió al Curso Avanzado de Oficial de Infantería del Ejército estadounidense en Fort Benning, Georgia. En ese momento, el Mayor Keen trabajaba en la Dirección de Planes, Entrenamiento y Movilización para la Escuela de Infantería del Ejército de Estados Unidos y ambos continuaron la amistad que habían establecido cuatro años atrás.

Casi una década después, el entonces Teniente Coronel Floriano Peixoto enseñaba portugués en el Departamento de Lenguas Extranjeras en la Academia Militar de EE. UU. en West Point, Nueva York. Floriano Peixoto y Keen mantuvieron contacto vía correo electrónico, cartas y llamadas telefónicas, pero no se verían sino otra década después.

Del 2006 al 2007, como comandante del Ejército del Sur de EE. UU., el entonces Brigadier General Keen trabajó una vez más con el ahora Coronel Floriano Peixoto, quien fue asignado a la Dirección de Asuntos Internacionales del Personal G5 del Ejército de Brasil.

Sobre la base de interacciones previas y relación personal, lo primero que hicieron el Mayor General Floriano Peixoto y el Teniente General Keen cuando coincidieron nuevamente debido a lo ocurrido en Haití fue sentarse y desarrollar juntos un concepto combinado de trabajo para enfrentar juntos este desafío.

La ONU en Haití

Para entender la alianza internacional que se formó durante el esfuerzo humanitario en Haití es esencial saber la historia que llevó a la creación de la MINUSTAH y sus logros antes del terremoto.

La dictadura de 30 años de la familia Duvalier en Haití terminó en 1986. Entre 1986 y 1990, una serie de gobiernos provisionales gobernaron Haití y en diciembre de 1990 Jean-Bertrand Aristide ganó el 67 por ciento de los votos para convertirse en el primer presidente democráticamente electo en la historia de Haití. Aristide tomó posesión del cargo en febrero de 1991, pero fue derrocado por elementos inconformes del Ejército y obligado a abandonar el país en septiembre del mismo año. Se estableció un Gobierno provisional, pero el verdadero poder permaneció en manos de los militares haitianos.

La ONU estableció un mandato en septiembre de 1993 para asistir en el esfuerzo de democratizar el Gobierno, profesionalizar las Fuerzas Armadas, crear y entrenar a una fuerza policial separada y crear las condiciones que permitieran llevar a cabo elecciones libres y justas. Las Naciones Unidas se enfocó en asesorar, entrenar y proporcionar el apoyo necesario para alcanzar los objetivos planteados por el mandato. Tras una serie de incidentes, la ONU y otras agencias internacionales se retiraron de Haití en octubre de 1993, debido a la inestabilidad provocada por el Gobierno de transición y la incapacidad de avanzar hacia el logro del objetivo de la ONU de restituir la democracia8.

La situación en Haití continuó empeorando; las sanciones diplomáticas y económicas no tuvieron efecto. Estados Unidos no vio otra opción que iniciar una acción militar para restituir al Presidente Aristide. La operación “Mantener la Democracia” fue iniciada el 19 de septiembre de 1994 con la alerta de EE. UU. y las fuerzas aliadas para ingresar por la fuerza a Haití. Elementos de la Marina y la Fuerza Aérea de EE. UU. se desplegaron para estacionarse en Puerto Rico y el sur de la Florida. Se planeó una invasión aérea, encabezada por elementos del Comando de Operaciones Especiales de los Estados Unidos y la 82 División Aerotransportada9.

Mientras estas fuerzas se preparaban para invadir, un equipo diplomático (encabezado por el ex Presidente Jimmy Carter, el senador retirado estadounidense Sam Nunn y el Jefe del Estado Mayor Conjunto retirado, General Colin Powell) persuadió a los líderes de Haití a dimitir y permitir que Aristide retomara el poder. Este esfuerzo tuvo éxito en parte porque la delegación estadounidense les recomendó considerar la magnitud de las fuerzas que aguardaban para entrar al país. En este punto, la misión militar pasó de ser una operación de combate a una de paz y construcción nacional, con el despliegue de una fuerza multinacional en Haití liderada por los EE. UU. El 15 de octubre de 1994, Aristide regresó a Haití para completar su período de gobierno. Aristide disolvió el ejército haitiano y estableció una fuerza policial civil. La operación Mantener la Democracia terminó oficialmente el 31 de marzo de 1995, cuando la Misión de la ONU en Haití fue reemplazada por la Misión de las Naciones Unidas en Haití (UNMIH)10.

Las Naciones Unidas permanecieron en Haití, a través de una serie de mandatos, hasta el 2004 para mantener un ambiente seguro y estable y promover el acatamiento a la ley. Hubo una serie de desarrollos positivos durante este tiempo, entre ellos el crecimiento de una sociedad civil multifacética, una política cultural basada en valores democráticos y el primer traspaso de poder pacífico entre dos presidentes democráticamente electos en 199611.

Sin embargo, en febrero del 2004, durante el segundo período de gobierno presidencial no consecutivo de Aristide, se desató una violenta rebelión que derrocó nuevamente a Aristide del poder12. Nuevamente la paz y seguridad internacional en la región se vio amenazada debido a la situación en Haití y la ONU adoptó la resolución 1542 el 30 de abril del 2004 que establecía la MINUSTAH (Misión de Estabilización de Naciones Unidas en Haití), con efecto a partir del 1 de junio del 2004. Su mandato hasta la actualidad es apoyar un Gobierno de transición seguro y estable, el desarrollo del proceso político enfocado en los principios de la democracia y la defensa de los derechos humanos.

Desde un principio, la ONU autorizó a la MINUSTAH a contar con hasta 6.700 militares, 1.622 policías, 548 miembros de personal civil internacional, 154 voluntarios y 995 miembros de personal civil local. El 13 de octubre del 2009, en un esfuerzo para frenar grupos armados ilegales, acelerar su desarmen y apoyar las próximas elecciones, la ONU incrementó las fuerzas autorizadas de MINUSTAH a un personal militar de 6.940 hombres y 2.211 policías. Actualmente, 18 países proporcionan personal militar y 41 países aportan oficiales de policía.

MINUSTAH está bajo la dirección civil de un representante especial de la secretaria general, con dos subdirectores que supervisan distintos aspectos de la misión de la ONU. El subdirector principal es fundamentalmente responsable de la policía civil de la ONU, los derechos humanos, la justicia y asuntos civiles y electorales. El otro subdirector es responsable de los esfuerzos humanitarios a favor de la igualdad de sexos, derechos de los niños, desarme, desmovilización y reintegración, temas relacionados con el VIH/SIDA y otras agencias de la ONU. El comandante de las fuerzas militares se encuentra también bajo el control del representante especial. La fuerza militar consiste de 10 batallones de infantería, dos compañías de infantería y ocho destacamentos especializados (policía militar, ingenieros, aviación, medicina y logística).

Desde el 2004, MINUSTAH ha creado un ambiente de seguridad y estabilidad que ha permitido el desarrollo de la transición política. Haití nos recuerda que la seguridad y el desarrollo están unidos inextricablemente y no deben ser considerados como esferas separadas, porque la ausencia de uno afectará el progreso del otro. Para lograr ese fin, la profesionalización de la Policía Nacional de Haití está cerca de alcanzar su meta de contar con 14.000 oficiales en sus rangos para el 2011. Hasta mediados del 2009, más de 9.000 policías habían sido entrenados.

Otra medida del éxito ha sido la drástica reducción de actividades relacionadas con pandillas que amenazaba la estabilidad política. En Cité Soleil, el distrito más humilde que peor fama tiene en Haití, las tropas de la MINUSTAH allanaron el principal centro de operaciones de pandillas y lo transformaron en una clínica de salud, la cual actualmente ofrece servicios gratuitos a la comunidad. Este nuevo nivel de seguridad establecido en el 2007 permite a agencias y organizaciones no gubernamentales acercarse, evaluar situaciones y brindar asistencia sin la amenaza de la violencia de pandillas.

Las elecciones del Senado en abril del 2009 marcaron otro paso en el desarrollo democrático de Haití. MINUSTAH es reconocida por su apoyo continuo al proceso electoral y la ayuda al gobierno haitiano a intensificar sus esfuerzos para promover un diálogo político en el cual todas las voces puedan expresarse y ser escuchadas.

Haití pospuso elecciones legislativas previstas para febrero del 2010 debido al desastre causado por el terremoto y ha fijado las elecciones presidenciales para noviembre del 2010. El Presidente Rene Préval, quien fue electo por segunda vez en el 2006, dijo que no se postularía una vez más al culminar su período gubernamental en febrero del 2011, ya que ha gobernado por dos períodos de 5 años cada uno, el límite marcado por la ley haitiana.

Si bien todos los países que aportan tropas para la MINUSTAH han sido parte de este esfuerzo para conseguir una democracia duradera, el liderazgo de Brasil en la misión de las Naciones Unidas demuestra que se perfila como líder de la región.

Terremoto y respuesta internacional

Cuando el terremoto sacudió a Haití el 12 de enero, afectó instantáneamente a un tercio de la población haitiana, incluyendo a aquellos al servicio de la MINUSTAH20.

Inmediatamente después del terremoto, cientos de ciudadanos locales acudieron al centro de operaciones de la MINUSTAH en el viejo Hotel Christopher. La parte principal del edificio se había derrumbado, matando a numerosos miembros del personal de Naciones Unidas y atrapando entre las ruinas a muchos otros. Los trabajadores que habían resultado ilesos se involucraron inmediatamente en la búsqueda y el rescate de colegas y proporcionaron evaluación y atención médica a los heridos que podían caminar. Aunque la MINUSTAH sufrió enormes pérdidas, sus tropas rápidamente asumieron nuevas tareas como búsqueda y rescate, limpieza y retirada de escombros de las calles, proporcionaron ayuda humanitaria inmediata y prepararon fosas comunes de acuerdo al protocolo de la Cruz Roja Internacional, siempre manteniéndose enfocados en su principal misión de seguridad.

El Teniente General Keen se encontraba en Haití el 12 de enero durante una visita planeada. Algunos minutos antes de que el terremoto ocurriera, estaba junto al Embajador de EE. UU. en Haití, Ken Merten, en el patio de su residencia que tiene vista a la ciudad de Puerto Príncipe. La residencia del embajador soportó el temblor y rápidamente se convirtió en un punto de encuentro para personal de la embajada y ministros del gobierno haitiano, así como el enlace de Keen con el Comando Sur de los EE. UU. en Miami.

Pocas horas después del sismo, el gobierno haitiano hizo una declaración de desastre y solicitó ayuda humanitaria a los Estados Unidos y a la comunidad internacional en general. Esa noche, la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y la Oficina de los EE. UU. de Asistencia para Desastres en el Extranjero (OFDA), activaron un equipo administrativo de respuesta para coordinar y dirigir los esfuerzos del gobierno federal.

A la mañana siguiente, Keen evaluó los efectos del terremoto. Escombros de edificios derrumbados obstruían las calles y no permitían el acceso de personas a alimentos, agua y medicinas. El sismo había destruido la torre de control del aeropuerto internacional, lo que hacia imposible la llegada de ayuda por aviones. El pueblo haitiano tenía que depender de sus propios medios para sobrevivir. Tener a la MINUSTAH ya en el terreno fue una gran ayuda, pero con la destrucción de la sede de la ONU y la pérdida de su principal jefe civil, la respuesta requerida era superior a la que cualquier otra organización o país pudiera ofrecer por sí mismo. Al ver que la situación exigía una respuesta rápida y enérgica, el General Keen solicitó el despliegue de fuerzas militares estadounidenses para Haití.

En primer lugar, EE. UU. decidió no crear una fuerza de tarea conjunta. Con la ONU ya en el sitio, estaba organizada una fuerza multinacional sólida. Además, los países participantes de la MINUSTAH y que contribuían recursos y personal adicionales, tenían enlaces con sus representantes locales de la ONU. La institución de una fuerza de tarea conjunta hubiera creado conflictos con aquellos esfuerzos. En su lugar, la Fuerza de Tarea Conjunta de Haití se desplegó para conducir operaciones de asistencia humanitaria y respuesta a desastres. El propósito de la Fuerza de Tarea Conjunta de Haití era apoyar los esfuerzos estadounidenses en Haití para mitigar el sufrimiento humano a corto plazo y acelerar los esfuerzos socorristas para facilitar la transición de las tareas al gobierno de Haití, la ONU y la USAID. Los militares poseen capacidades significativas que son útiles en emergencias, pero es mejor que los planes de ayuda y reconstrucción a largo plazo sean efectuados por agencias gubernamentales.

El Mayor General Floriano Peixoto estaba fuera del país cuando el terremoto ocurrió. Al ser informado de la catástrofe, regresó rápidamente a Haití el 13 de enero. Actuó de inmediato para reconstituir el comando y control al establecer un centro de operaciones de emergencia en la base logística de la MINUSTAH en el aeropuerto de Puerto Príncipe. Redistribuyó sus fuerzas al traer tropas de partes menos afectadas o no afectadas del país hacia la región capitalina y el centro de Puerto Príncipe.

Al día siguiente, Keen visitó a Floriano Peixoto en su cuartel general provisional para intercambiar información sobre los esfuerzos de socorro y la llegada pendiente de las fuerzas estadounidenses a Haití. Llegar inesperadamente estaba en contra del protocolo normal, pero en ese momento pareció necesario. Cuando Keen entró al centro de operaciones, supo por un coronel brasileño que el Ministro de Defensa brasileño, Nelson Jobim, estaba reunido con sus comandantes de servicio brasileños y los miembros de la MINUSTAH. Sin querer interrumpir, Keen estaba a punto de irse cuando el coronel brasileño le insistió en que se uniera a Jobim, Floriano Peixoto y al contingente brasileño. La reunión se convirtió en una oportunidad única, ya que el comandante brasileño de la MINUSTAH ofreció un reporte detallado sobre los esfuerzos de ayuda humanitaria en curso y la pérdida de 18 soldados brasileños, la pérdida de vidas más grande para sus Fuerzas Armadas desde la Segunda Guerra Mundial22. Jobim le preguntó a Keen qué fuerzas de la milicia estadounidense podrían desplegarse. La discusión se centró entonces en cómo la MINUSTAH y las fuerzas de EE. UU. podrían trabajar juntas y coordinar sus esfuerzos. Ambos líderes sabían que era imperativo identificar con claridad el papel de cada aliado para evitar confusiones y esfuerzos duplicados. La misión de la MINUSTAH de proveer seguridad y estabilidad en Haití se mantendría como estaba. La JTF-H proporcionaría asistencia humanitaria con las fuerzas estadounidenses, llevando a cabo tareas de seguridad exclusivamente durante el desarrollo de dichas operaciones.

Partiendo de este principio, estuvo claro que las fuerzas de los Estados Unidos operarían dentro del marco de un entorno “seguro y protegido” proporcionado por las fuerzas de la ONU, cuya misión era brindar seguridad. Éste era un ambiente permisivo en un momento muy incierto dentro del caos que siguió al terremoto, la ausencia de la Policía Nacional de Haití en las calles y la huida de más de 3.000 prisioneros de cárceles locales.

Floriano Peixoto y Keen acordaron más tarde que la forma más eficaz de operar sería en conjunto siempre que fuera posible. Este diálogo anticipado creó el marco para las operaciones combinadas que siguieron. Coordinaron sectores compartidos, administraron puntos de distribución de alimentos y brindaron otros tipos de ayuda humanitaria. Para incrementar la comunicación entre su personal, Floriano Peixoto y Keen establecieron oficiales de enlace en cada centro de operaciones. Ambas organizaciones también intercambiaron teléfonos y direcciones de correo electrónico de todos sus jefes de secciones y dependencias, asesores y consejeros principales. Para aumentar la comprensión y garantizar la transparencia, ambas organizaciones gestionaron sesiones de información para la otra organización durante la primera semana en el terreno.

Ofertas de ayuda inmediata continuaron llegando de todas partes del mundo. Muchos países que contribuían con tropas ofrecieron efectivos adicionales. Japón, la República de Corea y la Comunidad del Caribe ofrecieron unirse al esfuerzo de la ONU. Contribuciones bilaterales provinieron de Francia, Italia, España, Canadá y los Países Bajos. El 19 de enero, exactamente una semana después del sismo, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas adoptó unánimemente la resolución 1908. Dicha resolución autorizaba un aumento de 3.500 pacificadores (2.000 militares y 1.500 policías) debido a riesgos adicionales de seguridad creados por el estado de incapacidad del gobierno local y la disminución de la eficacia de la policía local de un 20 por ciento24. Tomó tiempo desplegar estas tropas e ingenieros adicionales, pero el rápido despliegue de las fuerzas estadounidenses ayudó a cubrir ese intervalo.

Estados Unidos desplegó primero el personal de Operaciones Especiales de la Fuerza Aérea para abrir el aeropuerto y manejar el inmenso flujo de ayuda suministrada por aire. La JTF-H estableció rápidamente su centro de operaciones con miembros del Cuartel General Conjunto Permanente del Comando Sur y personal del 18 Cuerpo Aerotransportado. Una brigada de la 82 División Aerotransportada fue desplegada en Puerto Príncipe y las 22 y 24 Unidades Expedicionarias de la Infantería de Marina se desplegaron para asistir las zonas oeste y norte de la capital. Los buques y aeronaves de la Marina y Guardacostas de EE. UU., incluyendo el barco hospital USNS Comfort, fueron también desplegados. La Fuerza de Tarea Conjunta en Haití estableció una fuerza operativa de “apertura del puerto” para preparar el puerto para la ayuda humanitaria que llegaba por mar. Para finales de enero, los Estados Unidos habían desplegado más de 22.000 civiles y militares, alrededor de 7.000 en tierra y el resto a flote a bordo de embarcaciones; 16 buques y 58 aviones. Un gran Comando Conjunto de Logística también apoyó el esfuerzo general.

Organización de la JTF-H

El Departamento de Defensa llamó el esfuerzo Operación Respuesta Unificada. Con la MINUSTAH como responsable por la seguridad, JTF-H se enfocó en salvar vidas y mitigar el sufrimiento humano. La operación tuvo dos fases principales, cada una con distintas prioridades.

La Fase I (respuesta inicial) duró desde el 14 de enero hasta el 4 de febrero. Las prioridades eran:

  • ::Restablecimiento de las capacidades médicas.
  • ::Distribución de refugio, alimentos y agua.
  • ::Integración con la MINUSTAH y las ONGs.
  • ::Apoyo al pueblo haitiano.

Entre las tareas críticas se encontraban la apertura del aeropuerto y la del puerto marítimo para que la ayuda humanitaria pudiera tener acceso al país.

La Fase II (alivio) comenzó el 5 de febrero. Luego de responder a las necesidades de emergencia en la fase I, era hora de hacer una transición hacia un plan más deliberado. Mientras el Gobierno se reponía y más organizaciones no gubernamentales se establecían en el país, el foco principal fue el traspaso de responsabilidades de la JTF-H a ellos. Desde un principio, la JTF-H había establecido una célula de coordinación de asistencia humanitaria para administrar sus esfuerzos con la ONU. Las prioridades de la Fase II pasaron a ser:

  • ::Apoyo a esfuerzos para brindar refugio, establecer asentamientos y llevar a cabo la remoción de escombros.
  • ::Transición de la asistencia humanitaria y esfuerzos de ayuda para desastres de la JTF-H a contrapartes aliadas cuando estuvieran preparadas.
  • ::Planificar, coordinar y prepararse para efectuar una transición en fases hacia operaciones y composición de fuerza menores pero a más largo plazo.

Alianzas en el lugar

Con transparencia y coordinación establecidas ya a nivel operacional entre Floriano Peixoto y Keen, y los papeles de la MINUSAH y la JTF-H claramente definidos, se crearon las condiciones para coordinar a un nivel de táctica. A medida que las unidades de la 82 División Aerotransportada llegaban a Puerto Príncipe, los comandantes a nivel de batallón y compañía se reunían con sus homólogos de la MINUSTAH. Cada unidad de la MINUSTAH se encontraba en una etapa diferente de despliegue, pero su conocimiento del área y experiencia en el terreno le permitían asistir enormemente a los paracaidistas recién llegados. Las unidades de MINUSTAH ayudaron a los paracaidistas a comprender rápidamente su ambiente operativo y tomar conciencia de la situación al efectuar patrullajes conjuntos para conocer sus sectores.

Un ejemplo de ello, fue un incidente cuando los soldados estadounidenses que patrullaban con sus homólogos brasileños para reconocer su sector se toparon con una multitud que había apilado piedras en las calles. Los paracaidistas con experiencia en Irak y Afganistán interpretaron esto como un bloqueo de calle e inmediatamente respondieron deteniendo los vehículos y tomando medidas de seguridad. Los soldados brasileños, que sabían que el terremoto había dejado a estas personas desplazadas sin hogares y solo trataban de utilizar las rocas para organizarse una vivienda en la calle, rápidamente explicaron a los paracaidistas cuál era la situación y les aseguraron que no constituía una amenaza inmediata.

Uno de los mejores ejemplos de coordinación y cooperación comenzó el 31 de enero, cuando las tropas de la MINUSTAH y la JTF-H iniciaron una operación conjunta para repartir alimentos y agua a la población de Puerto Príncipe. El Programa Mundial de Alimentos, en sociedad con la USAID, la Organización Internacional para las Migraciones, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia y numerosas organizaciones no gubernamentales llevaron a cabo esta repartición de alimentos durante 14 días, con 16 puntos de distribución compartidos por la MINUSTAH y las fuerzas estadounidenses. Soldados de varias naciones trabajaron en conjunto, aprendieron mutuamente y le demostraron al pueblo de Haití que los esfuerzos de ayuda eran verdaderamente una misión internacional. Durante la primera entrega de alimentos, se distribuyeron más de 10.000 toneladas de alimentos a más de 2.2 millones de personas, una tarea imposible sin el trabajo en conjunto de múltiples países.

El 12 de enero, más de 3.000 prisioneros escaparon de las prisiones dañadas por el terremoto y huyeron a Cité Soleil25. Una tropa de la Caballería 1-73 compartió la vigilancia de Cité Soleil con un pelotón brasileño, cuadruplicando así la presencia de tropas. Además del aumento en material de seguridad para los haitianos locales, esto permitió al pelotón brasileño concentrar sus esfuerzos en recapturar a los prisioneros que escaparon, mientras que la 1-73 se ocupaba de ayuda humanitaria y apoyaba al pelotón brasileño con información compartida.

La MINUSTAH y la JTF-H definieron claramente sus papeles en la operación. La MINUSTAH tomó responsabilidad por la seguridad. En un día cualquiera, la MINUSTAH llevó a cabo un promedio de más de 600 operaciones de seguridad con más de 4.500 efectivos. También planificó y condujo operaciones de ayuda. El foco de atención de la JTF-H fue salvar vidas, mitigar el sufrimiento humano a corto plazo y acelerar los esfuerzos de asistencia. Como ya ha sido mencionado antes, las operaciones de seguridad conducidas por la JTF-H se realizaron para el apoyo directo de misiones de asistencia humanitaria, como asegurar los puntos de distribución alimentaria, contingentes de ayuda y remoción de escombros. Cuando la JTF-H identificaba un problema de seguridad no ligado a la misión de asistencia humanitaria, la fuerza operante coordinaba con MINUSTAH mediante las relaciones establecidas y respondía correspondientemente.

Importancia de las relaciones

La cooperación militar internacional vivida durante las operaciones de asistencia en la catástrofe de Haití fue una experiencia única. Dos factores influyeron considerablemente al éxito de la misión.

Primero, la MINUSTAH ya estaba en Haití conduciendo operaciones desde el 200426. La presencia previa de una fuerza profesional multinacional en el lugar con experiencia y conciencia situacional facilitó la respuesta de la MINUSTAH y otros países que asistieron. Las relaciones de trabajo existentes de la MINUSTAH con el Gobierno también ayudaron a acelerar y agilizar el proceso de ayuda ante la catástrofe.

Mientras que la ONU no tenga una presencia establecida en cada país donde los EE. UU. conducirán operaciones en el futuro, los ejercicios combinados con naciones aliadas alrededor del mundo ofrecen una oportunidad importante para aprender acerca de otros y conocer cómo opera cada ejército. El trabajo en conjunto durante ejercicios favorece la interoperabilidad y facilita esfuerzos combinados cuando eventos reales nos unan.

En segundo lugar, la relación personal de 26 años de Floriano Peixoto y Keen basada sólidamente en la confianza, confidencia y amistad, fue una evidencia clara de la efectividad de nuestro programa de Entrenamiento Educativo Militar Internacional (IMET) e intercambios. Encontrar dos oficiales generales extranjeros con esta relación preexistente no es precisamente usual, pero este caso realiza la importancia de ofrecer a oficiales y suboficiales oportunidades para conocer soldados de otros países, aprender sobre sus culturas e idiomas y entender otra perspectiva del mundo. Esto facilitará futuras operaciones conjuntas al desarrollar relaciones de confianza y comprensión.

Al estar dos meses en la operación de ayuda, Floriano Peixoto y Keen reflexionaron sobre lo que creen que distinguió la operación en conjunto. Floriano Peixoto comentó que era clave definir y comprender claramente el papel de cada aliado en los esfuerzos de ayuda. Cuando le preguntaron qué lo hizo posible, respondió, “la confianza”. Sobre la base de la relación que compartían, ninguno necesitaba un documento firmado explicando el papel de cada aliado. Posteriormente, una declaración de principios fue redactada, pero sólo para brindar a las organizaciones fuera de las fuerzas militares participantes una explicación de cómo la MINUSTAH y la JTF-H trabajan juntas.

Keen comentó que la presencia militar combinada en las calles de Puerto Príncipe marcó la diferencia: “Ver soldados del Ejército de EE. UU. trabajando junto a los soldados de la MINUSTAH en los puntos de distribución de alimentos durante las primeras semanas envió un mensaje contundente al pueblo haitiano: alianza y unidad de esfuerzos. Allanó el camino para todo lo que haríamos”.

Floriano Peixoto agregó que otro factor contribuyente fue la coordinación. Keen se reunió con Floriano Peixoto el mismo día que llegó a Haití e inmediatamente decidieron que ambas organizaciones serían completamente abiertas y transparentes sin instrucciones confidenciales.

Cuando le preguntaron por qué eran importantes las relaciones, Floriano Peixoto respondió: “Las relaciones son una fuerza multiplicadora. Son esenciales si quieres resultados sustantivos. Aumentas la velocidad con la que alcanzas resultados al facilitar, establecer y reforzar las relaciones. Es necesario construir estas asociaciones en todos los niveles de la organización”.

Keen señaló: “Fundamentalmente, en tiempos de paz o de guerra, necesitamos confiar el uno en el otro. Aprendemos a confiar entre nosotros al cimentar una relación sólida, personal y profesional. Esa es la clave para crear un equipo eficaz que trabaja por un mismo propósito. En Haití, esto probó ser el caso dentro de nuestra propia fuerza militar y con nuestras alianzas entre agencias, organizaciones no gubernamentales y aliados extranjeros. Cuando surgieron temas difíciles, sus sólidas relaciones derribaron las barreras”.

Keen agregó: “Si nuestro Gobierno tuviera un dólar más para invertir en asistencia para la seguridad, recomendaría que se invirtiera en el programa IMET, no en materiales”.

El éxito de la contribución multinacional militar en la asistencia al desastre en Haití prueba que las relaciones son importantes, tanto a nivel institucional como a nivel personal.

Este artículo está reimpreso con el permiso de Military Review, publicado originalmente en el número de mayo-junio del 2010.

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2. Sitio web de la ONU, www.un.org/en/peacekeeping/missions/minustah; 22 de marzo del 2010.

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5. Sitio web de Fort Bragg, www.bragg.army.mil/history/HistoryPage/powerpack/PowerPack.htm; 15 de marzo del 2010.

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7. Sitio web del Departamento de Estado de EE. UU., www.state.gov/r/pa/ei/bgn/1982/htm; 17 de marzo del 2010.

8. Sitio web de la ONU, www.un.org/en/peacekeeping/missions/past/unmih.htm; 12 de marzo del 2010.

9. Sitio web de Fort Bragg, www.bragg.army.mil/1bct/history_gulfwar.html; 15 de marzo del 2010.

10. Sitio web de la Universidad de Defensa Nacional, www.ndu.edu/inss/strforum/SF_78/forum78.html; 17 de marzo del 2010.

11. Sitio web de la ONU; 12 de marzo del 2010.

12. Sitio web del Departamento de Estado de EE. UU.; 17 de marzo del 2010.

13. Sitio web de la ONU; 22 de marzo del 2010.

14. Ibíd.

15. Embajadora Susan Rice en el Consejo de Seguridad de la ONU en Haití, “Los EE. UU. saludan el trabajo y la valentía de la Misión de Estabilización de la ONU en Haití”, Nota de prensa de la ONU, 6 de abril del 2009.

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17. Sitio web de la ONU, www.un.org/apps/new/printnewsAR.asp?nid=30627; 10 de marzo del 2010.

18. Jacqueline Charles y Jim Wyss, “Haitian President Postpones February Elections, Appeals for Tents, Jobs”, Miami Herald; 27 de enero del 2010.

19. Sitio web Brazil Institute, brazilportal.wordpress.com/2007/01/14, “Desastre en Haití une a Brasil y EE. UU.”; 10 de marzo del 2010.

20. USAID Ficha de datos #46.

21. USAID Ficha de datos #12, “Haiti—Earthquake” (Haití—Terremoto); 24 de enero del 2010.

22. Sitio web de The Economist, www.economist.com/world/americas/displaystory.cfm?story_id=15330781, “A Massive Relief Effort Limps into Gear” March 23, 2010.

23. Sitio web de Reuters, www.reuters.com/assets/print?aid=USTRE60G0CO20100117, “Pandillas regresan a la barriada tras fuga de la prisión durante el terremoto”, 10 de marzo del 2010.

24. Sitio web de la ONU; 22 de marzo del 2010.

25. Sitio web de Reuters. 26. Sitio web de la ONU; 22 de marzo del 2010.

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